Sin tambalear o mostrar algo de debilidad camine fingiendo estar segura, aunque era lo menos que estaba, hasta donde se encontraban las alas segundos atrás, detrás de mí escuché la puerta abrirse y luego el viento cortarse, el típico ruido de cuando usaban la velocidad sobrehumana.
— ¿Qué haces Helian?— escuche a Joel curioso, había en, levante mi mano haciendo la señal, me coloque en cuclillas y observé detenidamente el suelo que brillaba seguramente por los productos de limpieza que llevaba encima, extrañamente toda partícula de mi cuerpo se puso alerta «algo andaba mal». Estaba segura que Joel no fue, ya que él no hacía ese tipo de bromas, y estaba segura de que lo había visto tan nítidamente que tenían que ser real, sea lo que sea que haya visto, era real, en mi campo de visión y puesta delicadamente en el piso de madera se encontraba una pluma gris. — ¿Que...?— susurró en mi espalda, en la misma posición que yo, mirando lo mismo que yo, las plumas no venían grises, no de esa tonalidad tan impactante y tan grande. Roce un poco con mis dedos el residuo de magia que hace unos segundos no estaba.
— ¿Un demonio emplumado?— le pregunté confundida me giré hacia él, si alguien sabía de criaturas sobrenaturales, no era Joel, solo se encogió de hombros aún sin quitarle la vista a la pluma.
— ¿Un ángel?— dijo de la misma forma, abrí la boca para formular una respuesta...pero no tenía nada, Joel negó con la cabeza —No puede ser. Uno: no hay ángeles en la tierra, más que los ángeles caídos y los guardianes que sabemos que no se pueden hacer visibles...y dos: ¿Pluma gris? Los Ángeles tienen sus alas blancas— dijo quitando toda duda existente sobre la pluma de un ángel, sin esperar más, me incorporé y llegue hasta ella rápidamente agarre la pluma entre mis manos, obteniendo un cosquilleo raro de su parte, tenía magia, pero no una pesada, podría jurar que es más una cosa como una hoja que tiene magia residual con la que no se puede hacer nada, que algo mágico. Intuitivamente me enfoque en la chica aún amarrada que se movía de un lado a otro adormilada, se empezaron a escuchar pisadas pesadas «lo que faltaba». —No creo que debamos llevarnos la pluma, puede ser “eso”— hizo referencia a todo el ambiente pesado.
—Yo me encargó, lleva a la chica, y si es “eso” es preferible que esté en nuestras manos— le ordene a Joel, quien estaba viniendo no estaba tan cerca. Se levantó rápidamente y sin esperar a que lo mandará dos veces, quitó las cuerdas que la amarraban y cargó a la chica sobre sus brazos y desapareció dejando ver por segundos la típica mancha. La silla quedó en medio de la cancha «idiota, ¿cuantas veces he hecho esto? incontables» una luz en forma circular blanca empezó a asomarse por las ventanas de la puerta, ágilmente y con todo el silencio posible corrí hasta atrás de las gradas, mirando fijamente por los agujeros a ver quién se aparecía.
—¿QUIEN ANDA AHÍ?— grito una voz ronca, el dueño de esa voz abrió la puerta indeciso, sujete aún más fuerte la pluma entre mis manos, por la puerta apareció un señor mayor con una linterna que temblaba entre sus manos, suspiré relajando cada parte de mi cuerpo «es solo un humano y con bastantes años encima». Aún no entendía porque ponían a señores mayores hacer esta clase de trabajos, era más el estrés que ganaban, que la plata y sin contar que si salían algo más los regaños no eran suaves para nada, salí silenciosamente de mi escondite y sin esperar una respuesta del señor corrí lo más rápido que pude, saliendo de la cancha.
—ESTOS NIÑOS DE AHORA— escuché su grito lejano, era consciente de que no se había ni movido ni un poco para seguirme, salí del instituto Clouds ya calmada y con una sonrisa en mi rostro. Era divertido molestar al señor Rafael. O ese era el nombre que tenía en su camisa siempre que lo veía.
—Pudiste haber usado tu magia...tus poderes sobrenaturales, o lo que sea que haces siendo demonio ¿Lo sabías?— habló sarcásticamente Joel, me encogí de hombros y seguí
Caminando hasta la plaza, aún era de noche y nos tocaba hacer guardia. Ya no había rastros de la chica.
—Es más divertido sentir la adrenalina mientras corres como una persona normal— le admití, ambos nos sentamos en el mismo asiento de siempre, donde teníamos bastante visibilidad a todas partes. —Aunque quien estaba de guardia era Rafael, y ya sabes ni para llegar a la puerta de la cancha se molestó— dije divertida, aún tenía la suave pluma entre mis manos.
—Los humanos no te causan adrenalina— dijo burlonamente, y en parte tenía razón, me recosté del asiento y como él, empecé a mirar a todas partes atenta de lo que pudiera pasar. —Son las tres de la mañana, es tu horario— bromeó.
—Tus chistes cada vez son peores en cada guardia— negué con la cabeza, no me hacía falta girar hacia él para saber qué me estaba intentando matar con su mirada. A pesar de que era tarde aún había personas paseando y rodeando la plaza como si fueran recién las ocho de la noche. Frente a nosotros pasó un chico tomando de la mano a una chica, me levanté rápidamente al igual que Joel. —Son míos— peleé quedando frente a él, salió corriendo hacía ellos bastante lento para él, pero normal para los humanos que lo veían.
—ESTA BIEN, LE DARE DETALLES DE LO QUE PASÓ ESTA NOCHE A ALIAN— le grite, aunque sabía que no hacía falta, se detuvo en seco y varias miradas se detuvieron en mí por lo que acababa de decir, Joel sin ganas se devolvió.
—Eres...— dijo en cuanto pasó por mi lado, y sin terminar la oración se sentó en el asiento de hace un momento, antes de que se arrepintiera seguí disimuladamente detrás de los chicos. Agarre la pluma en mi mano derecha con fuerza y temor a que se me volara.
—Amor, debe ser algo normal...— habló la chica, miré hacia todos lados intentando que no captaran mi atención.
—No lo es. ¡Tú no te despiertas cada media noche pidiendo sangre!— exclamó el chico en un susurro, como si tuviera miedo que lo escucharan. Para ella tal vez no, pero recuerdo los primeros años de Kaylet en Leyans, y como casi me mata intentando desangrarme, o a Joel, que mil veces intento morderme, y si no fuera por Alian tal vez lo hubiera logrado ya que tenía ventaja.
— ¿Mataste a alguien? ¡No lo hiciste! ¡Es algo normal y raro en nuestra edad!— lo defendió, no pude evitar fruncir el ceño, «normal y raro» había escuchado casi de todo...pero jamás esa afirmación. Cruzamos una cuadra, la calle estaba bastante solitaria, la cuadra que seguía estaba completamente oscura. —La chica nos está siguiendo— le susurró la chica al chico bastante inaudible...capaz si fuera humana no lo hubiera tan siquiera escuchado, pero no era el caso.
—Ya estás delirando— le susurró del mismo modo él chico, sujete un poco más fuerte la pluma entre mi mano, ambos se detuvieron en medio de la acera solitaria, tal y como lo veía venir, él chico temerosamente empezó a girar lentamente a mi dirección, me concentre en sacar toda la energía de mí cuerpo, en cuanto se giró quedó completamente pálido observándome haciendo contacto visual, sus ojos cada vez se iban tornando más negros por mi causa «es un hombre lobo» podría jurar que parecía no estar respirando. Tal vez no lo estaba haciendo, pero yo no era la causante de eso.
—¿Cómo te llamas?— pregunté sin importarme mucho la chica, que al parecer tenía miedo de girar, ya que le jalaba la mano al chico bastante fuerte haciéndolo tambalear, sin contar que su mano temblaba. Ese algo...la pesadez, mire por el hombro directo a esa calle oscura cómo si supiera que algo estaba allí, muy lejos pero aun así los vi claros unos ojos rojos...pero solo fue por un par de segundos, no había figura solo dos puntos rojos, no me inmute, seguro era otra fiesta secreta aquí en el pueblo y los estudiantes de Leyans decidieron venir.
—Welei Colton— respondió mi pregunta, su voz sonó bastante aguda, volviendo mi atención a él moví un poco la cabeza haciendo que el chico saliera del trance. Antes de que recobrará el sentido e intentará hacerme algo, me giré y caminé de nuevo hacia la plaza, ese mal presentimiento que me habían dejado esos ojos, la común fría brisa de Clouds Secret chocó contra mi cuerpo. «Cada vez es más rápido» y más aburrido… las guardias eran aburridas.
—·—(✷☽☾★)—·—
Llegue hasta frente de la plaza, mire a Kaylet y Seul sentados donde minutos antes había dejado a Joel, los saludé con mi mano libre en cuanto me miraron, «a pesar de que han estado presentes en mi vida varios años...me era raro mirarlos sin el traje negro» más a Seul, porque Kaylet recién entro a Leya el año pasado, el auto de Joel quedó frente a mí, ocultando a Kaylet y Seul detrás, sin ganas entre en el auto.
—Odio las guardias— masculló, puso el vehículo en marcha con toda la velocidad que podía.
—Vi unos ojos rojos… cuando estaba con el chico, pensé que era de uno de aquí en el momento…pero ahora no me parece tan coherente con el contexto. — le conté, la incertidumbre era lo único que le quedaba a mi cuerpo...esos ojos no eran de humanos, Joel manejo aún más rápido y frunció el ceño.
—Pueden ser de algún Alpha, yo también los vi en la plaza, voy a hablar con Kaylet a ver si dejo a uno de los suyos salir a la plaza, tranquila supongo que ya estamos paranoicos gracias a Loy y su mal presentimiento— me intento calmar y aceleró aún más cómo si eso fuese posible, asentí dándole la razón, tal vez y la tenía… ya estamos paranoicos.
— ¿Los demonios somos inmortales? A parte del occidit… ¿me puedo morir por un accidente de auto?— pregunté mirando hacia la ventana, ya habíamos salido un poco de la civilización de Clouds Secret escasamente lo podía reconocer solo porque eran manchas verdes en vez de gris.
—No lo sé, y por favor intenta no averiguarlo— me contestó, pero aún sin bajar la velocidad. Lo mire incrédula.
—Entonces ¿POR QUÉ COÑO INTENTAS MATARME EN ESTE CUBO DE METAL ANDANTE? que por cierto ¿cómo conseguiste que Wace no lo viera? — me giré hacia él, ya me había mareado de tanto ver manchas borrosas, Joel sonrió y piso aún más el acelerador haciendo que mi cuerpo impactará hacia atrás. «Paciencia» era lo que pensaba que me faltaba, pero al parecer es lo que más tengo. Wace decía que los autos eran cosas de los humanos, y que no iba a dejar que Joel lo usara, pero ¿quién le hace caso a Wace en todo lo que dice? pues no es Joel. Joel detuvo el carro lentamente, algo que agradecí para mis adentros «no se lo pensaba decir» quedamos frente al portón del instituto Leyans.
— ¿Vas a pasar con esa pluma gris?— me cuestionó, y luego de mucho rato me acordé de la pluma que tenía sujeta, me resistí a mirarla.
—Le voy a contar a Alían— termine de formular una respuesta coherente, mire de nuevo hacia el frente, el portón tenía una barrera extraña protectora, si no pasábamos era por la pluma. El escudo original colocado en el portón «Que me a mí parecer lo había hecho alguien con problemas de perfección, y padecía de una perfecta caligrafía» se alumbró, pero solo las letras "L" y “Y” dándonos a entender que se iba a abrir. —Al parecer nos pusieron escolta o son acosadores— cambie de tema mirando el típico carro de oficial a unos metros de Leyans, el carro siguió de largo.
— ¿Cuántos años llevo en Leyans? ¿Siete o seis? ¡Y aún no he podido imitar esas letras!— igual que yo, estaba perdido en la perfección del escudo delante de nosotros. Aunque lo más probable es que se debía a que habían puesto el encantamiento y si no, es porque solo el escudo se hace apreciar.
—Perfección salpicada con sangre de inocentes— repetí las palabras de Wace, mi piel se erizo, se sentía mal solo al pensar cuántas vidas inocentes se había llevado el instituto Leyans con el paso de los años.
—Creo que por eso Alían decidió cambiar el escudo, aunque mi otra teoría dice que tampoco podía igualar la perfecta caligrafía— dijo divertido a mi lado, intentando ocultar sus nervios de lo eminente y luego de unos minutos bastante duraderos «seguro Loy es quien está cargo del portón» el portón se abrió en todo su esplendor cortando el escudo por a la mitad — ¿Estas segura…?— volvió a preguntar refiriéndose a la pluma
— ¿Podrías dejar de ser tan miedoso? Es solo eso una pluma— le aclaré solo me gane un bufido de su parte «Joel es bastante insistente cuando quiere» y sin más pasó el vehículo lentamente hacia dentro, temiendo la respuesta de la barrera y como lo esperaba no pasó nada, sonreí. — ¿Qué decías?— le pregunté divertida, él miró hacia atrás esperando a que algo pasara...pero de nuevo nada, solo se cerró el portón de un golpe «evidentemente si es Loy quien se encarga de esté» antes de que Joel muriera por segunda vez consecutiva en su vida frente a mí, baje del auto, le di la vuelta a este para llegar a su ventana.
— ¿Practicamos ataque hoy?— le pregunté, bajo la ventana y asintió, estaba más pálido de lo normal y eso era bastante decir.
—Alian sabe— me informó, sonreí, Joel subió la ventana furioso y en menos de un segundo desapareció con el auto en dirección al estacionamiento. «Wace le dijo» reí por lo bajo, Wace sabía todo. Caminé hasta dentro del gran edificio, todo estaba en completo silencio «es el amanecer» por lo general a esta hora solo están las brujas, hadas, hechiceros y duendes caminando por el bosque de Leyans o en efecto por todo el edificio. Mire a mi alrededor y evidentemente solo habían pocas personas sentadas en los bancos, y en la sala común. Alían apareció frente a mi «estaba en su oficina» ya no tenía el traje de director o el traje n***o formal, por lo cual se le veía más cansado que de costumbre.
—Te quiero en cinco minutos en mi oficina— habló en mi dirección, mirándome fijamente, algunas miradas se clavaron en nosotros, pero fue por un breve segundo ya que volvieron a hacer sus cosas.
—No, tengo sueño — le informé, bruscamente… tal vez, solo tal vez seguía molesta con él por el castigo, antes de poder seguir mi camino, Alían alzó sus cejas pobladas, no había tomado bien eso, con su gesto hablaba por él, caí en cuenta de que mi otra mano traía sujeta una pluma «tenía que hablar con él». —Está bien ¿pusiste mi tacón en mi cuarto? es que necesito el par— murmuré por lo bajo dándole la razón, alzó un poco la comisuras de su labio formando una pequeña sonrisa y sin más alce mi mano mi mano derecha a su dirección mostrándole la pluma gris que tenía sujeta desde hace ya un buen tiempo.