Eva sale de esa habitación con las emociones a flor de piel, todavía se pregunta si es cierto que las personas de la foto son sus padres, Martina no es una mujer mentirosa, jamás la negaría como hija, si le dijo que no es su hija, es porque no lo es, aparte el parecido que tiene Martina con la chica de la foto es mucho, a pesar de las arrugas y el cabello canoso, las facciones son idénticas.
Para ella es un sueño hecho realidad, brinca sobre sus pies de la emoción, mientras se tapa la boca para no gritar, trata de calmarse un poco, necesita salir de la casa, pero se fija que no se cambió de ropa, por todo lo que sucedió en la habitación, se pregunta si su amiga Andrea aún estará en casa.
—Espero que sí, porque no quiero otra discusión que me arruine la noche. — Dice en susurros con su mirada fija en la habitación.
Ve la hora en su reloj, aún está a tiempo, será su última noche en San Martín de Trevejo, un pueblo que para ella no la ha dejado crecer, con los ahorros que tiene será suficiente para llegar a Barcelona, pero de ocurrir un contratiempo solo tendrá dos opciones volver algo que no está en sus planes o quedarse una semana en un lugar sencillo y conseguir un trabajo para sostenerse.
Decide salir de esa casa y buscar a su amiga para que le preste algo de ropa, esta noche será su despedida del pueblo, por fin podrá encontrar un camino mejor, guarda la dirección en su bolsillo y baja la colina, minutos después está tocando la puerta de la casa de su amiga, la puerta se abre y Andrea la mira con el ceño fruncido, una chica bajita, cabello castaño y ojos miel, con buen gusto por la ropa.
—¿Es la hora de irnos o yo tengo la hora equivocada? ¿Pasó algo? — Pregunta con su mirada fija en Eva.
—Paso, que hoy será mi última noche en este pueblo ¿Puedes prestarme algo de ropa? Surgió un contratiempo en casa. — Pregunta señalando su vestimenta, Andrea termina de abrir la puerta para que ella pase.
—¿De qué hablas? ¿No me digas que ya tienes el dinero para irte? — Dice con emoción, Eva sonríe por su ingenuidad.
—Algo así, ¿Tienes algo que pueda quedarme? No puedo ir de esta manera al bar. — Andrea la detalla y frunce el ceño, nunca la había visto vestir de esa manera, demasiado simple para lo coqueta que suele ser Eva.
—Para ser la asistente personal de la señora Blanca, vistes como una mucama Eva. — Expresa caminando hacia su habitación, Ella la sigue con nervios, no pensó en eso cuando salió de casa.
—Estaba aseando mi casa, no puedo estar tan arreglada mientras hago la limpieza ¿No crees? — Pregunta para luego presionar los labios.
—Toma, esto te servirá. — Dice extendiéndole un conjunto de pantalón con un abrigo lila.
—Eres la mejor amiga. — Expresa abrazándola.
Eva entra al baño, se ducha y viste con la ropa que le ha dado Andrea, los padres de su amiga tienen la tienda de abasto más importante del pueblo, nunca han sospechado de sus orígenes porque desde pequeña fue muy independiente, con eso pudo evitar que las personas del pueblo se enteraran quién es su madre, se maquilla un poco con el maquillaje de su amiga y ya está lista.
—Estoy lista. — Dice saliendo del baño, en una pose de diva que hace reír a Andrea.
—A festejar tu nueva aventura. — Dice con emoción Andrea.
Salen de la casa, bajan al bar del pueblo, se encuentran con dos amigas más, Sabrina, una chica de piel muy blanca y ojos oscuros como la noche, Marcia de piel clara y cabello rojo, a su lado, el chico más lindo del pueblo que corteja a Eva, Leonardo un rubio de ojos azules, amigos desde hace cinco años, todos con un empleo bien pagado en comparación a Eva, algo que todos ignoran.
—Tan hermosa como siempre mi Eva. — Dice llegando hasta ella para darle un beso en los labios.
—Solo por esta noche, Leo. — Él sonríe ampliamente ante los planes que tiene.
—¿Eso es una invitación querida Eva? — Cuestiona, sensual, ella le da una mala mirada.
—Vamos a pedir la primera ronda. — Dice Sabrina interrumpiéndolos.
