Tres

1276 Palabras
- Demián - —¡Cariño, parece que te necesitan! —escuché gritar a mi chica desde el recibidor, donde fue a abrir la puerta. Fruncí el ceño y miré la hora, ya eran las 9:00 de la noche. —¿A esta hora? —respondí de vuelta, dejando las cosas que tenía en las manos, para luego quitarme el delantal y lavar mis manos. Estaba preparando la cena, ya que había podido salir temprano del trabajo. A medio camino me la encontré—. Es una repartidora,... creo —terminó de decir y se marchó al segundo piso, haciendo sonar sus zapatos en la baldosa. Seguía confundido, ¿una repartidora?, ¿trabajan hasta tarde? En cuanto abrí la puerta, ví como caía un sobre al suelo y la mujer parada frente se quedaba viendo a otra dirección, desinteresada claramente. Solo me veía de reojo. —¡No es nadie en especial, cariño! —informé a Neila, esperando que me escuchase. Levanté el sobre que se había caído al suelo, sin saber su procedencia o contenido, por lo que decidí a acercarme a la mujer. No había estado esperando ningún papel, ni recibos, ni catálogos. Normalmente esos los traía el de recepción o me los entragaba en la entrada, sin embargo, imaginaba que si la había dejado pasar, era por que había algo importante. Toqué su hombro en un intento de llamar su atención, al mismo tiempo que sentí una vibración en su cuerpo. Eso me extrañó—. Disculpa, esto es... —señalé el sobre en mis manos. —Si, eh... —comenzó a decir, pero enseguida fue interrumpida por otra voz. —¡Señor, menos mal ya se desocupó, traje algo para usted! —apareció una empleada que ya conocía, junto con otra mujer que no reconocía de ningún lugar. Ambas se me colocaron al frente, dándole la oportunidad a la otra chica de marcharse sin mucha prisa. —Si, claro, esto... —dije tratando de volver a concentrarme, pero en mi transcurso de observarla curioso, esta por unos segundos me miró y dejó una mirada extraña en el aire, con unos iris azules como protagonistas—. ¿Quien era ella?, ¿Una repartidora? —La chica parecía ser una repartidora, pero tiene un uniforme cuestionable —comentó la mujer que desconocía y la otra le daba la razón. —Ya veo —dije, ignorando la situación—. Entonces, prosiga por favor —hoce espacio en la puerta, para que ambas mujeres ingresaran al apartamento. Las guíe hasta el sofá, que quedaba frente a las ventanas—. Muy bien, ¿que es eso que me trae? —Bien, al grano —sonrió—. Señor, ella es Lisette, es una chica muy trabajadora, es una excelente cocinera. Su mujer comentó que quería a alguien que pudiese cocinar, entonces ella está disponible para el trabajo —fruncí las cejas—. En caso de que la necesite, puedo dejarle su... —Ya escuché suficiente —levanté la mano cerrando los ojos—. No necesitamos una cocinera, yo sé muy bien como cocinar. No necesito emplear a nadie más por el momento para este apartamento —coloqué los codos en mis piernas y entrelace las manos en mi barbilla, como hacia siempre que me ponía pensativo. No sabía por qué Neila había comentado lo de tener una cocinera. Sabía que no estaba siempre en casa debido a mi trabajo, pero siempre me decía que lo entendía, además de que yo sabía cocinar. Mi madre me había dejado su legado. La mujer a su lado se puso tensa a mi actitud, sin embargo, cambió eso en el momento en que se hizo presente mi chica por las escaleras, dejando en claro que ya estaba allí. Pasó sin prestarnos atención hacia el estudio, dejando impresionada a la desconocida. Eso me sacó una sonrisa. Definitivamente la mujer con la que vivía podía robarse todas las miradas que estuviesen cerca. Cuando me enamoré de ella, sabía que había sido un afortunado en encontrar una mujer demasiado hermosa, casi parecía irreal. Después de conocerla en un evento de modelaje en el que había sido invitado, no pude evitar no invitarla a salir a tomar un café. Me apoyó en el transcurso de Heredero Howart a CEO de Howart Corporation; en ese tiempo en el que me caían responsabilidades en la espalda tan pesadas que aveces no podía con ellas. Mi padre ya se había jubilado para viajar con su esposa por el mundo; me entrenó por años para tomar su lugar y convertirme en el multimillonario más joven de la época, de modo que hiciese relevancia en las redes. Se logró el efecto que queríamos y las cifras crecieron casi de golpe. Un día también quería formar una familia y poder enseñar a mis hijos el negocio familiar. —Como les decía, no es necesario una cocinera, sin embargo, cualquier cosa mi secretaria las podría contactar en caso de que mi mujer desee una cocinera. No tengo inconvenientes al respecto, así que se lo dejaré a su disposición —terminé de decir, levantándome del asiento. Ya era demasiado tarde, tenía que terminar de hacer la comida para ir a descansar. Sentía que una piedra me estaba calando la columna. —Si señor, disculpe las molestias —dijo con suavidad la empleada y sonreí corto, dejándole claro que no había necesidad de disculparse. —Perdón por no lo poder ayudarla, señorita. Cualquier cosa, serás la primera recomendación —dije a la chica. —Si señor Howart, no se preocupe. Estaremos en contacto —asentí, aunque sabía que eso era imposible. De a poco me quedaba tiempo para atender a mis clientes y empleados, al mismo tiempo que mi vida privada. Las despedí en la puerta y terminé mis cosas en la cocina, dejando servido en la mesa la cena de Neila. Saldría en cualquier momento a comer, le gustaba hacer un poco la roña. Me sacudí las manos caminando con dirección hacia las escaleras, pero entonces ví el sobre que había recibido en la mesa de centro de la sala. Me detuve despacio, recordando el como lo había recibido y decidí ir a descubrir de qué trataba. Me pasé la mano por el rostro del cansancio, a medida que leía de que trataba. —Un campamento, duración de una semana. Terapia de pareja, para resolver la duda de si su destino es continuar o la separación. Una semana en la que es dedicación y descubrimiento —dije en voz alta—. Descubrimiento, destino —me mordí los labios. Miré en dirección del estudio, donde seguramente estaba ella leyendo algunos papeles de mi empresa para orientarse en cosas que necesitaba. Nunca me negaba a nada, me gustaba que aprendiera de mi, sin embargo, la comunicación entre los dos se estaba muriendo y parecíamos extraños. Siempre me decía que entendía que casi no estuviese presente, ya que ella también tenía su propio negocio de diseño de modas y además era un hermosa modelo, pero me estaba cuestionando su veracidad. Sinceramente me gustaría descubrir la verdad entre los dos y poder volver a ser la pareja del inicio. Ese era un gran deseo. Un gran deseo que conllevaba probablemente el sacrificio de una semana de mis tareas laborales, donde podría pasar cualquier cosa en ese tiempo mientras no estaba presente, como también estaba el hecho de que no aceptase por su trabajo, sin embargo, también me quería arriesgar a probar suerte. No sabía si era una oportunidad que no iba a volver a aparecer. Seguí mirando hacia ese lugar por varios minutos, antes de pararme en busca de mi teléfono.
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