—¿Para que se supone que sirve esto? —preguntó muy confundido uno de los hombres.
Estaban reunidos en una cabaña en la que casi no se escuchaban los sonidos exteriores, siguiendo los movimientos que hacía otro hombre en un tapete de yoga. Evidentemente no todos estaban acostumbrados a hacer algo así, ya que lo tomaban como algo que solo podían hacer las mujeres. Algunos de ellos no podía siquiera tocarse los dedos del pie sin sentir que se les rompía la piel.
—Es un ejercicio para relajar la mente y el cuerpo en cierto modo, buscaremos que nuestros dos sistemas vitales se unan como uno y estemos tranquilos —dijo suave, tratando de concentrar los sonidos con las sensaciones, sin parar de moverse, lo que ellos se suponía debían hacer—. Aprenderemos a controlar su energía negativa, la borraremos de nuestras vidas y llevaremos una vida placentera y tranquila... —siguió en la misma tonalidad, tranquilizando a algunos—... con su pareja.
Esto último desequilibró a la mayoría, como si hubiesen mencionado al diablo. Casi lo habían olvidado por completo.
Las chicas también tenían su propia sesión, pero a diferencia de los hombres, ellas si disfrutaban del momento y se sentían más tranquilas, incluso Neila y la rubia clasista.
Y así hicieron varios ejercicios el resto de la semana, una que otra vez se encontraban ellos para hacer ejercicios de pareja y conversar de lo que habían hecho, de su experiencia, dándole la oportunidad a los que si desean volver de sentirse en un lugar seguro.
Seguían entrenando ellas para el partido que tendrían al finalizar, decido por Dove y Franco. Los hombres no tenían la oportunidad de entrenar, ya que tenían ventaja por naturaleza, pero tenían otras actividades recreativas y psicológicas.
El penúltimo día, a horas de la celebración de despedida, donde sería el gran cambio, las chicas se estaban alistando física y mentalmente para combatir contra los hombre. Aunque el partido era mixto y los tecleos vendrían por parte de los hombres, las mujeres debían hacer los pases y correr, defender entre ellas.
El partido estuvo muy parejo debido a la variedad, sobretodo por que habían buenos jugadores de ambos equipos. Dove hizo todo lo posible por ganar y correr, era muy buena en eso. Incluso reveló varias de sus habilidades, como esquivar a los chicos que trataban de detenerla. O los pasaba por encima o prácticamente los dejaba desorientados con alguna maroma. Tenía buena experiencia y necesitaba la fuerza necesaria para hacer la tarea tan peligrosa que debía realizar.
Al finalizar, se despidieron y volvieron a sus lugares, para la fiesta que tendrían separados. Al menos dos parejas de los diez que habían ido, decidieron que estaban mejor separados y de ese modo seguirían hasta el final.
La fiesta se realizó en una espacio pequeño donde ellas pudiesen caber, de modo que la oscuridad y las luces las cegaran, así no verían nada.
—¿Lista?, es hora —dijo Franco con una mirada seria. Dove tragó saliva, lo que venía iba a ser muy complicado. Asintió.
Dos hombres la acompañaron, mientras ellas seguían disfrutando. Neila se apartó un poco para tomarse un vino, por lo que fue la oportunidad perfecta.
Dove la atrapó por la espalda con un pañuelo lleno de cloroformo y los dos hombres la atraparon, de modo que nos buscará escapar mientras hacía efecto. Se veía el pánico en los ojos de la mujer, pero segundos después se durmió. Sin que nadie se diera cuenta se la llevaron.
Cambiaron de vestimenta, la arreglaron tal cual como estaba ella y tomó una respiración antes de salir, a dar inicio a su plan.
La música se detuvo de repente y una ebria morena tomó el micrófono, por fortuna ella ya había salido.
—Creo que deberíamos darle a Dove las gracias por lo que hizo por nosotras, por habernos ayudado a darnos cuenta de lo que queríamos y de valorarnos. ¿Donde estas amiga? —dijo, mirando para todos lados, mientras tenía un vaso de licor en las manos—. ¡Dove!
—Me dijeron que ya se marchó, tuvo que hacer un viaje —contestó la que sería la nueva novia del CEO.
—Oh, que pena, me hubiese gustado darle un gran abrazo. Le grabaremos un vídeo, si, para que la sorprenda —la castaña sonrió—. Nos ayudó mucho varias veces, a darnos cuenta de lo fuertes y poderosas que podemos ser. Que no tenemos ningún límite ante ellos, solo nosotras nos damos el límite. A algunas de nosotras, a darnos cuenta que los hombres con los que estabamos solo eran unos patanes. Y sobre todo, a jugar fútbol americano.
—¡Si! —gritó otra.
—¡Mujeres, mujeres! —gritaron entre ellas mientras se abrazaban.
