Hablan los dos al unísono, Eva se siente nerviosa, ambas personas frente a ella la intimidan, fue valiente al venirse sin pensárselo tanto, solamente con la idea de obtener lo que quiere, pero ahora ya es un hecho, está en Barcelona frente a las personas que posiblemente son sus padres, pero nada puede darlo por hecho, no aún.
De no ser su hija, pasará la vergüenza de su vida y será vista como una loca, trata de calmar los nervios y se recompone.
—Soy hija de ambos, una enfermera me cambio al nacer, por la mujer que, hasta el día de hoy, creían era su hija. — Dice de manera pausada, Alicia la mira de arriba abajo y niega tapándose la boca mientras retrocede, su esposo la sostiene.
—Eso es imposible, estuvimos pendiente de que todo saliera bien, no pudo haber ocurrido ningún intercambio. — Expresa, Marcelo con enojo, pero en su mente hay miles de cuestionamientos, no puede negar el parecido con su esposa, es su mismo retrato de cuando era joven.
—¿Están seguros de ello? — Pregunta Eva acercándose a ellos, Alicia pone una mano en alto.
—¿Cómo podemos creer en tus palabras? ¿Cómo fue que diste con nosotros? — Pregunta Alicia soltándose de los brazos de su esposo, mientras se acerca a ella.
—Usted me trajo al mundo en San Martín de Trevejo, la enfermera que la atendió a usted también estaba al pendiente de la mujer que me crio, no necesitan conformarse con mis palabras, solamente tienen que hacerme una prueba de sangre para confirmarlo oficialmente, porque para mí es un hecho, puedo verme en usted Alicia. — Dice con una sonrisa ladeada, los gestos y movimientos de la rubia los desestabilizan, Marcelo se calma para pensar con cabeza fría y tomar una decisión.
—Suban al auto, adentro conversaremos mejor este tema. — Indica Marcelo.
Ayuda a su esposa a ingresar, le abre la puerta a Eva, avanza pocos metros y ya se encuentra frente a su hogar, todos bajan en completo silencio, para Eva es un sueño, ve todo maravillada, trata de disimular su asombro ante las personas que se encuentran a unos pasos de ella.
Una empleada de servicio abre las puertas para ellos.
—Bienvenidos señores Alcázar, señorita. — Habla de manera educada mientras hace una pequeña reverencia, Eva entra indiferente al igual que Alicia, quiere parecerse en todo a esa mujer, que admira desde el primer momento que la vio, por lo distinguida y elegante que se muestra.
Ve su ropa y sabe que no encaja con el entorno a su alrededor, pero una vez se confirme su parentesco todo será diferente, mejora su postura y sigue a la pareja que camina por el pasillo, abren la puerta de una habitación y la invitan a pasar.
Le recuerda a la oficina que muchas veces limpio en la campiña del Toro, pero la diferencia, es que en este momento está como la futura dueña de todo lo que la rodea, sonríe para sus adentros, Marcelo toma asiento detrás del escritorio, mientras que Alicia en uno de los asientos al frente.
—Siéntate y háblanos de ti ¿Qué es lo que en realidad quieres? — Pregunta con seriedad Alicia, Eva traga el nudo que aprieta su garganta y seca sus manos sudadas.
—Vine a buscarlos, he vivido en una mentira, en una vida que no me corresponde con personas que no son mi verdadera familia. — Dice con voz baja y cara gacha, Alicia la mira y se conmueve un poco, pero Marcelo le dedica una mirada dura.
—¿Cuál es la vida que te corresponde Eva? ¿Una vida llena de lujos? ¿Dinero a manos llenas? — Cuestiona con frialdad su padre, la rubia sube la mirada y abre los ojos con sobresalto, Alicia mira a su esposo con una mirada fulminante que el hombre ignora, no tiene por qué atacar en este momento de esa manera.
—Una vida con el amor de mis padres, con las personas que sí velaran por mí y de quienes tendré su apoyo, pero tal parece que no me creen y piensan que solo busco su dinero. — Dice levantándose de su asiento y dedicándole una fría mirada al hombre que está frente a ella, no le baja la cabeza, por sus palabras, se gira y comienza a caminar hacia la salida.
