Leyans

2220 Palabras
A una velocidad sobrehumana Kaylet y yo nos colocamos de pie juntos, la profesora Wace seguía negado con la cabeza y las manos aún en taza, solo que ya no se inclinaba impaciente, cabello azul se mecía de un lado a otro tan liviano, actuaba como si estuviéramos cometiendo el peor acto del mundo. El pasillo estaba en un silencio profundo, no parecía haber ningún alumno merodeando por ahí...más que nosotros «hora de clases». —Alumnos F'Helll y Sallow ¿El instituto Leyans los educo así?— dijo bastante irritada, me mordí el labio superior evitando hacer cualquier mueca «si lo hacía, estaba cavando mi propia tumba», de soslayo observé a Kaylet moverse de un lado a otro, al igual que yo «intentando no reír» no era por la frase, era por la forma en que lo dice, como se mueve como si estuviéramos caminando desnudos en medios del instituto. Volví mi vista al frente, la profesora Wace había vivido tantas décadas por lo que comprendemos sus comentarios tan adoctrinados, aunque si soy honesta, su rostro no aparentaba para nada lo tanto que había vivido su tez trigueña era perfecta y delicada por más que la inspeccionaba no había una sola arruga más que cuando sonreía «que no era tan seguido». Sentí el sabor metálico que provenía de mí labio haciéndome salir de mis pensamientos, a pesar de la fuerza que aplicaba en mi labio lo hacía sangrar, no me dolía en lo más mínimo. —Como NO nos ha educado el instituto Leyans, abuela— le corrigió Joel tras de nosotros, y como si hubiera contado un buen chiste, Kaylet y yo nos reímos a carcajadas, solo para molestar más a Wace, la cara de la profesora Wace se descolocó como si hubiera escuchado al mismísimo diablo, nuestras carcajadas rápidamente pararon por la mirada amenazante de la profesora, me reincorporé nuevamente. —Por cierto abuela, cada vez te encuentro más linda, al igual que a sus ojos rosa— añadió halagándola, la profesora frente a nosotros se sonrojó, cruzó los brazos bajo su pecho intimidante intentando que nos no diéramos cuenta de sus mejillas, y tal vez si no la conociera realmente le tuviera miedo. «Seguramente que si» —Joel, vas a tener teoría toda esta semana, lindo nieto— lo reprendió aun intentando intimidarnos «o mejor dicho» intimidarme era divertido verla intentando aplicar sus años en mí, escuché un suave quejido de Joel. —Estas criaturas del infierno ya no tienen educación— masculló furiosa, viendo que no logró su cometido, le sonreí victoriosa, no tardó ni un segundo en desaparecer de nuestra vista, no pude evitar negar divertida «típica frase de Wace». —Voy a prepararme— aviso Kaylet y sin darme tiempo para despedirme corrió a mí lado a paso sobrehumano y se perdió en uno de los pasillos, pase mi lengua por mi labio superior «no había nada» había curado por completo, percibí a Joel acercarse a mí silenciosamente. —Llegas a pronunciar “te lo dije” y no vives para contarlo, chupasangre traidor. — Le amenacé, antes de irme, había escuchado las diez veces que Joel me advertía que Alian me iba a descubrir «yo también lo sabía, pero tenía fe de que no pasará, «según los humanos, eso mueve montañas» pero al parecer la fe solo sirve de consuelo. Escuché como se detenía en seco. Quite cualquier rastro de sonrisa de mi rostro «él no se iba a quedar así». —Linda, sabes que...— habló pausadamente, no me moví ni un centímetro al sentir su respiración chocando contra mi cuello —te lo...— prosiguió está vez su aliento cálido hizo contacto con mí oreja, de nuevo su respiración paso a mí cuello y lentamente se alejó solo un poco de mí «está jugando conmigo» aún sentía el frío que emanaba su cuerpo muy cerca del mío mandando extraños escalofríos en la parte baja de mí espalda, se inclinó de nuevo, pero está vez suspiro, la oleada de aire rozó con mí mejilla derecha «está intentando incomodarme» —dije..