La noche había caído una vez más sobre Ainsworth, trayendo consigo el silencio y la promesa de un descanso que Elinore rara vez encontraba, un respiro efímero de la incesante tensión. Después de los intensos días de planificación con Kaelen, de la tensión palpable que vibraba entre ellos como una cuerda estirada, y la abrumadora carga de la inminente batalla que se cernía sobre sus cabezas, el sueño era su único refugio, un santuario en la oscuridad, y la Esfinge, su confidente más recurrente, la única a la que podía confiar sus miedos más profundos. La criatura enigmática se había convertido en una presencia constante en sus sueños, una mentora silenciosa cuyas verdades, por crípticas que fueran al principio, siempre resultaban ser la clave para los desafíos monumentales que enfrentaba. E

