—¿Qué pasa? —pregunta Ayden preocupado. —Nada, nada, todo está bien. —Observa su nuevo reloj de pulso y se percata de la hora—. Ya podemos irnos, estoy un poco cansada. —Está bien Arya, pero si hubo algo que te enojara, solo dilo —advierte él—. No soy adivino y si no me dices que te molestó, no podré ayudarte del todo. Arya reticente a hablar, decide quedarse callada, por el bien propio y de la familia. Ayden conduce con cuidado hasta llegar a su casa, una vez ahí cada uno se retira a sus aposentos sin dirigirse ninguna palabra. Él sospecha que algo pasó, pero no exige más, pues hoy ha sido un día muy pesado y los dos están cansados. La joven, por su parte, decide preparar todo para ir a trabajar al día siguiente, está emocionada de poder hacer sus prácticas en uno de los mejores hospi