— continúo, no pude seguir escuchándolo y a conciencia lo arrastre con todas mis fuerzas hacia la pared blanca a nuestro lado, su cuerpo impactó de tal manera que rebotó un poco, sus manos quedaron a su espalda, rápidamente puse mi brazo en su cuello y todo mí peso apoyado en su abdomen antes de que diera cualquier movimiento a su ventaja, «lo acorrale» hizo una mueca de dolor, pero rápidamente hizo visible su dentadura blanca sin colmillos formando una sonrisa, y ese típico destello rojo en sus ojos amarillos. — ¿Te provoqué?— preguntó inocente, solo lo mire mal. — ¿Quieres volver decirlo?— pregunté, sabía que no tenía el valor de hacerlo, pero a mi ego le gustaba ver su cara de arrepentimiento, por primera vez en todo este tiempo caí en cuenta que tenía su traje n***o «una misión». — ¿Cuánto tiempo te dio?— preguntó dándose cuenta de mí reacción, no suavice mí agarre, al contrario puse más presión con mi codo en la mitad de su cuello, el solo movió su cabeza un poco en respuesta dejando su cuello más expuesto. —Dos meses— respondí con sequedad a su pregunta sabía perfectamente que trataba de provocarme, asintió lentamente como si lo esperara «en realidad, lo esperábamos». Ya había sido amenazada por Alían, y lo había desobedecido. En un movimiento rápido pudo sacar uno de sus brazos de detrás de su espalda y quitó el recogido de mi cabello, haciendo que éste cayera en cascada hasta mis hombros, fruncí el ceño. —Me concentro más así— explicó y me guiño un ojo, iba a jugar con él, tanto como jugó él conmigo segundos antes. — ¿Quieres que crea que no tienes autocontrol? Digo, nos conocemos casi toda la vida ¿En serio?— Dije sarcásticamente. Él sonrió mostrándome sus colmillos. —En esta situación, así, contigo, no hay autocontrol alguno. — su voz sonó ronca, apreté un poco más mi agarre en su cuello provocando que mirara hacia arriba, él con su mano libre me empujó pegándome más a él. —Helian, Joel, basta— nos regañó Alian, instantáneamente observé las escaleras a unos pocos metros de nosotros, Alian ya no lucía serio, al contrario su postura solo transmitía tranquilidad. Joel me tomo distraída y en un segundo me giro, intuitivamente de mí garganta salió un grito ronco, está vez la acorralada era yo entre la cálida pared y él, no ejercía tanta presión en mí cuello, pero si lo suficiente para sentir una pequeña falta de oxígeno, antes de poder dar un golpe a la gran sonrisa de su rostro, Alian carraspeo exasperado tomando toda nuestra atención. —Basta— amenazó, y alzó su mano, mostrando cómo jugaba con el papel rojo todo arrugado, entre sus dedos «mi castigo», deje de sentir la presión en mí cuello. —Recuerda Girasol, hoy en la noche— me avisó Joel, volviendo a captar todo mi interés, intencionalmente hice una mueca de disgusto, se alejó dejándome mi espacio personal que al parecer es bastante inexistente para él. —Sí, no te quejes, no tienes escapatoria— dijo rápido y serio, sin despedirse sólo vi una mancha rápida bajar por las escaleras pasándole por un lado a Alian. — ¿En serio tengo que hacer guardia hoy?— arrastre un poco las palabras para darle pena, pero solo recibí una sonrisa cálida y un asentimiento de su parte, resople por lo bajo, aunque me iba a escuchar, si no tenía misiones ¿por qué tenía que hacer guardia? el papel desapareció de su mano, y era evidente a donde lo había mandado. — ¿Podemos hablar de mí castigo?— volví a insistirle esperanzada de que asintiera, pero negó con la cabeza aún con su sonrisa. —Eres lista, y me conoces, no sé porque insistes— su voz salió ronca, se giró para desaparecer por las escaleras, pero se detuvo aún en mi campo visual. —Helian, ponte el uniforme y entra a clases, por favor— me pidió aún sin girarse, aunque sabía que no me lo estaba pidiendo, me lo estaba mandando, y esta vez sí desapareció por las escaleras. Evite maldecir y sintiendo toda la furia rozar mi piel, camine lo más rápido que pude hasta las escaleras y volví a subirla, «esta vez sí iba a llegar a mi destino». El tercer piso lucía vacío no había nadie en los largos pasillos que se veían más largos por sus paredes blancas, en algunas estaba el típico escudo original de la escuela tallado en metal que sobresalía de las paredes extrañamente me resultaba algo acogedor «El instituto Leyans es mi hogar», era raro sentirlo tan vacío ya que puedo asegurar que es el piso donde se la pasan la mayoría de tiempo los estudiantes, abrí la puerta blanca con rapidez y entre en mi habitación, no me hizo falta entrar mucho para visualizar a una melena rosa tirando toda mi ropa en la cama «está desesperada» lo podía saber solo por como tiraba la ropa una tras de otra rápidamente, me acerque a la intrusa silenciosamente hasta llegar a su espalda, me incline solo un poco. — ¿Se puede saber que v***a haces?