Inmóvil.

2631 Palabras
Alían frunció el ceño, y solo por su expresión supe que no tenía ni una pizca de idea de la pluma, o si le pertenecía a alguien «finge» solo por reconocer sus sentimientos de inmediato era obvio que mentía. No me iba a molestar en contarle sobre los ojos rojos, podría solo ser un Alpha. — ¿Las gallinas ahora vienen grises y del tamaño de un perro?— preguntó intentando hacerse el gracioso, no me reí, ni mostré una pizca de gracia. — ¿Desde cuándo te volviste humorista? ¿O es solo porque me castigas casi diariamente?— dije de mala gana, él solo sonrió—Es en serio Alian— le advertí, Alían quitó cualquier rastro de diversión de su cara. —Lo del castigo no lo haría si tú no me dieras razones— dijo con calma. — ¿Crees que puede ser un demonio? ¿No? Helian....— hablo como si intentara consolarme, como si hubiéramos hablado de esto mil veces «y sí que lo hicimos». Lo mire mal, no iba por ese lado la conversación, y él no estaba entendiendo. —No sé lo que es, pero tiene magia residual Alían, como las alas de hadas— le hablé lo más segura que pude, esta vez sí se tensó. —Vi una luz blanca de reojo junto a dos alas grandes, y en cuanto me giré...no había nada— le conté, Alían frunció aún más el ceño, como si lo que le estuviera contando fuera una completa locura. — ¿Dos alas? ¿Segura?— asentí ante sus preguntas, tal vez no las había visto tan claro, ya que solo fue de reojo, pero pondría mi mano al fuego de que eran dos alas grandes, blancas pero parecían no blancas relucientes , era más un blanco opaco tirando a gris, pero no el gris de la pluma que tenía en la mano. Alían solo asintió como si estuviera recordando mis palabras una por una, estoy segura de que por más que sonaba una locura Alían me creía. Está vez todos los alumnos en la sala se fijaron en nosotros por las palabras de Alían. —Pudo ser un hada— dije intentando no alarmar a los chicos que estaban atentos a nuestra conversación, aunque sabíamos que las hadas no tenían plumas en sus alas «pero ellos no tendrían que saber de la pluma» era lo malo de ser del equipo Leya todo lo tomaban muy en serio. Alían notó que todos los alumnos de la sala estaban atentos a nuestra conversación, así que carraspeó así que todos desviaron la mirada entendiendo la indirecta. —Creo que necesitas descansar ¿te puedes quedar con esa cosa?— habló toscamente «sabía algo», solo asentí y antes de poder moverme hacia mi habitación, él desapareció por el pasillo que daba a su oficina, perdiéndose de mí vista. —VAMOS A HABLAR DE ESTO—gritó desde este, era obvio que se refería a lo de Joel, rodé los ojos no tenía ni una duda de que Alían iba a sacar todos los libros posibles para leerlos al detalle, solo para descubrir a quién o qué pertenecía la pluma que tenía entre mi mano. Tomando su consejo caminé y subí las escaleras con rapidez, al pasar el segundo piso me di cuenta de que Loy estaba enseñando unos trucos a los pocos alumnos que se encontraban allí, así que me apresuré para llegar al tercero. Me detuve en seco al ver la escena frente a mí, era lo último que me hacía falta ver esta noche. — ¿Saben que existen habitaciones? ¿No?— pregunté bastante fuerte, para que Layz y él hada con el cual se estuviera besuqueando en medio del pasillo se separaran, lo cual no sucedió, ignorándolos como ellos a mí, entre en mi habitación y cerré de un portazo intentando molestarlos. «Si tan solo los viera Wace» negué con la cabeza divertida. La luz de mi habitación estaba prendida en todo su esplendor, y en mi cama ya no se encontraba el desastre que había hecho Layz horas antes. —GRACIAS— le grité esperando que aún se encontrará con él chico afuera, deje la pluma en el escritorio junto al dije del escudo de la escuela, sin esperar más me coloque en los pies de mi cama, y me deje caer a esta, rebote por el impacto pero solo me relaje intuitivamente. Cerré los ojos sintiendo como mis otros sentidos se intensifican por naturaleza. «Hay alguien más aquí». —Tú— escuché una voz sorprendida y ronca desde la esquina de mi habitación que daba a los pies de la cama, no me moleste en abrir los ojos, sabía que no se había movido ni un centímetro de esa esquina, su corazón parecía ni estar, de lo lento que sonaba. «Es un chico». —Yo— le hablé del mismo modo en burla, no reconocía la voz pero tampoco me causaba algo sobresaliente al no saber a quién pertenecía. —Tú fuiste quién me trajo aquí— volvió a hablar otra vez, por reflejo abrí mis ojos, me senté en la cama quedando en la esquina y sin darle tiempo de hacerme algo lo sujete por el cuello con mi mano alzada en cuanto llegó a mí. —Oh, no cambia forma, no eres el primero— le avisé aun sujetándolo del cuello, la posición en que me