Vi solo a unas pocas hadas volando por el largo pasillo de los salones, «clase de vuelo para principiantes», me hice a un lado, en cuanto vi el brillo de una venir hasta mi con torpeza, y seguí caminando hasta el salón, estaba más tranquila solo de saber que Wace no me iba a lanzar un hechizo o algo parecido, llegue a la penúltima puerta y la abrí, no había tantos chicos pero todos estaban sentados y callados, entre en silencio y cerré la puerta tras de mí. Todos estaban muy quietos, tanto para saber que estaban hechizados.
—Señorita F’hell ¿No crees usted que está llegando muy tarde?— ni me inmute al escuchar al profesor Loy atrás de mí, ninguna mirada se dirigió hacia nosotros «encantamiento del sueño» todos estaban inmóviles mirando hacia el frente, como estatuas casi ni se les veía respirar.
— ¿No crees usted que es de mala educación intentar asustar a los alumnos?— le hablé de igual modo, y sin esperar su respuesta me senté en uno de los últimos asientos, casi siempre me sentaba adelante, pero hoy no era el caso.
—Alian sí que te enseño— susurró a mi lado, me sobresalte por su tono ronco y su respiración fría chocando contra mi nuca, se había convertido «esta vez sí logro asustarme», deprisa se posiciono frente a mí, ya no estaba convertido en lo que sea que se haya convertido hace unos segundos, podría apostar que fue un minotauro sólo porque era su especie favorita. Negó con la cabeza al igual que Wace minutos antes pero a diferencia de ella en sus ojos podía distinguir una pizca de diversión, no lo esperaba de mí, me había tomado con la guardia baja.—Y yo al parecer no te enseñe nada— la desilusión inmundo la sala, entrecerré los ojos mirándolo intentando buscar una respuesta lógica, pero lo único que conseguí fue que sus ojos azules se volvieran verdes esmeralda, el mismo tono que su cabello, el aula ya no transmitía desilusión, transmitía el miedo de los chicos al estar tan inmóviles. A veces odiaba que ser sensitiva estuviera en mis dones como demonio y más que Loy lo supiera, ya que intentaba sacar el mayor provecho. —Creo que es hora de despertarlos— me ordenó, lo mire mal.
—Cada vez que haces algo mal con ellos, me toca repararlo a mí— me queje, él solo volvió a su escritorio frente a nosotros con una gran sonrisa. Típica de él. La puerta recibió un golpe haciendo eco del ruido, pero seguro que era una hada practicando volar.
—Despiértalos Helian, por favor, necesito dar mi clase— volvió a mandarme, sus ojos volvieron a su color celeste tan normal en él y tan anormal para los mortales. Me levanté del asiento rendida, caminé hasta el frente y me concentré en buscar el núcleo de los chicos. Visualice cada uno de ellos, y los movimientos casi imperceptibles para el ojo. —¿Va a ver una reunión?...porque en serio siento que algo raro está pasando— sonaba paranoico, pero no lo estaba, hace días...todo estaba extraño, algo extraño o hasta malo, pesado lo sentía pero no había nada que nos indicara que algo estaba mal, ni una prueba, así que mucho no podíamos hacer más que estar alerta
— ¿No me puedes siquiera hacérmelo fácil?— resople indignada por lo bajo, si no estaba en el hechizo, lo estaba arreglando por Loy, camine entre cada una de las filas. Los movimientos iban desde un pequeño tic en el ojo cerrado, hasta un dedo moviéndose. Desde hadas hasta elfos. —Si quisieras saber, estuviera en el equipo con nosotros— dije arrastrando las palabras, la negación junto a la tristeza se hicieron parte de la habitación haciéndome el trabajo más complicado...Loy no entraba en las reuniones casi nunca por las razones que nosotros conocemos, el instituto tiene tanta sangre de inocentes derramados y una es su familia. Loy me lo contó una vez cuando era niña, él no entraba más que para emergencia porque sentía que entrar en esa habitación, era deshonrar a su familia...cómo planearon matarlos.
—No, si no ¿De qué aprenderías?— el eco de su voz haciéndose el sabio resonó en toda el aula, no me iba a responder mi comentario, me detuve detrás de un chico «mago» evité a toda costa sonreír triunfante porque Loy era capaz de mover el núcleo a otro chico solo para molestar, coloque mis manos en sus dos hombros con confianza. Seguro no lo podía controlar, lo delataba lo tenso que estaba, pero son cosas que yo me llevaré a la tumba ya que: “un error de un mago, nunca se cuenta, ni como chiste” aunque eso no me detenía, lo que sí lo hacía era el hecho de que es el nieto del Gran Mago, y yo no iba a ser quien le contará a ese señor que su nieto no puede controlar un sueño. Tal vez Loy si lo haga, solo para burlarse de él gran mago. —Con magia Helian— aviso secamente desde su lugar en cuanto cerré los ojos, los abrí solo para mirarlo mal.
—Le quitas la diversión— le recalqué exagerando mi tono de aburrida, quite mis manos del chico, y me incliné hacia él. —Expergiscimini— susurré forzando a sentir toda partícula de magia dirigirse a cada uno de los chicos en el sueño, lo más cerca de su oído que pude, el chico reaccionó antes de que pudiera tocarlo, me aleje fugaz antes de que me diera un golpe con su cabeza, y como él, todos los alumnos empezaron a despertar. Solo di un pequeño vistazo al chico, quien tenía las mejillas teñidas de rojo.
—Gracias Helian— habló de nuevo desde su escritorio, volví a caminar hasta mi puesto y caí vencida en él. Luego de unos pocos minutos todos estaban despiertos y con todos sus sentidos supe desarrollados muy alertas. —Vuélvanme a retar, y los vuelvo a dormir— amenazó Loy levantándose de su escritorio, me encogí un poco en la silla igual que todos, Aunque seamos más, le temíamos a la magia rota de Loy, camino un poco por las primeras filas. —Hoy vamos a aprender a hacer posiciones de inconsciencia— terminó de hablar en cuanto quedó tras de mí. —Como ya sabrán...— empezó a explicar moviéndose por todo el salón como si le molestara estar sentado en un solo lugar.
—·—(✷☽☾★)—·—
— ¡Los espero en mi próxima clase!— se despidió feliz y salió del aula como si su vida dependiera de ello «dependía de ello» la mayoría de los alumnos estaban inconscientes tirados en el suelo o en sus mesas por la mala explicación que dio Loy. Iban a despertar «en algún momento del día» me levanté del asiento con calma y agradeciendo no hacerle caso a Loy caminé hasta la salida del aula.
— ¿Qué haces?— pregunté en cuanto vi como Joel se acercaba a mí, me era divertido ver cómo sus rulos rubios rebotaban a medida que caminaba, traía su ropa casual «de esta no me escapó». Arrugue la nariz en un gesto de disgusto inconscientemente.
—Prometiste que me ibas a ayudar— hablo llegando a mi lado, como si nada, percatándose de mi gesto al verlo, ambos caminamos rumbo a las escaleras —además hoy tienes guardia, Alian nos quiere el doble de concentrados...ya sabes debemos estar alerta— me recordó, me giré hacia él, haciendo que mi falda volará un poco alzándose, el levanto las dos cejas gracioso... —Te veo abajo— avisó dejando de caminar bajo mi mirada, rodé los ojos.
—Nos vemos en la puerta en diez minutos— termine de decir rendida. Me giré para subir de nuevo las escaleras, está vez sostuve la falda, habían muchos alumnos subiendo y bajando en una velocidad sobrehumana, otros estaban sentados en las escaleras estorbando el paso, algunos haciendo magia, otros hablando, otros mezclando lo que creo que son pociones, mostrando colmillos o haciendo lo que usualmente hacen, yo le llamo a veces “la escalera de la diversidad sobrenatural”.