— le pregunté toscamente note como se tensaba y en un segundo por reflejo me agache. — ¿Que...— susurré, al ver como el destello rosa chocaba contra mi pared dejando un círculo oscuro y n***o, me reincorpore, Layz colocó una de sus manos en su pecho en la zona del corazón, como si le estuviera dando un infarto. — ¡HELI! ¡NO ME PUEDES ASUSTAR ASI!— grito y se calló al darse cuenta que la había agarrado con las manos en la masa, sus ojos morados se abrieron al más no poder, alce ambas cejas y puse mis manos en taza, y de su boca solo salió un resoplido hizo un pequeño gesto con su mano y escuché como la puerta se cerraba tras de mí, aún seguía esperando una explicación y estaba totalmente segura de que Layz se estaba inventando la mejor excusa. —Está bien— bufó y lanzó la ropa de sus manos dejándolas caer al suelo —No encuentro mi traje n***o, el formal con el escudo original, y pensé...que como eres mi amiga… parte del equipo "Leya" me lo puedes prestar— habló lentamente, era obvio que lo hacía para conseguir un poco de lástima de mi parte, antes de que tocara mi cabello me aparte rápido, una mueca que parecía más una sonrisa apareció en su rostro. —Está en la lavandería. — le expliqué, rodó los ojos, le di la espalda antes de que se empezará a quejarse y sin prestarle mucha atención agarré mi uniforme del suelo. —Y espero que uses tu magia o tus manitos para recoger toda mi ropa— le advertí, solo escuché una risita por su parte, camine rumbo al baño. —Me amas— canturreo, giré solo un poco la cabeza para mirarla hacer su típico bailecito. —Tú crees eso de todos, sólo porque eres una hadita tontita— La ofendí, detuvo su bailecito pero aún tenía la gran sonrisa que la caracterizaba. —Y tú eres una demonio... única en su especie— me examino por completo, sus ojos se iluminaron —y sexy, que ama a esta hadita tontita— lo dijo con orgullo y siguió bailando, no pude evitar sonreír, «tenía razón» quiero a Layz y fue lo que más me costó admitir estando aquí . Volví a emprender camino rumbo a mi baño. —·—(✷☽☾★)—·— Salí del baño con el odioso uniforme puesto, la falda acampanada con cada paso que daba se movía con tanta suavidad «la odiaba» aunque el color n***o no me molestaba en lo absoluto, no había rastro ni de Layz ni del desastre con mi ropa hace unos minutos, solo había una cama bien tendida con la colcha blanca, con agilidad me acerque a mi escritorio. —A CLASES HELIAN— grito Wace desde fuera de la puerta. —ME ESTOY PONIENDO EL UNIFORME, WACE— le grite de la misma forma, pude escuchar su resoplido, me daba la libertad de llamarle Wace solo cuando estábamos solas. —SE QUE ES MENTIRA— contraataco, y antes de que entrara a la fuerza, agarre el dije del escudo que estaba en el escritorio, lo guardé en el bolsillo de mi camisa y con calma salí de mi habitación, Wace estaba frente de mí, no aparentaba estar para nada molesta. —Si no te pierdes de mi vista en un segundo, vas a tener otro papel rojo— me amenazó dándome una oportunidad, no hacía falta que me lo dijera dos veces. —Si comandante Wace— dije divertida, hice el típico gesto y salí corriendo escaleras abajo antes de que se arrepintiera de no ponerme un castigo. —HELIAN ACOMÓDATE LA CAMISA— escuché el grito proveniente de Wace, llegue al segundo piso, y con las manos terminé de acomodarme lo más que pude la camisa blanca. Aunque siendo franca, a nadie más que a Wace y algunas veces a Alian les importaba eso.
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