Alicia la mira alejarse y algo que ella desconocía, siente apretar su corazón, un sentimiento que nunca sintió con Virginia y creía que era normal, mira a su esposo y le señala a la rubia, pero él mantiene una mirada seria, ella termina por levantarse.
—Solo son preguntas, no tienes por qué irte, no todavía, mañana te haremos un examen de sangre para saber si eres nuestra hija, una vez tengamos los resultados, podremos tomar una decisión, pediré que preparen una habitación para ti ¿Has comido algo? — Pregunta, la rubia niega y Alicia sale del despacho, Eva y Marcelo se dedican una fuerte mirada, que la rubia termina por romper, sale del despacho para caminar detrás de Alicia.
Siente que tendrá mucho trabajo, ese hombre no le cree a pesar de su parecido con su madre, también está, la mujer que ellos criaron no la ve por ningún lado, es su rival en todo esto, termina por llegar a un amplio salón con candelabros y un mueble muy suave, pasa su mano por él lentamente disfrutando de su textura.
Todo está en esa prueba, a partir del momento que se sepa el resultado podrá sentirse segura, antes de eso cualquier cosa puede pasar.
—¿Cómo ha sido tu vida, Eva? — Cuestiona Alicia mientras toma asiento en el sofá y palmea su lado para que ella le haga compañía, Eva camina poco a poco hacia ella, se sienta tomando sus manos y mirando a la nada.
—Mi madre fue una madre soltera, me brindo educación y estuvo para mí en todas las etapas de mi vida. — Dice sin dar más detalles que terminen por rebajarla ante la mujer educada que tiene a su lado.
—¿Es decir que tienes una carrera? — Pregunta con una sonrisa.
—No, tuve que trabajar, siempre he tenido aspiraciones y en el pueblo no iba a conseguir todo lo que quería, hay muchas limitaciones y mi objetivo era ir a una gran ciudad para cumplir mis sueños. — Alicia presiona su mano en apoyo.
—No te preocupes, aquí podrás lograr todo lo que te propongas. — Dice con convicción, Eva sube las comisuras de sus labios.
—Aún falta realizar los exámenes para asegurar algo como eso. — Expresa con la mirada gacha.
—Yo no necesito un papel que diga que eres mi hija, yo lo siento, es algo que nunca me paso con Virginia, ahora entiendo por qué. — Dice con la mirada seria.
—¿Ella está en su habitación? — Pregunta con una profunda curiosidad, la mujer frunce los labios ante esa pregunta.
—Desde que cumplió los 18 años viaja por todo el mundo, dice que es un alma libre y nada la detendrá. — Dice con una sonrisa escasa de alegría, a Eva se le iluminan los ojos, quisiera poder ser ella en estos momentos, conocer muchos países, sin preocuparse por nada.
—Eso es algo maravilloso. — Dice Eva, con una sonrisa, su madre la ve, analiza y frunce el ceño.
—¿A dónde te gustaría viajar? — Pregunta Alicia con su mirada fija en la rubia que sonríe de nada más imaginárselo.
—Nunca he salido de San Martín, este es mi primer viaje, me encantaría conocerlo todo, pero quizás es un sueño demasiado alto. — Expresa viendo hacia el piso mientras patina sus pies.
—Te puedo asegurar que no quedará en un sueño, vayamos al comedor, tu comida ya debe estar lista. — Dice la mujer mientras se levanta del sofá y la guía.
A Eva, le alegra Virginia, es lo que más desea en este momento, de Virginia tendrá que encargarse cuando esté en casa, pero todo sucederá en su momento, cuando entran al comedor encuentra un pequeño banquete, una vajilla puesta y una copa de vino.
—¿Es solamente para mí? ¿No comerán? — Cuestiona al ver que no hay más platos en la mesa.
—Oh no, Marcelo tuvo una cena de negocios, para mí fue suficiente, come todo lo que desees, yo te acompañaré. — Explica sentándose en el lugar que le corresponde al lado derecho de la cabecera de la mesa y Eva a su lado.
Eva termina por tomar asiento y ver toda esa cantidad de comida, es asombroso para ella, tiene todo para escoger, un pequeño golpe de culpa se incrusta en su pecho, pero lo deshace inmediatamente, esta es la vida que merece y que le corresponde aunque haya tomado un camino diferente sus primeros diecinueve años.
