Al final de mi turno me pasé por el despacho de Broderick para ver si necesitaba algo más antes de que me marchase por hoy. Broderick estaba de pie junto a las ventanas de cuerpo completo, observando la calle de debajo. Estudié su figura. Era musculoso, pero no de un modo tan firme y tonificado como su hermano. Broderick tenía buen aspecto vestido de traje, pero Alec te hacía la boca agua. Rechacé aquellos pensamientos y me acerqué a su mesa. ―¿Necesitas algo más? Él siguió mirando por la ventana. ―No. Puedes irte a casa. «De acuerdo. No te gires. Tú simplemente actúa como si yo no existiera. Da igual». ―De acuerdo entonces ―anuncié, girándome a medias hacia la puerta―. Nos vemos mañana. ―Espera ―me llamó. Me detuve y lo miré. Broderick levantó la vista, mirándome a los ojos.