encontraba me era incómoda por mi brazo, así que sin soltar mi agarre, en un movimiento rápido me coloque de rodillas en la cama quedando a su altura, aparentaba estar menos pálido pero seguía igual de nervioso que está mañana, sus ojos marrones lo hacían lucir más humano que todos en esta escuela al igual que su cabello n***o. Sabía que estaba en shock, porque tenía sus manos libres y yo no lo tenía sujetó con tanta fuerza del cuello, ni siquiera estaba alzado y aun así no me hacía nada. Quite mi mano de su cuello lentamente, alerta a cualquiera de sus movimientos, quedó una marca roja donde segundos antes lo tenía sujetó «lo que yo provocaba», no era por la fuerza aplicada, era por lo que era como especie. —No entiendo— dijo aún con la mirada perdida en mí. Empezaron a tocar la puerta como si la quisieran tumbar, suspiré pesadamente. —Eres linda— dijo aún desorientado, no pude evitar hacer un gesto de desagrado «¿Es en serio?» sentí una brisa fría pasar por mi nuca, sin pensarlo me giré en dirección a la ventana, la cual estaba abierta dando paso a los rayos del sol que se asomaban por está con tanta intensidad «por ahí entro».—¡ESTO!— gritó el chico y sin darme tiempo de defenderme, me empujó con todas sus fuerzas hacía la pared haciéndome volar, solo cerré los ojos para sentir el impacto con la pared que llegó en segundos, abrí los ojos de inmediato, se escuchó un gran estruendo ya que el espejo grande colgado en la pared debido a la vibración del impacto de esta cayó al suelo partiéndose en pedazos, presione mi cuerpo contra la pared para no caer al suelo ni rebotar, sentí un cosquilleo por toda mi espalda, pero deprisa me agache al ver el puño de él chico dirigirse a mí, provocando que él chico le pegará a la pared. Me levanté de nuevo quedando a su altura. Alzó de nuevo su mano pero pude agarrarla en el aire, aunque por su postura no aparentaba querer golpearme...tal vez solo asustarme. Los llamados de la puerta se detuvieron. —Basta ya— le amenacé, y le solté la mano bastante brusca, de nuevo haciendo que está quedará completamente roja. El chico ni se detuvo a mirarla, solo volvió a quedar inmóvil inspeccionando todo su alrededor. — ¿Cómo te llamas?— la pregunta salió sin tan siquiera pensarla, era costumbre. —Welei— respondió lentamente «lo persuadió sin darme cuenta» salió del pequeño trance en un segundo. —Todos aquí están locos— susurró, se alejó de mí dejándome confundida, respire profundo dejando de sentir el cosquilleo de mi espalda. — ¡No me pueden tener aquí sin mi consentimiento!— peleó alzando un poco el tono de voz, no me moví de mi lugar, tenía razón...y tal vez si no hubiera intentado matar a un humano por no saberse controlar, su argumento tendría un gran peso. Welei me dio la espalda y se sentó en la orilla de mi cama, acunó su rostro entre sus manos. —Sabes por qué razón estás aquí ¿No?— dije atónita por su comportamiento, nadie jamás había intentado golpearme y luego simplemente en un paso de confianza darme la espalda. Y yo sabía perfectamente la razón «Las reglas» a pesar de que Alían hace varios años había quitado algunas de esas reglas del instituto, varios «hasta él, en ocasiones» las llevaba bastante presente, algunos más que otros. Welei negó con la cabeza en respuesta. —Intentaste matar a alguien— le confesé sin anestesia, estaba bastante segura de que quien fuera que lo tuviera capturado no había tenido ni tiempo para explicarle, quiero pensar. Welei se giró hacía mí, con sus ojos vidriosos, como si le hubiera dicho la peor cosa del mundo «no lo era». No había matado a nadie. Tan solo por ver sus ojos, podía distinguir lo que había roto... La delgada línea de creer ser un humano, se había despedazado. Destrozándolo al mismo tiempo. Tragué en seco en un intento de borrar cualquier sentimiento de mí cuerpo. —Mentira...solo fue un sueño— intentó convencerse a él mismo, «etapa de negación» hice una mueca, haciendo que varias lágrimas cayeran de sus ojos continuamente. Negó de nuevo por lo bajó y se colocó de pie. —Todo está bien...— intenté tranquilizarlo sin mostrar algo de sentimiento «a pesar de que, estaba sintiendo su dolor en lo más profundo de mi ser». —Intenté matar a mi hermano...