Lucila le lanzó al vago una mirada en que alternaba la coquetería y el reproche. —Si. Si pudo el Ismael, aunque me dio un poco de trabajo. —¡Bendito sea Dios! —exclamo la señora Herlinda— ya decía yo que mi muchachito lo que necesitaba era que alguna chica de confianza lo iniciara. Pos ahora. nomás di pa cuando quieres la boda, Lucila. Mi viejo y yo nos encargaremos de todo lo demás. —¿Pero, de veras pudo bien, bien el Ismael? —dudo el Peter— A lo mejor nomás lo cachondeaste y ahora quieres engañar aquí a los señores, pa que te cases con el chavo. —¡No te metas en lo que no te importa, Peter! Se muy bien cuando un hombre me lo hace con todas las de la ley. Además, yo no voy a salir ganando, sino el Ismael. Imagínate, si hubiera seguido más tiempo con sus mañas, correría el peligro de v