Dove sonrió, feliz por lo que había hecho, sin embargo, tuvo que meterse en su papel y hacerse pasar por Neila. Le costó al principio, ya que ella aveces era una fiera, pero trataba de reaccionar como ella.
Cayó la noche y el tiempo se pasó casi volando. A la mañana siguiente sería el día en que se marcharian, el campamento falso terminaría.
Después de dormir y mentalizarse toda la noche de lo que vendría, aún así se sentía intimidada por su nueva tarea. No era la primera vez que arriesgaba su vida para robar, sin embargo, antes no le había tocado fingir ser alguien más y estar expuesta para conseguir el cometido.
Según lo que habían planeado, probablemente eso duraría un tiempo largo, no iba a apresurar las cosas para dar sospechas. No tenía familia, ni nadie que la esperara, por lo que su tiempo le pertenecía y tenía todo el tiempo del mundo.
Se miró en el espejo por última vez en la cabaña en la que había dormido, el cual habían puesto para los malos chacras, según lo que le había dicho del campamento; lugar que luego venderían ya que no les serviría después.
Su manera de recoger el cabello, una gorra puesta y el maquillaje exagerado, la hacía parecer demasiado a ella.
Tal vez si saldría todo bien.
Su cuerpo se veía un poco más trabajado y esbelto que el de ella, pero tenía la excusa de que ahora le gustaba hacer ejercicio gracias al juego que había hecho la magnífica Dove.
—¿Sales?, es hora de comenzar el show —llegó Franco a la cabaña. Salieron juntos hacia la salida, donde estaban los demás. El pelirrojo le tomó el hombro a Dove y al mismo tiempo el CEO, tomándolo por sorpresa que estuviese el otro hombre cerca de ella. No la había encontrado entre las demás, por lo que había tomado la iniciativa de buscarla—. Señor Demián —dijo—. Que gusto verle, espero haya disfrutado el campamento.
—Si, gracias, vine por...
—¿Por ella?, si, por supuesto. Íbamos saliendo, le faltaban empacar cosas a su maleta y viéndose al espejo, quizás para saber si algo había cambiado en ella —los tomó a ambos de los hombros, para llevarlos a la salida, al mismo tiempo que le daba una perspectiva al hombre que lo convenciera de ver a su chica diferente. Mientras tanto ella se estaba preparando psicológicamente para respondele como lo haría ella, aunque no recordaba ni siquiera su nombre.
Mientras ambos hombres hablaban a medida que salían, ella fue acomodando sus manos y el tono de su voz, de modo que se pudiese comportar como ella.
—Oh, ya llegó su transporte. Es una pena que no vengan con nosotros en el bus hasta Seattle —dijo el pelirrojo al CEO, a medida que caminaban juntos hacia la limusina negra que se asomaba imponente detrás del bus escolar.
Las demás parejas y los que se había separado, ya estaban listos en su bus, mientras que Dove seguía dando respiración para calmar sus nervios. Tenía que hacerlo, costase lo que costase.
De la nada, un autobús azul rey pasó por la otra acera de la carretera, donde se veía a la novia del CEO despidiéndose con una sonrisa forzosa. Sabía que le estaban apuntado, para obligarla a hacer eso, sin embargo, le sorprendía que no estuviese gritando o tratando de escapar.
Su mirada casi aguada, tratando de evitar llorar, se centró en la mujer que se estaba haciendo pasar por ella y a su novio, a quien extrañaba y quería que la protegiera. Si no hubiese sido por que había sido un completo desastre con su novio, probablemente estaría en casa tranquilos, sin ninguna preocupación.
Qwueia poder gritar y correr a él, pero su vida peligraba si hacia algún movimiento en falso y aún quería saber qué pasaría con ella.
Dolió su corazón en cuanto pensó que ella era otra persona y tomó de la cintura a la mujer que le había traído desgracia, sin embargo, estaba muy confundida. No sabía si todo eso había sido planeado por ella para llevarse al CEO o por él.
—Fue un placer haber participado, nos han hecho un gran favor. Necesitaba este respiro para conocerme mejor y poder reconciliarme con esta hermosura —tomó de la cintura a Dove, llenándola de escalofríos. Esperaba que la cercanía no le fuese a confundir.
—Estoy más que seguro que si —les abrió la puerta trasera de la limusina—. Aquí está su novia, seño Howart —tomó de la mano a la chica, después de que el CEO se subiera—. Que tengan un feliz viaje —dijo.
—Muchas gracias, Franco, ten un lindo día —despidió el CEO, a medida que la limusina se iba alejando del lugar. Recuperó su teléfono celular y lo primero que entraron fue mensajes, más sin embargo, prefirió responder las llamadas, para comenzar a adelantar su trabajo con su secretaria, olvidando por completo la existencia de Neila (Dove).