—QUE SEAN CINCO— gritó desde abajo, seguí subiendo sin hacerle caso hasta llegar al tercer piso, ya no lucía vacío, al contrario parecía que había una fiesta en cada una de las habitaciones, si esto estaba lleno, no me imagino lo que debe ser el bosque. Leyans tenía tantos alumnos, solo porque no hay tantos institutos para seres sobrenaturales
; cerré la puerta.
— ¿Puedes dejar de robarme mi ropa?— refunfuñe en cuanto vi de nuevo la melena rosa tirar mi ropa por todas partes. Desde vestidos, hasta la ropa interior quedo volando.
—Voy a una cita— explicó aún sin girarse, como si su clóset y mi habitación fueran de ella, algo que realmente me estoy empezando a creer, sin prestarle atención saqué mi camisa de adentro de la falda. —Todo el grupo va a estar bien...lo prometo— me advirtió.
— ¿Y por qué mi ropa?— le cuestione, intenté visualizar que ponerme con la ropa tirada en mi cama y algunas volando, alce mi mano, y la baje, haciendo que toda la ropa en el aire cayera encima de Layz.
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—Porque...tú eres más audaz, todo lo que tengo son vestidos por la rodilla ¡Y TU!— hablo con desesperación, ignorando la avalancha de ropa que había caído sobre ella, o mejor dicho había tirado. Con velocidad agarre un pantalón y una camisa. Layz se giró hacia mí —tú tienes toda clase de ropa, sexy— termino de decir rendida, agarré una chaqueta negra y segundos después Layz se lanzó en mi cama como plomo, aún tenía el uniforme puesto.
—Porque tú eres una linda hadita— dije obvia y camine rumbo al baño antes de que maldijera —y los vestidos que buscas están en tu clóset, los lleve allá en cuanto me contaste de tu cita— le avisé y entre rápidamente al baño antes que se me lanzara encima, o me arrepintiera de mostrar afecto con ella, cualquiera que pasara primero, escuché su grito agudo
—HELI, ERES LA MEJOR— chilló y en un segundo escuché el portazo avisando que salió lo más rápido que pudo «mi ropa quedó tirada», negué divertida y puse mi ropa en la mesita del baño.
—·—(✷☽☾★)—·—
Salí del baño ya vestida y arreglada, y como lo supuse no había rastro ni de Layz pero si del desastre que dejó, agarré mi bolso y a paso rápido de mi habitación antes de ponerme a recoger el desastre. Joel es capaz de llevarme cargando con tal de que le ayude con su problema. Baje ignorando por completo que el tercer piso parecía una discoteca y que en el segundo se encontraba Alían con Wace poniendo orden, el primer piso a comparación estaba más... vacío pero no tanto, solo se encontraban los niños pequeños y a Loy corriendo de un lado a otro intentando de que no se salgan de control, en la puerta estaba Joel, se movía de un lado a otro impaciente, llegue hasta él.
— ¿Que puede ser tan malo para que estés así tan...— no me dejó terminar la pregunta, me sujetó del brazo con todas sus fuerzas y me arrastró hasta fuera del edificio —intenso?— hice énfasis, pero no me prestó ni la más mínima atención, llegamos hasta el portón de Leyans, que en el medio tenía el típico escudo original tallado en metal bastante visible y grande, solo esperaba que no fuera lo que pensaba.
—espera aquí, voy por el auto— me avisó, y sin dejarme hablar me soltó de su agarre y desapareció haciéndome ver esa típica mancha distorsionada por unos pocos segundos, por su velocidad, antes de tan siquiera poder parpadear ya su auto estaba frente a mí, rápidamente entre en el asiento de copiloto.
