Martina llora apretando la fotografía en su pecho, nunca entendió por qué su Eva era rubia y no le veía rasgos parecidos con ella, pero la amo incansablemente, ahora en este momento descubre una verdad en el peor momento de su vida, lo que más desea es abrazar y poder tener a su lado a su verdadera hija, aunque sea un instante antes de que su vida se apague, poco a poco su respiración se va regularizando y mira a Carmen directamente a los ojos.
—¿Estás segura de que esta es la dirección donde vive mi hija? — Pregunta con un nudo en la garganta que no la deja pasar saliva.
—Si no lo estuviera, no estaría en este pueblo, vine a terminar mis años de servicio y a reparar un poco mi grave error. — Dice con pesar.
—Pero lo que estás haciendo es terminando de matarme, ¿Por qué cometiste algo tan cruel y despiadado como quitarle su hija a una madre que la anhelo con todo su corazón, eres una mala mujer, aun cuando me dices esta verdad, que puedo hacer con ella, me estoy muriendo y lo único que deseo es ver a mi hija, esta mujer que desconoce de mi existencia y quizás nunca lo sepa. — Dice con un profundo dolor, sus lágrimas no dejan de salir de sus ojos.
—¿Por qué dices eso? — Cuestiona Carmen.
—Estoy enferma, moriré y eso pesará en tu conciencia, me arrebataste diecinueve años de vivir a su lado. — Dice con las lágrimas saliendo de sus ojos sin control.
Se levanta con el sobre en sus manos apretándolo a su pecho, en este momento es lo más sagrado, la única imagen que tiene de su verdadera hija, no sabe qué hacer, no sabe hacia dónde ir, no tiene dinero, con el frío que hace y los dolores no llegaría, piensa en Eva, ella puede ayudarla e ir juntas a Barcelona, sabe que ella ha estado guardando dinero para irse del pueblo.
Decide caminar por el campo, ha vivido toda su vida en ese pueblo, salir a explorar, no sabe si lo aguantará, no conoce nada aparte de lo que ve a su alrededor, por eso no quiso irse con el padre de su hija y él no podía permanecer en el pueblo, si tan solo lo hubiera acompañado todo sería diferente.
Luego de caminar por varias horas, sumida en sus pensamientos, vuelve a casa, una casa que ya no le da la calidez que debería, una que no representa lo que antes era y no compagina con todo lo que hay a su alrededor, abre la puerta para entrar y una vez cerrada la puerta siente todo tan diferente.
—Será la muerte y melancolía que me tienen de esta manera. — Dice en susurros y niega, ve la luz de su habitación encendida y va hacia ella.
*
Eva deja todo listo para irse, trata de mantener las distancias con los empleados, con su peluca negra, trata de pasar desapercibida cada día, no quiere ser señalada como la mujer pobre que es, sin estudios o empleada de servicio, su sueño es ser una mujer respetada ante la sociedad.
Pero la vida la llevo a vivir en una pequeña casa con dos mujeres que se ganan el pan de cada día con esfuerzo, de pequeña su madre le dio todo lo que a su alcance ha estado, pero para ella no ha sido suficiente, termina por tomar su bolso y antes de salir se mira en el espejo para verificar que todo está en orden, no quiere que sus cabellos rubios se salgan de lugar poniéndola en evidencia, quedaría en ridículo.
Termina de salir de la campiña como todas las empleadas que no duermen en ella, no busca cruzarse con su tía, la detesta solamente agradece haberle conseguido este empleo, con el dinero que gana podrá salir del pueblo pronto e irse a la ciudad y encontrar el camino que la lleve a la gloria, sonríe con ese pensamiento y termina por subirse a la camioneta que los llevará a todos los empleados a la entrada del pueblo.
Luego de quince minutos dejan a todos los empleados, para que puedan seguir el camino a casa o donde lo deseen, después de unos diez minutos más de caminata hacia la colina, llega a casa y no encuentra nada preparado, como pensó, tampoco está su madre, Eva termina por entrar a la habitación.
