Capítulo 8

1656 Palabras

Los días siguientes se llenaron de una actividad febril en el castillo, una energía que hacía mucho tiempo no se sentía en los sombríos pasillos de Ainsworth. Guiada por Elinore y la Reina Lyra, la despensa se abrió de par en par, y el aroma de pan y del grano llenaron el aire. Los sacos de semillas, el pan que parecía recién horneado, las cabras y la carne de jabalíes recién cazados, un lujo inimaginable hasta hacía poco, comenzaron a distribuirse entre los súbditos de Ainsworth. Elinore, con su madre a su lado, supervisaba cada reparto con una atención meticulosa. Se movían entre la gente, no desde la distancia impuesta de una monarca, sino con la cercanía y la compasión de una protectora. Sus propias manos, a menudo entumecidas por el frío, entregaban raciones, sus voces suaves ofrecían

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