— ¿Vas a explicarme qué pasa?— volví a insistirle, el portón frente a nosotros se abrió y Joel puso en marcha el vehículo de nuevo, a una velocidad bastante...preocupante para un humano. De nuevo solo hizo silencio. El carro empezó a ir más lento cuando llegamos a la plaza de Clouds Secret, Joel se detuvo frente a esta, si soy sincera no odiaba a la ciudad «Clouds Secret» odiaba a los humanos que habitaban en ella y se creían superiores o a las criaturas que aparecían de la nada y matan a los humanos solo para alimentarse o por diversión. Pero de resto Clouds Secret era una ciudad perfecta para los humanos antisociales y criaturas sobrenaturales, el bosque era una gran ventaja para la segunda población, y por décadas a pesar de las desventajas el instituto Leyans a intentando mantener a la ciudad protegida al igual que a sus habitantes «a pesar de que son criaturas sobrenaturales que protegen a la ciudad y quiénes matan a la población». Me di cuenta de que estábamos frente al instituto de la ciudad, mire de reojo a Joel que parecía estar expectante a mi reacción, suspiré cansada, si era eso.
—Escucha— empezó a defenderse, no le hice caso y bajé del carro deprisa, quedando frente al instituto.
— ¡NO PUEDES SIMPLEMENTE NO HACERLO!— le grité cansada mostrándole mi molestia, en cuanto llegó a mi lado «cada vez era lo mismo».
—Esta vez sí le tenía fe a la chica— me confesó, camine hasta la puerta del colegio con él a mi lado.
— ¿ah sí? Como a las últimas diez. ¿Dónde está la fe ahora Joel? ¿Dónde?— le respondí sarcásticamente, mire a nuestro alrededor, habían algunas personas caminando, otras nos miraban curiosos y había pocas personas sentadas en la plaza...metidos en sus pensamientos, o en la boca de sus parejas. Me iba a seguir quejando pero Joel abrió la puerta rápido del instituto en un intento de callarme, así que solo me quedo entrar sin decir ni una sola palabra. El instituto estaba en las penumbras, los casilleros color turquesa que abarcaban todo el pasillo resaltan con la poca luz que entraba, ya sabía a dónde tenía que ir. De reojo lo vi sonreír.
―Supongo que de nada vale la fe ahora. Aunque nunca lo hizo―dijo divertido haciendo referencia a lo que siempre se decía en el mundo sobrenatural, no cambie mi semblante, ni nos detuvimos .—Llevaba meses con ella, me dijo :"te querré así seas un hombre lobo" y yo le dije :“soy un vampiro" se rio, le mostré y empezó a rezar y a decir que era un demonio o algo así ¡QUÉ ESPERABAS QUE LE DIJERA!— se defendió en susurros, el ruido de nuestros pasos rebotaba en todo el lugar.
— ¡Que no le dijeras! ¡Que no fueras tan Imbécil! ¡Eso esperaba! pero la fe no vale de nada— le dije de igual forma, repitiendo sus palabras, quedamos frente a esas dos puertas grises, por la ventana pude visualizar a la chica en medio de la cancha cerrada, sujeta a la silla y vendada, se movía de un lado a otro desesperada «me preocuparía si no lo hiciera». —Esto te va a costar, y es la última vez que lo hago. — le avisé, y sin esperar sus reclamos entre a la cancha, el suelo de madera y el lugar cerrado hacía que mis pasos mantuvieran a la chica aún más alerta, que intentaba gritar pero no le era posible por la venda en su boca, llegue hasta frente de ella. —Tranquila, te vengo a ayudar— le confesé intentando sonar creíble, haciendo que se calmara solo un poco, pero aún intentaba gritar, tomando eso a mí ventaja solo por costumbre, me acerqué a ella y puse la palma de mí mano en su mejilla cálida, quitándole cualquier movilidad, me incline hacia su oído —Obliviscaris omnia— le susurré, note como se estremecía bajo mi piel, su cabeza cayó acunada en mi mano «inconsciente», me reincorpore rápido dejando caer la cabeza de la chica hacia un lado, de soslayo una luz me cegó solo por pocos segundos —¿Que de...?— susurré al ver unas alas , me giré completamente hacia ellas pero no había rastros de nada o de nadie.