No había visto a Alec desde el viernes anterior en el restaurante ya que estaba rodando una escena de una película en otra ciudad. Era genial no tener que verle la cara, pero aquello me dejaba con demasiado tiempo para darle vueltas a lo que había pasado durante el desastre de la comida. Alec tenía razón; estaba celosa, y aquello me asqueaba. Era una idiotez porque, a) era un c*****o integral, y b) todo aquello era de mentira y acabaría muy pronto. Mis celos no podían llevar a nada bueno. Alec y yo éramos completamente opuestos en todo y lo que tenía que hacer era marcar unos límites. ¿Por qué debía importarme si le interesaba una de sus coprotagonistas? La idea era ayudarlo en su carrera profesional, no ponerle impedimentos. El lunes todo el mundo de la oficina se dedicó a mirarme mal