Minutos después llega su madre, con la cabeza gacha sin decir palabra alguna.
—Mamá otra noche, que no preparas la cena. — Dice con reproche mientras se quita la peluca.
—No hay comida, hoy les dieron su pago, con eso podre ir mañana a hacer mercado y surtir un poco la alacena, pero en estos momentos no me pidas nada, no me siento bien, tengo mucho dolor. — Dice con un poco de dificultad, mientras se acuesta en su cama.
—Otra vez con tus quejas, pasas todo el día sin hacer nada, solo vas un rato al puesto de tu amiga a vender frutas y ni siquiera puedes tenernos un plato de comida adecuado. — Continúa su diatriba incesante, Martina presiona fuerte los ojos aguantando otras de sus punzadas que la llenan de dolor, piensa que no puede darle muchas vuelvas al asunto, pero en este momento no quiere tratarlo.
—Hay algo muy importante que tengo que decirte, mañana antes de que te vayas al trabajo lo conversamos, en estos momentos solo quiero descansar, por favor no llegues tarde. — Dice Martina al ver que Eva saca una de sus mejores ropas y la coloca en su cama, la rubia nada más rueda los ojos con las palabras de su madre.
—Como tú digas. — Dice mientras niega, se acerca a la vieja peinadora de su madre y encuentra el sobre que llama su atención.
Su madre no es mujer de tener documentos ni nada parecido, por lo que le da curiosidad, saca su contenido, voltea a ver a su madre que mantiene los ojos cerrados mientras está abrazada a la sabana, ve que son fotografías y una dirección, no conoce mucho, pero el apellido le parece refinado y la dirección es en Barcelona una gran ciudad, se pregunta cómo su madre puede conocer a esas personas.
Detalla mejor a cada de uno de ellos y se tapa la boca sorprendida, la mujer mayor que está en la fotografía es muy parecida a ella, los mismos ojos, el mismo color de piel, son muchos detalles que no lo cree, voltea a mirar a su madre y definitivamente no puede decir que son familia; sin embargo, la mujer más joven si se parece a ella, podría decir que más de lo necesario.
—¿Quién es Alicia Alcázar, mamá? — Pregunta estremeciendo cada centímetro del cuerpo de Martina, no quiere abrir los ojos, justo en este momento no quiere hablarlo, aún no sabe si está lista para decirlo en algún momento, aunque sabe que es de vital importancia y podría ser también su oportunidad de encontrar a Virginia.
—Hija de eso, te hablaré mañana, disfruta tu fiesta con tus amigos, por favor. — Pide en súplica, la mujer toma la fotografía y se acerca a su madre, con el corazón golpeando su pecho, no puede dejar la conversación a medias, necesita respuestas y está decidida a encontrarlas.
—No me iré hasta que me expliques ¿Cómo puedo parecerme a una mujer tan refinada y vivir en este mugroso pueblo? ¿Es algún familiar de mi padre? Dime quién es esta mujer mamá. — Cuestiona con los sentidos alterados.
—Eva, por favor, no hables de esa manera, vivimos en un lugar maravilloso, has tenido amor, protección y atención, pero nada de lo que hago a ti te gusta, alguna vez te has preguntado cómo me siento ¿No verdad? Entonces déjame, por una vez en tu vida permíteme descansar, mañana te doy todas las respuestas que necesites. — Expresa y se voltea para darle la espalda a Eva.
—Si vas a volver con tu discurso de la vida y bla bla, no me interesa, pero un día no muy lejano podré irme de aquí y no sabrás de mí, estoy cansada de esta vida de mierda, tener que lavar y limpiar la mugre de esos ricachones cuando debería ser yo quien de las órdenes y maneje grandes sumas de dinero para no hacer nada. — Dice con prepotencia, Martina siente dolor por sus palabras, no entiende que hizo mal, porque ella siempre debe ser tan hiriente y malagradecida, por lo que las palabras salen solas de su boca sin poder evitarlo.
