—Señorita Lombrad, cancele todas mis reuniones y citas de esta semana, estaré indispuesto. Por favor programa todo, lo resolveré el siguiente lunes al volver —dije a mi secretaria, a quien agradecía que contestara no importase la hora.
—¿Señor Howart, está seguro de atrasar toda una semana de trabajo? —preguntó indecisa. Sabía las consecuencias de desaparecerme de mi empresa por una semana, pero quería intentarlo, hacer algo fuera de las normas—. ¿Incluso la reunión con los inversionistas de medio Oriente?
—Si, aplazala. No quiero escusas, estaremos en contacto en caso de cualquier situación. No voy a estar disponible por celular, yo la cantactaré en caso de ser necesario.
—Si señor, espero tenga una linda semana —terminó de decir.
—Cuida bien de mi empresa mientras no estoy, y gracias.
—No hay por qué, señor.
Colgué sin más, dejando el celular en su lugar. Tomé el folleto en las manos, con la intención de convencer a la otra parte del trato.
La encontré en la oficina revisando unos papales demasiado concentrada, que no quería ni molestarla, ya que se veía muy hermosa, sin embargo, tenía que decírselo de inmediato, ya que no había tiempo para esperar. Ya había apartado los lugares para el viaje al campamento, por lo que solo nos quedaba empacar y que ella pudiera sus días.
—Cariño, necesito decirte algo —llamé su atención y me recosté en la librería.
—Si, dime, ¿que sucede?
Suspiré—. Últimamente hemos estado distanciados, casi que perdimos la comunicación y entre nosotros las cosas no han estado muy bien. Tenemos más discusiones que momentos especiales y sinceramente he tomado una desición que también me va a costar —alboroté mi pelo.
Me miró frunciendo las cejas y dejó los papeles a un lado—. Demián no me digas lo que creo que es, por favor —me abrazó—. Por favor no lo hagas —me estrujó en sus pequeños brazos y no entendía que estaba pasando.
—¿De que hablas?, ¿del campamento?, ¿ya sabías eso o como?, ¿me escuchaste mientras hablaba por celular? —pregunté confundido. No era que no me gustase sus abrazos repentinos, ya había pasado rato que no había pasado.
—¿Que? —frunció ella todavía más las cejas confundida—. ¿campamento?, ¿de que?
—El de parejas —le mostré el folleto.
—¿Campamento de parejas? —me miró incrédula—. ¡Dios mío, Demián, pensé por un momento que ibas a terminar conmigo, me asustaste! —gritó molesta, dándome una palmada en el pecho.
—No cariño, no era eso. Jamás te haría algo así —toqué su mejilla, mirándola fijamente. Rodó los ojos suspirando—. Pensé que sería bueno para nosotros saber qué pasará después de esto, tal vez nos ayude.
—¿A saber si no estamos destinados? —mostró obvia el folleto, mostrando su molestia.
—Lo sé, pero es algo nuevo también para mí y me quiero arriesgar. Empieza mañana, así que te sugiero hagas todos tus arreglos esta noche y empaques. No es necesario que lleves nada sofisticado, simplemente vamos a acampar —di un beso casto en sus labios.
Me miró como si la hubiese sentenciado al infierno.
—¡No Demián, no puedes hacerme esto!, no quiero ir a un lugar donde hay suciedad e insectos, y mucho barro. Odio acampar, lo sabes. Soy alérgica a casi todo y hay animales que pican allá, no puedo con eso —quejó a medida que iba saliendo de la oficina—. Debíamos discutirlo entre los dos.
—¿Para que quede en un no como siempre?, no, me parece que esta vez no habrá democracia —salí de allí, sin permitir que dijese nada más.
—¡Demián!
•••
Al día siguiente, me encontraba bajando las maletas necesarias para llevar al viaje. Aunque no era a otra ciudad, me parecía muy intrigante. Estaba realizando una acción sin necesidad de secretarias o subordinados a los que dar órdenes, solo era yo.
—¿Ya estás lista, cariño? —pregunté a Aisha, a medida que buscaba una botella de agua para tomar.
A diferencia de ella, yo estaba vestido con un mocho y una camisa de esqueleto con estilo, sin embargo, era muy cómodo y eso esperaba conseguir. Estar tranquilo en el viaje y dejarme llevar por las emociones. Reencontrarme, quizás.
No sabía sinceramente que esperar de ese viaje.
—¿Como esperas que yo vaya a ese viaje con mis trajes de diseñador?, no tengo nada para la situación, no fue una idea muy bien calculada, ¿sabes? —quejó y rodé los ojos.
—En ese caso, sabía que lo dirías, así que pedí a Victoria comprar ropa cómoda y deportiva para ti para este viaje, lo que no te impedirá viajar —comenté, dejándola sorprendida—. Esta es una experiencia que quiero aprovechar contigo y tú también deberías hacerlo, a menos de que estés en contra de nosotros.
—¡No! —levantó la voz—. Perdón, es decir, si quiero que progresamos, pero no es necesario esto.
—Ya no hay vuelta atrás. Te espero abajo, que ya nos vino a recoger el bus —cogí las maletas de nuevo para salir.
—¿Bus? —dijo incrédula.
Bajamos a recepción, teniendo a mi novia detrás diciendo cosas enojada en voz baja. Nos encontramos con un hombre vestido de campista en la entrada y había un bus escolar grande. Ya había pasado mucho tiempo desde que me había subido en uno, ya que mis padres mandaban al chófer a recogerme y me impedían ir en el bus escolar con los demás niños.
En cuanto dejamos las maletas en el lugar, montamos camino por alrededor de una hora. Neila no se veía nada a gusto, pero luego lo vería, algo de eso nos tendría que ayudar.
La naturaleza nos rodeaba y eso me agradaba. Mi padre solía mandarme a campamentos, creía que me volverían fuerte, aunque simplemente disfrutaba las vacaciones. El sol estaba en lo más alto, sin embargo, en una horas se iba a ocultar y tendríamos que descansar.
No me había imaginado que demasiadas personas fuesen a participar del campamento y esperaba que diese los resultados que esperaba, o de otro modo, no podría con una separación repentina, al darnos cuenta que no somos compatibles de ningún modo.
La miré tratando de dejar esos pensamientos negativos, tenía la esperanza de que la ayudara el espacio para ella.