Capítulo XIV

2163 Palabras

La suciedad mental y la hipocresía que observaba en quienes lo rodeaban cada vez iba resultándole más insoportable. —No dejes que ella se te trepe, camarada, —dijo “el Peter”— Quizá un poco arrepentido de su falsedad— a las viejas hay que traerlas en un puño, o al rato se consiguen un sancho y pobre del buey que esté con ellas. —Tanta culpa tendrán ellas como el Sancho... no toda la culpa es de la mujer —dijo Ismael, con firmeza, consciente de la traición del que se decía su amigo. —No. Uno de machín aprovecha las oportunidades que le dan y el que se ha echado la responsabilidad de casarse, también tiene la de no permitir que otros se metan donde solo él tiene derecho a estar. —¿Por qué le daba aquellos consejos el vago? ¿Por qué le propinaba palmaditas cariñosas y lo veía con lastima?

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