—¿Quieres esa oportunidad que tanto has pedido a la vida? ¿Quieres irte de este pueblo? — Pregunta con la voz entrecortada.
—¿Quién me dará esa oportunidad, tú? Por favor. — Habla en tono de burla, su madre aprieta las manos en puños.
—Sí, pero debes prometerme algo antes. — Dice con la mirada fija en Eva, quien rueda los ojos y asiente. — Harás que mi verdadera hija venga a verme antes de que yo muera. — Expone su condición, siente que sus últimos días están por acabar, un viaje no lo soportaría, Eva ríe por sus palabras.
—Mamá, yo soy de esta manera y nadie podrá cambiarme ni siquiera tú ¿Hasta cuándo lo vas a entender? Yo Eva, soy tu hija, aunque no lo quiera y no abra nada en la tierra que cambie lo que soy, tampoco entiendo por qué hablas de muerte, hoy de verdad te está fallando la razón. — Dice finalmente.
—Digo la verdad Eva, tengo cáncer con poco tiempo de vida y mi verdadera hija es esa mujer que vez en la foto, Virginia Alcázar, si tanto reniegas de lo que te he dado, esta es tu oportunidad, busca a tus verdaderos padres, pero por favor, has que mi hija venga a verme antes de que mi vida se apague por completo. — Termina de decir quejándose del dolor mientras presiona su estómago.
Eva retrocede tres pasos, por la impactante noticia, ella una Alcázar, ve las fotos y no puede creerlo, tapa su boca con una sonrisa, poder lucir como esas mujeres es lo que tanto ha deseado, con un apellido de renombre y en una gran ciudad lejos de las personas que ha visto toda su vida.
—Espero que esto sea verdad y no una broma, porque si no, terminaras por perderme. — Dice en amenaza a su madre, Martina la mira sin poder creer lo frívola que puede ser Eva.
—¿Cuál es todo el revuelo que tienen aquí? — Pregunta Sara, llena de ira y con un evidente cansancio en su rostro.
—Que por fin podre irme de este espantoso lugar, vivir la vida que me merezco, pero antes de que eso suceda quiero decirte una cosa, eres una vieja metiche y amargada, estoy feliz de que nunca hayas podido tener un hombre en tu vida y que no llevo tu sangre, te detesto con todo mi corazón. — Dice soltando todo lo que tenía atorado en su garganta.
Sara y Martina se quedan sorprendidas con las palabras de ella, ha sido una niña rebelde y caprichosa, pero jamás decir palabras tan despreciables.
—¡EVA! — Grita Martina.
—Eres una insolente malagradecida. — Dice soltándole una bofetada que le voltea la cara.
—Este golpe, nada más, dolerá minutos, pero lo que a ti te recorre por dentro y lo que representas no se te va a quitar nunca… — Responde con altanería y rabia. —Seré una mujer con dinero y poder Sara, eso es algo que en tu vida podrás soñar. — Dice saliendo de la habitación.
—¿Por qué esa niña ha dicho tantas insolencias Martina? — Pregunta a su hermana que llora con profunda tristeza, siente que debió guardarse la verdad, no reconoce a la mujer que unos instantes estaba con ellas, con una fuerte agresión verbal hacia las mujeres que le dieron todo lo que hoy tiene.
—Eva no es mi hija, ella es hija de una familia rica y poderosa Sara, acabo de enterarme mi hija es la que ellos han criado como suya, me he perdido toda su vida. — Dice con lamentos, Sara abre grandes los ojos.
—¿Quién te ha dicho semejante mentira? — Pregunta con las manos en su boca con incredulidad.
—Carmen, la enfermera que me atendió el día que di a luz, necesito conocerla, hermana, me estoy muriendo, no me queda mucho tiempo, por favor ayúdame.