Cap.4

1137 Palabras
El jefe me ha tomado del brazo con fuerza, sus dedos hundidos en mi piel como garras de animal. Ya me e puesto el vestido rojo –el tejido fino se pega a mi cuerpo limpio y con olor a jabón, la falda corta me deja completamente expuesta, por más que laja hacia abajo aún queda corta. Mis ojos están llenos de lágrimas que me tragó hasta que me queman la garganta, mientras él me empuja hacia la cama, arrancando los botones de su camisa con una sola mano, sin poder aguantar más. —No temas, niña bonita—murmura, acercándose su rostro a mi cuello, y su aliento pestilente me hace estremecer de asco—. Pronto entenderás que esto es por tu bien... Antes de que pueda retroceder, sus manos agarran mis hombros, y el vestido lo bajan bruscamente, exponiendo un pecho. Un grito ahogado se atasca en mi garganta mientras sus labios sucios se posan sobre mi piel, mordisqueando y dejando marcas húmedas y dolorosas. Me esfuerzo por empujarlo con mis manos débiles, pero él me sujetó las muñecas con una sola mano, presionando contra la cama hasta que sentí que se iban a partir. Luego, sus dedos buscaron el borde de mi ropa interior, y antes de que pudiera reaccionar, ya la había rasgado en dos, el movimiento brusco quemó mi piel por el tirón y unas lágrimas salieron rodando por mis mejillas. Sus labios bajaron por mi abdomen, dejando un rastro de su asquerosa saliva y de mi vergüenza en mi piel. Cada contacto me hacía sentir como una herida abierta, como si estuviera siendo arrancada pedazo a pedazo. Sentí su aliento en mi zona íntima, y un dolor agudo se apoderó de mí cuando sus dedos rozaron mi piel sensible –en ese instante supe que su movimiento desesperado me había roto, solo pude morder mi labio sintiendo el sabor metálico de mi sangre por la mordida. No podía creer que mi virginidad haya quedado perdida solo por dos dedos de el, y dolía, dolía mucho. Quería perderme en la oscuridad de mis ojos apretados, Pero no lograba deshacerme de ese dolor. Justo cuando su mano se volvió a colocar sobre mí, listo para seguir con su atrocidad, se escucharon tres toquidos secos y firmes en la puerta –tan fuertes que hicieron temblar los marcos. El jefe se detuvo de golpe, gruñendo de ira mientras se ajustaba el pantalón y jalaba su camisa sin importarle que los botones faltaran. —¿QUIÉN SE ATREVE A Interrumpir me? —grita abriendo la puerta con un golpe que hizo temblar la pared. Un empleado pálido y tembloroso se mantenía a distancia, sus ojos desviados para no ver mi cuerpo semi-descubierto: —J-Jefe... es su hermano... Deymon llegó hace cinco minutos y dice que... que debe hablar con usted ahora. Dijo que esperará en el despacho. El jefe frunce el ceño, pero una sonrisa malévola se extendió por su rostro al mirarme de nuevo. Me observó detenidamente –mi cabello n***o desordenado sobre la almohada, mi piel blanca teñida de rojo por las marcas que él mismo había dejado, y mis ojos verdes llenos de miedo y rabia, aún inundados de lágrimas. A sus ojos, solo veía una pieza más para su colección, un premio para presumir. —Está bien, sirve que le presumo mi nuevo juguete ya no tan nuevo, dijo esto último chupando sus dedos aun con mi sangre en ellos. _Que vea entonces lo que me ha tocado —gruñó, agarrándome del brazo con tanta fuerza que grité de dolor—. Ese insolente siempre ha creído ser mejor que yo... ahora verá quién tiene la joya más rara. Intenté arrancarme de su agarre, tirando de mi cuerpo hacia atrás mientras suplicaba con voz rota y quebrada: —No... por favor... no me hagas ir ahí ¡déjeme en paz! Se lo ruego. Pero él solo me jaló con más fuerza, arrastrándome por los pasillos fríos y oscuros. Mis pies resbalaban en el suelo de mármol frio, y cada vez que tropezaba, él me tiraba hacia adelante como si fuera un objeto sin valor. Mi vestido todavía estaba bajado por los hombros, dejándome expuesta a la mirada de cualquiera que pasara, y el frío del pasillo me hacía temblar tanto que mis dientes chocaban. El camino hasta el despacho pareció interminable, pero cuando llegamos a la puerta de madera maciza, el jefe se detuvo un instante para ajustar mi vestido con manos bruscas –solo lo suficiente para cubrirme, pero dejando ver los moretones en mi cuello y hombros. Luego, abrió la puerta de un jalón. Dentro, la luz era más clara que en el resto del lugar. Un hombre alto y delgado estaba de pie frente a la ventana, con la espalda vuelta a nosotros. Vestía un traje n***o impecable, y su cabello oscuro y liso . Al escucharnos entrar, se giró lentamente. Sus ojos –tan oscuros que parecían dos pozos sin fondo– se posaron primero en el jefe, pero en un instante se desviaron hacia mí. Y en ese preciso momento, el aire se quedó en mis pulmones. No hubo sonrisa malévola, no hubo mirada de codicia vulgar como la de su hermano. Más bien, sus ojos se abrieron ligeramente, y un tic imperceptible se dibujó en su mandíbula. Sus ojos oscuros se quedaron fijos en mis ojos verdes, y pareció como si el mundo entero se hubiera detenido para el. El jefe se acercó con paso arrogante, poniéndose una mano sobre mi hombro de forma que me hacía doblarme ligeramente: —Mira hermano, ¿qué te parece mi nueva adquisición? Piel blanca como la nieve, cabello n***o y largo como el carbón y esos ojos verdes que no se ven todos los días... y lo mejor de todo, acababa de probar que es virgen –dijo con una carcajada áspera mostrando sus dedos. Pero Deymon no le prestó atención. Sus ojos no se movieron de mí ni por un segundo. Mientras yo me aferraba al vestido tratando de cubrirme más, sentí cómo su mirada oscura recorría mi cuerpo con una intensidad que me hizo temblar de una forma diferente a la del miedo que me había invadido antes. Era una mirada profunda, obsesiva, como si estuviera viendo algo que le pertenecía, algo que debía tener a toda costa. Se acercó un paso hacia mí, y su mano se extendió como si quisiera tocar mi rostro, pero se detuvo a pocos centímetros. Su voz salió baja y rasposa, como si tuviera sed: —...Verde... como la esmeralda más rara del mundo —murmuró para sí mismo, ignorando por completo la presencia de su hermano—. Y como si estuviera hablando de un kilo de frutas solo dijo... _Cuel es su precio? Lo pagaré ahora mismo..
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