Así empieza la noche, una que disfruta Eva al máximo, lo que pueda suceder mañana será crucial para su vida, entre bebidas y bailes pasan un rato, Eva siente que ya ha sido suficiente, no lo disfruta como antes, la ansiedad de que amanezca y se encuentre camino a su nueva vida, le impide disfrutar con plenitud, sin decir nada trata de escabullirse, este es el fin de esta noche para ella, Andrea sabe que sé ira, con eso le basta.
Cuando está saliendo del bar, Leonardo la intercepta, ella lo mira con fastidio, ve que tomo más de la cuenta y su rostro lo refleja, Eva trata de rodearlo para irse, pero no lo logra.
—Basta, necesito irme ¿Puedes hacerte a un lado? — Pregunta con molestia, el chico niega.
—¿Te vas a ir sin despedirte de tu novio? — Cuestiona con una mirada profunda.
—No confundas pasar el rato, con un noviazgo, nunca pasarías a ese nivel en mi vida. — Dice con altanería, el hombre la ve con una sonrisa ladeada y niega, para tomarla del brazo.
—No entiendo para qué finges ser lo que no eres Eva, esos aires de grandeza no te sirven de nada conmigo, eres la hija de Martina Rodríguez, la mujer que vende frutas en el pueblo y trabajas como mucama en la campiña con la familia del Toro no como asistente de la señora Blanca del Toro, como tanto presumes. — Dice con un tono muy bajo, pero suficiente para perturbar el rostro de ella, traga grueso al sentirse al descubierto, pero no dura mucho en recomponerse, no dejará que nadie la vea inferior.
—Estás equivocado, para qué inventas tantas cosas. — Dice firme frente a él, sube sus manos por su pecho poco a poco y se acerca a su oído lentamente. — La diversión se acabó y lo que pienses de mí me tiene sin cuidado, yo lograré grandes cosas y lo que digas de mí nunca, pero escúchame bien, nunca opacará lo que soy. — Dice sutilmente, dejándolo enojado y frustrado.
Eva sube por la colina sin importarle nada, ni nadie, las horas en ese pueblo están contadas, se acerca al lugar donde ha vivido toda su vida, no puede creer como fue a parar a esa casa que en cualquier momento se caerá a pedazos con esas mujeres.
Poco a poco abre la puerta para evitar hacer ruido, no quiere reclamos a altas horas de la noche, ingresa a su habitación y encuentra a su madre dormida, se quita la ropa y se cambia por algo más cómodo para dormir, se acuesta en su cama, quedándose profundamente dormida.
**
A la mañana siguiente Eva, se levanta con mucho optimismo, su madre ya se levantó, ya que su cama está tendida, aprovecha que no está en la habitación para meter lo más valioso que tiene en un bolso, sale de esa habitación para el único baño de la casa, se asea y se viste con un mono y suéter deportivo junto a unos tenis un poco desgastados, se coloca un poco de rubor en sus mejillas y brillo en los labios, quiere estar lo suficientemente cómoda para el largo viaje que tendrá.
Termina de salir del baño y vuelve a su habitación por el bolso, pero su madre la está esperando.
—¿Ya te vas? — Pregunta Martina con un poco de tristeza.
—¿No era eso lo que querías? — Pregunta Eva de brazos cruzados.
—Eva, a pesar de que no llevamos la misma sangre, siempre vas a ser mi hija y te quiero. — Expresa acercándose a ella, pero Eva retrocede.
—Sin sentimentalismos Martina, si tu hija al final decide no venir a este lugar, no la culpo, te aconsejo, no la esperes. — Expresa tomando su bolso para salir de esa casa.
Dejando a una Martina conmocionada, triste y con el corazón destrozado. Eva camina erguida, por el pueblo, muy orgullosa de lo que la vida le depara de ahora en adelante, después de caminar un poco encuentra un auto que la llevara hasta la estación de buses donde comenzará el largo camino.
Una hora después llega al terminal de buses y camina hacia la taquilla, le esboza una gran sonrisa a la mujer seria que se encuentra frente a ella vendiendo los boletos.
—Buenos días, un boleto para Barcelona, por favor. — Dice con una sonrisa.
La mujer le entrega el boleto y ella paga, le explica por dónde debe caminar para llegar a él, luego de cinco minutos sube a él, entregando su boleto, toma asiento en el puesto pegado a la ventana, luego de estar todos los pasajeros en sus asientos arranca.