Comienza a comer pausado, ha visto como lo hacen las mujeres de la campiña, y sabe cómo debe hacerlo, para lo que ella siempre ha querido tener, se ha preparado, aunque no sea con clases de etiqueta de una instructora certificada, Eva sabe cómo se comportan las mujeres de sociedad, termina de comer con la atenta mirada de Alicia, llama a una muchacha de servicio para que se lleve todo.
—¿Deseas comer algo más? — Pregunta tomando su brazo sutilmente.
—No, gracias, todo estuvo delicioso, pero ya estoy cansada. — Expresa un poco apenada.
—Sí, es comprensible, subamos, tu habitación ya está lista, mañana saldremos a primera hora, mientras más rápido tengamos los resultados, Marcelo estará más receptivo contigo. — Expresa tratando de excusar un poco a su esposo, Eva solamente asiente y la sigue.
Suben unas amplias escaleras con acabados de madera oscura, un barandal del mismo material, hermosas pinturas con paisajes en las paredes, terminan de subir, el pasillo lleno de jarrones con flores hermosas, todo impecable, Alicia se detiene en una puerta.
—Esta será tu habitación, está al lado de la nuestra, si necesitas algo no dudes en llamarme. — Dice con una sonrisa, Eva le corresponde de la misma manera y abre la puerta luego que Alicia la ha dejado sola.
Nunca en su vida, había tenido una cama para ella sola, se tira en ella y rebota, suelta una carcajada como una niña, es tan cómoda, y suave, mueve sus extremidades como una niña, mientras mira el techo de la habitación, sin darse cuenta se queda dormida.
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Eva siente un ruido constante que poco a poco la va despertando, cada vez es más molesto, trata de buscar algo que pueda tomar para tirarlo hacia ese lugar, pero la claridad la golpea inesperadamente, se tapa el rostro con la almohada.
—TAN TEMPRANO VIENES A PERTURBAR MI SUEÑO, SARA. — Grita levantándose de golpe, llevándose el susto de su vida, Alicia está frente de ella, ve a su alrededor y recuerda donde se encuentra.
Por un momento pensó que todo era un sueño, pero no es así, le sonríe a la mujer que le dedica una mirada extraña.
—Lo siento, tuve una pesadilla, ¿Qué hora es? — Cuestiona buscando algún reloj a su alrededor, pero no lo encuentra.
—Son las siete, en una hora debemos estar en la clínica, nuestro doctor de confianza nos espera. — Explica Alicia al ver cada uno de los movimientos de Eva, ella le sonríe apenada.
—En diez minutos, estoy abajo. — Dice con inocencia, la mujer asiente y sale de la habitación.
Eva camina rápidamente al cuarto de baño, se asea, la lluvia artificial la relaja, incitándola a darse un largo baño, pero en este momento no puede darse ese lujo, sale del baño, saca ropa de su bolso un poco discreta, una blusa holgada floral con un suéter naranja y un pantalón blanco con unos zapatos del mismo color, cómoda sin llamar demasiado la atención.
Baja al comedor y Marcelo la ve sin decir ni una palabra, Alicia le sonríe, toma asiento a su lado y el desayuno inicia, luego de terminar el desayuno, se levantan y caminan a la salida, Marcelo le da un beso a su esposo y no voltea a mirar a Eva, se monta en un auto y se pierde de su vista, su actitud cada vez, incómoda más a la rubia.
—Tú vendrás conmigo, ya es hora. — Dice señalando el auto frente de ellas, ambas suben, el chofer arranca perdiéndose por las calles de Barcelona.
Luego de quince minutos llegan al hospital de Barcelona, una edificación blanca rodeada de árboles, Alicia baja con la ayuda de su chofer, seguida por Eva que en todo momento la sigue, la mujer camina por un amplio pasillo hasta que se detiene en una puerta con el nombre de un médico, “Dr. Manuel Fernández”.
Alicia pasa y se presenta al hombre mientras Eva inspecciona todo.
—Eva, ¿Puedes tomar asiento en la camilla, para tomarte la muestra de sangre? — Pregunta el hombre de algunos cuarenta años.
—Sí.