Capítulo XVIII

2089 Palabras

Mis jugos íntimos producían un aroma delicioso. Sonreí mientras me sobaba la v****a, sintiendo el placer de la masturbación que se había convertido en hábito desde que reconocí que Federico, no me satisfacía, pero había decidido serle fiel. Cuando me di cuenta, me estaba dando unos piquetes conforme ordenan los cánones de la masturbación. Mis dedos sobaban el c*****o y los labios vaginales. Mi leche escapaba a chorros de la v****a, corriendo por mis muslos que yo instintivamente separaba, para hurgar con mis dedos en el interior de mis genitales. Cerré los ojos y al recordar que mis senos habían sido una especie de leyenda urbana s****l, en la Normal de Maestros, sobadas y mamadas lo mismo por maestros que por condiscípulos, busqué los pezones para frotarlos con la mano que me quedaba

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