—Hasta nunca San Martín de Trevejo. — Dice con una sonrisa.
De esa manera comienza el camino hacia Barcelona, la ciudad donde, espera encontrar a sus verdaderos padres, trata de dormir todo el camino, es largo con paradas para comer un poco, pero Eva siente que no puede pasar bocado hasta llegar, mientras que cada vez está más cerca, siente el vacío en su estómago intensificarse, ha sido la primera vez que sale del pueblo a un mundo desconocido.
Pero lo desea con todo su ser, luego de unas largas doce horas de viaje, por fin puede ver letreros que le indican que se encuentran en Barcelona, todo moderno, edificios hermosos, fuentes, personas relajadas por los alrededores, todo es tan diferente que le encanta, el bus comienza a reducir la velocidad y ve como poco a poco se estaciona, la puerta se abre indicando que llego el momento bajar.
La rubia baja del bus con su bolso apretándolo a su costado y suelta un suspiro, hace un poco de frío, la noche ha caído, necesita urgentemente conseguir un taxi, no puede permitirse que se le haga más tarde, llega a la línea de taxis y le da la dirección a uno de los hombres, la mira de arriba abajo.
—¿Segura de que está, es la dirección? — Pregunta con duda.
—Totalmente, o ¿Tengo que buscar a otro que me lleve? — Pregunta con una ceja alzada y brazos cruzados.
—No, tranquila, yo la llevaré ¿Tiene algún equipaje adicional? — Pregunta al verla únicamente con un bolso de mano.
—No, solamente esto…— Dice señalando su bolso y se introduce al auto. — ¿Podemos irnos? —Pregunta un poco irritada por la lentitud del hombre.
—Sí, enseguida. — Indica cerrando la puerta de Eva, sube al puesto del piloto y arranca inmediatamente.
Luego de haber recorrido las calles de Barcelona por un largo rato, sus alrededores comienzan a cambiar, introduciéndose en una zona sofisticada con amplias mansiones y carros de lujo estacionados, eso hace que los ojos de la rubia se iluminen.
—Llegamos, señorita, ¿Necesita que la espere? — Pregunta sacándola de sus pensamientos, Eva lo ve un poco molesta.
—Aquí me quedo, no hace falta, puede irse, tome. — Habla de mala gana, pagándole el servicio y termina por azotar la puerta, el taxista arranca inmediatamente.
Eva trata de calmarse un poco, la lentitud del hombre la irrito más de lo necesario, respira profundo y se voltea, ve una majestuosa mansión y un hombre delgado de mediana edad se acerca a ella.
—¿En qué la puedo ayudar, señorita?
—Busco a Marcelo y Alicia Alcázar. — Dice con una gran sonrisa.
—Los señores no tienen visita hoy ¿Cuál es su nombre?
—Eva Rodríguez, soy su hija. — Dice alzando su mentón, el hombre la mira como si estuviera loca.
—Señorita, lo siento, pero no puede pasar, debe irse.
—No, pero ¿Por qué? — Cuestiona mientras siente como el hombre trata de alejarla de la mansión y ella trata de zafarse, la adrenalina corre por su cuerpo.
—PERO QUE LE PASA, RESPETE, DIGO LA VERDAD, LUEGO DE ESTO SE ARREPENTIRÁ. — Grita con rabia, el hombre cada vez hace más presión por la resistencia que pone la rubia.
—Hago mi trabajo, usted no debe estar aquí. — Dice de manera tajante.
—SOY UN ALCÁZAR, ERES UN ABUSADOR, POCO HOMBRE AL TRATARME DE ESTA MANERA, PERO ME CONOCERÁS, SABRÁS QUIÉN SOY.
—¿Qué pasa José? —Pregunta un hombre mayor bajándose de su auto, el vigilante se incomoda ante su imponente presencia, Eva se gira a verlo y lo reconoce, le sonríe y se acerca a él.
—Soy tu verdadera hija, Eva. — Dice con una sonrisa, que deja descolocado al hombre frente a ella.
—¿Pero qué dice esta joven, Marcelo? — Cuestiona una mujer rubia, platinada, los tres cruzan miradas, tanto Marcelo como Alicia se quedan de piedra al detallar a Eva.
—¿De dónde saliste tú?