— susurró para él, no quitaba su mirada de mí su remordimiento se estaba clavando cada vez más en mí. La puerta de mi habitación se abrió en todo su esplendor —No mataste a nadie— le recordó Alían a Welei, desde el umbral de la puerta, Welei volteo hacía Alían rápidamente dándome de nuevo la espalda, «le tiene miedo». Alían a primera vista lo daba y luego de conocerlo bien, también. Por la puerta apareció Eleonora con una línea recta en sus labios «a ella se le escapó el chico». —No es real— dijo negándose a sí mismo. —Lo es— dijo Eleonora de mala gana, la mire amenazante haciéndola callar, ella no era conocida por tener delicadeza, y yo era la que estaba sintiendo todas las emociones del chico. —No es real— se repitió una y otra vez, intentando reparar la rotura que se había creado «pero ya no había caso» por más que fuéramos delicados, la ruptura ya estaba, pero la brusquedad solo lo iba a empeorar, en resumen este caso no tenía mejora por ninguna parte más que ´él lo termine aceptando. Velozmente Eleonora quedó frente de él y antes de poder ponerme entre ellos, ella le sonrió mostrándole los colmillos, sujetó a Welei de la mano en alto para que esté no se echara hacia atrás, y fue en cuestión de segundos cuando las garras de Welei salieron a la luz. Eleonora lo soltó y a la misma velocidad que se acercó, se alejó, la furia que tenía, no era de Welei, era mía, odiaba que Eleonora se comportara así tan brusca, pero si lo defendía, me mostraba como débil. Y no construí una reputación toda mi vida que me protege para destruirla en una noche. —No eres un naməlum así que tú tienes más realidad que otros— dijo Alian. — ¿Que es un naməlum?— dijo el chico cómo si eso fuera lo más importante de todo lo que le estaba pasando, pero así eran algunas personas, conviven con el dolor de la mejor manera que podían. —Creo que es momento de que se vayan de mi habitación, no quiero una clase en mi habitación sobre cada ser sobrenatural del cual él no tiene ni idea.— dije entre dientes, deje de sentir las emociones de Welei para sentir una adrenalina pura, pero esa no me pertenecía a mí. Welei perdió un poco el equilibrio y dio varios pasos hacia atrás, mirando las garras que salían de su mano. Vi indirectamente a Alian que me miraba como si me estuviera examinando. —Soy un monstruo— se recrimino «ya no podía ocultar algo tan grande», Alían apoyo aún más su peso en el umbral de madera, haciendo que esta rechinara. Todos, «o la mayoría» decían eso cuando eran criados en un ambiente humano, el problema es que él no era un naməlum, él no tenía que pasar por esto solo porque algún familiar no tuvo la delicadeza de explicarle todo este mundo, Welei se tambaleó de un lado a otro, así que deprisa llegue hasta detrás de él, sujetándolo en cuanto perdió el conocimiento. —Hace mucho tiempo, tú eras la que reclamaba explicarle a los naməlum absolutamente todo— hablo Alian decepcionado. Eleonora me quitó al chico de las manos y lo arrastró hasta la salida. —Él no es un naməlum, y yo no soy la misma desde hace tiempo...desde las pruebas— dije sin vergüenza, Alian solo ignoro mi comentario y salió tras de Eleonora cerrando la puerta. —Son lo que juraron no ser— escuché el susurro que dijo tras la puerta. —Una habitación más segura...es lo único que pido— susurré cansada pero él ya se había ido, llegue hasta la puerta y la cerré de un portazo. «Algún día se caerá». La adrenalina se esfumó de mi cuerpo, dejándome cansada por todas las emociones que había captado en unos minutos...tal vez la adrenalina si era de Welei. Por el rabillo del ojo noté como la pluma se movía de un lado a otro «la ventana está abierta» intenté moverme para cerrarla, pero mi cuerpo no cedió ante mis demandas. —Layz no es gracioso— le advertí, la única que había logrado ese hechizo era ella, no escuché ninguna risita, ni ningún movimiento, aún podía ver solo de reojo como la pluma se movía en círculos. —Layz— volví a advertirle, hacer este tipo de magia le hacía mal más que cualquiera. Pero de nuevo, completó silencio, cerré los ojos para intensificar mis otros sentidos, no sentía la brisa, pero si escuchaba como la pluma cortaba el aire mientras giraba, había una presencia bastante tangible frente a mí, pero era consciente que no era probable que alguien estuviera ahí, no sentía ningún aroma u olor en específico... solo mi fragancia y la de Eleonora, volví a abrir los ojos, «no había nadie» intenté moverme con todas mis fuerzas pero me era imposible tan siquiera mover la cabeza, una gran presión se instaló en mi pecho, pero solo me incomodaba, no me hacía daño. La pluma cayó al suelo lentamente, como si no hubiera ninguna brisa que se interpusiera en su camino, los vellos en mi nuca se erizaron. No había rastros del dije en forma del escudo que había dejado ahí, por más que intentaba visualizar su paradero. —A CLASES— gritó desde el pasillo Wace, haciendo que la presión se desvaneciera de inmediato, me giré en defensa en busca del culpable de mi falta de movilidad... pero sólo quedó visible ante mí: la ventana cerrada. Y los regaños de Wace hacia la pareja que una hora antes estaba afuera besándose.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR