Cap.5

983 Palabras
El aire en el despacho se volvió denso, pesado como el humo de un incendio, mientras el tiempo parecía detenerse en un instante de tensión palpable. Lili sintió cómo su corazón latía con violencia contra sus costillas –un torbellino de miedo y confusión por qué ese hombre, tan imponente como la noche, la quisiera para sí. Deymon la observaba con una intensidad que la hacía estremecer, pero no solo de temor: había algo en su mirada oscura, una mezcla de una fijación casi obsesiva y algo más que no lograba descifrar. —¿Qué? —escuchó el jefe preguntar, su voz cargada de desdén mientras ajustaba la camisa sin botones—. ¿Vas a pagar por un simple juguete? No tiene precio aún… no ves que me quedé a medias solo por tu visita inoportuna… Deymon no desvió la mirada de Lili ni por un instante. Su rostro era una máscara de calma inquietante, como si guardara un secreto que su hermano ignoraba por completo. Lili se sintió atrapada entre dos presencias abrumadoras –el jefe, con su crueldad al descubierto, y Deymon, con su oscuridad oculta– y no podía evitar preguntarse qué veía él en ella para quererla así. —No es un juguete —respondió Deymon, su voz baja pero firme, cortando la burla del jefe—. Si así la llamas, entonces los objetos que llamas tuyos tienen un precio. Y estoy dispuesto a pagarlo. El jefe soltó una risa burlona, pero Lili notó un destello de sorpresa en sus ojos avispados. Deymon dio un paso más cerca, y el calor de su cuerpo llegaba hasta ella, contraste helado con el frío del suelo de mármol bajo sus pies descalzos. —¿Cuánto? —repitió, ignorando la carcajada—. No aceptaré un 'no' como respuesta. Lili se sintió como un barco a la deriva en medio de una tormenta, atrapada entre dos fuerzas que la tiraban en direcciones opuestas. La tensión era tan densa que casi se podía tocar, y cada segundo que pasaba parecía alargar el instante de agonía. —¿Y qué quieres a cambio? —preguntó el jefe ahora con tono más serio, aunque el aire de arrogancia no abandonaba su rostro—. ¿Crees que puedes comprarla como si fuera mercancía y llevártela? Deymon curvó los labios en una sonrisa, pero no había nada de amabilidad en ella –era la sonrisa de alguien que conocía bien las reglas del juego y estaba dispuesto a jugar sucio. —Está bien, si la quieres, te la daré —dijo el jefe, pero su mirada se iluminó con una crueldad nueva—. Pero antes será mía por completo. Al fin y al cabo, lo que yo quiero para jugar por las noches es a su querida hermanita. La mención de Ana hizo que Lili se derrumbara de rodillas en el suelo frío. Las lágrimas brotaron de sus ojos sin poder detenerlas, mientras su voz se quebraba en súplicas: —¡Ana!… Así se llama mi hermana… Por favor, señor, no le hagas nada a ella. Haré todo lo que me pidas, sin protestar nada… Solo déjala en paz, te lo ruego. —¿Y si te digo que no? —El jefe se inclinó hacia ella, y antes de que pudiera reaccionar, le plantó un beso brusco y desagradable en los labios. Lili cerró los ojos con fuerza, sintiendo cómo la angustia la ahogaba. Deymon dio un paso adelante, su presencia imponente llenando toda la habitación, pero se detuvo en seco cuando el jefe sacó una arma de la espalda y la apuntó directamente a la cabeza de Lili. Un silencio sepulcral se apoderó del despacho. Lili sintió cómo su respiración se volvía corta y agitada, mientras la punta fría del arma parecía quemarle la piel a distancia. —Si quieres que deje en paz a tu tierna hermanita, tendrás que esforzarte mucho —dijo el jefe, señalando con la cabeza la bragueta de su pantalón con una sonrisa malévola. Lili llevó las manos hasta ese punto con movimientos mecánicos, las lágrimas cayendo sobre sus manos temblorosas, sin poder creer que llegara a ese extremo solo por salvar a la única persona que ama en el mundo. —¿No acabas de decir que me la entregarías? —Deymon intervino con voz áspera, y antes que nadie reaccionara, agarró a Lili del cabello de la nuca para separarla del jefe—. No puedes tocar lo que ya tiene dueño. —Tratos son tratos, Deymon —contestó el jefe, bajando la arma pero manteniéndola lista—. Hasta que no tenga a tu hermanita aquí, ella no se va de este lugar. Deymon asintió lentamente. Traer a una niña no representaba un problema para él –era conocido en los círculos de la mafia rusa, y el jefe ocupaba el puesto que él mismo había rechazado años atrás. Con un movimiento brusco, lo soltó. Lili se mantuvo de pie con esfuerzo, temblando de pies a cabeza, sin saber si sentir más perdida o aterrorizada. Pero cuando sus ojos se encontraron con los de Deymon, vio determinación en ellos… y eso la hizo entender que estaba dispuesta a hacer cualquier cosa, a romperse aún más si fuera necesario, para salvar a Ana. Deymon salió del despacho de su hermano, dejándola ahí de pie frente al jefe. __ Mírame Lili ! Dijo acercándose a ella. Mientas mi hermano no pague por ti sigues siendo de mi propiedad. Dijo esto mientras metía la mano por el escote de Lili, __ AHORA se buen niño y vamos a la habitación.. Y sin saber cómo sería destino ahora, fue tomada del brazo de nuevo y arrastrada por el frío y oscuro pasillo de nuevo, debatiendo la idea si correr y tratar de salir de ahí y simplemente cerrar los ojos de nuevo y perderse en sus recuerdos.
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