Adorable

1838 Palabras
Espero hasta las tres y media para tomar el cochecito alquilado –tengo que convencer a Saikano para que me siga hasta Baton Rouge el lunes para devolverlo y regresar con él – y dirigirme al canal Bywater. Como ya me había indicado, el taller está cerrado, pero, nada más detener el coche delante de la puerta alambrada, esta se abre, accionada desde el interior de la nave industrial. Introduzco el coche y cuando me bajo, Tom está esperándome en la portezuela del hangar. Se está secando las manos en un paño y me hace un gesto con la cabeza para que pase adentro. — ¿Qué ocurre? –me pregunta mientras cierra la puerta de gruesa chapa. El hangar está en penumbras, pero brota luz solar de su despacho. —Ayer fuimos a la sede de Dynamics Impulses para seguir con la investigación. Como ya le dije por teléfono, sospechamos que han estado utilizando la draga para realizar contrabando de drogas –le empiezo a contar, siguiéndole hasta su oficina. En ella, me encuentro con su nieta Jipper, que sonríe de una manera muy llamativa al verme. Al quedarme callado ante la chica, el anciano me mira y agita una mano. —Puede hablar de cualquier cosa ante Jipper. Está al tanto de todo y va a ser mi única heredera, así que… —me dice, señalándola. —Bien, el caso es que el gerente, un tal Hanwesh, me escamó un tanto. Parecía guardarse algo y seguí mi instinto. Le estuve siguiendo hasta que me condujo a una casa de… señoritas de compañía –rectifico a tiempo, mirando a Jipper. —Eso no constituye un delito y menos en Luisiana –comenta el viejo, con un deje cínico en su tono al sentarse en su sillón rotatorio. —Eso no fue lo interesante, sino con quien se reunió allí –le digo, sacando mi móvil y buscando las fotos. —Es uno de mis sobrinos –murmura, a la par que arquea una de sus pobladas cejas al ver la imagen. —Es Arnold –me informa Jipper, a su vez. —Sí, lo sé. Está fichado por altercado público y esos dos son tenientes de los Dassuan —enumero. –Aún no hemos podido comprobarlo, pero me apuesto lo que sea a que Dynamics Impulses es una empresa tapadera de la familia. El gerente fue directamente a informarles de que habíamos estado allí, buscando respuestas sobre la draga. El viejo Tom me mira y se levanta de la silla. Se acerca a un tablero de dibujo que está ocupado por el dibujo de la sección de una quilla. Se gira de nuevo, enfrentándome y, entonces, suspira. —Ya me esperaba algo parecido. De alguna forma, quieren implicarme o utilizarme en sus chanchullos, pero no pueden venir de cara porque los mandé a tomar por culo hace años –masculla el anciano. Jipper lo empuja suavemente para que se siente de nuevo. —Nunca me he llevado bien con mi cuñado Basil, siempre me demostró que es un mal nacido. Sé que está enfermo y débil y hay diferentes miembros de la familia que intentan acaparar el liderazgo. —Es algo que se veía venir, aunque creemos que aún da las órdenes desde la cama –comento, sentándome sobre un alto taburete. —Verá, detective… voy a serle sincero –me dice con tono conspirador, colocando sus manos entrelazadas sobre la mesa y subiendo sus ojos hasta los míos. –He tenido un pasado turbio y he pagado por ello –me mira hasta verme cabecear –, pero no consigo alejarme de ciertos individuos. Gracias a Jipper, he rehecho mi vida y estamos ganando un dinero honrado. Sin embargo, mi pasado vuelve para llamar a la puerta y me veo atrapado por ciertas promesas que hice hace años y lo que le debo a mi nieta. — ¿Viejos socios que quieren aprovecharse de su actual estabilidad? –pregunto con media sonrisa. —Más o menos –responde, devolviéndome la sonrisa. — Ya veo –me cae simpático el viejo. Es directo y franco. –Necesitaré más detalles para decidirme. —Pero… –sus ojos se agrandan y comprendo su miedo. —Sin consecuencias. Seré como un confesor –le tranquilizo. –Me cuenta el asunto y decidiré. Si me vale, se lo diré claro y no lo incluiré en el informe. —Vaya –deja escapar, expirando con fuerza. –No creí que un poli diría eso nunca. —No soy como los demás polis –le contesto y sacando un paquete de cigarrillos les ofrezco a ambos, los cuales rechazan de plano. Este es un vicio que he adoptado rápidamente al llegar al mundo humano. En el infierno no tiene chiste echar humo por la boca o narices, pero aquí… ya lo creo. Ya sé que es un vicio asqueroso y dañino, que te pudre los dientes y te salen llagas interiores, pero, seamos sinceros… ¿qué puede hacerme finalmente? ¿Mandarme al infierno? Tómese nota que contengo la carcajada por respeto a los fumadores. —Basil Dassuan es el hermano mayor de mi difunta esposa y siempre ha estado metido en oscuros asuntos. Éramos críos cuando nos sorprendió besándonos en el porche trasero de su vieja casa. Entonces, me ofreció llevar algunos paquetes a Brusly, cruzando el río y así ganarme un dinerito para llevar a Dayanne al cine o a merendar. Yo era un jovencito orgulloso por entonces, con muchos pájaros en la cabeza; demasiado acostumbrado al ambiente de los muelles. Mi familia eran pescadores y mariscadores; no era nadie para Basil y se mofaba de mí y de mis ambiciones –el viejo Tom pareció perderse en sus recuerdos, mientras hablaba. “Un año después, me ofreció un puesto en su banda cuando me casé con Dayanne. Estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para darle a mi esposa la vida que se merecía. Así que acabé convirtiéndome rápidamente en su hombre de confianza. Sin embargo, al pasar los años, mi mujer me recriminó la vida que llevaba; tenía miedo por mí y por los niños, tres a la sazón. Un día, hubo un tiroteo con unos contrabandistas rivales y maté a uno de ellos, defendiendo mi vida. Fue demasiado para Dayanne. Me obligó a buscar otro camino en nuestras vidas. Me entregué a la justicia y pasé quince años en la cárcel, pagando mi deuda de sangre. Apechugué con todo, sin delatar a mi cuñado ni sus asuntos.” “Sin embargo, Basil, durante todo ese tiempo, me mantuvo engañado. Me enviaba tabaco y algo de pasta a la cárcel con algunos de los chicos, porque él no quería que le relacionasen conmigo. Me aseguraba que estaba cuidando de Dayanne y de los niños, pero la realidad era otra. En vez de estar agradecido a mi sacrificio, ni siquiera ayudó a su hermana y a sus sobrinos, desentendiéndose de ellos. Dayanne no me quiso poner al tanto en sus visitas carcelarias pero salieron adelante sólo gracias a mi familia, que se desvivió por ellos, y al negocio de mi padre, el cual consistía en un pequeño taller que reparaba las barcas de los pescadores, en este mismo sitio. “ “Cumplí condena y, al enterarme de lo que había hecho mi cuñado, le juré que si se acercaba de nuevo a mi familia, buscaría la forma de hundirle antes de que él lo hiciera. Pareció aceptar mi retirada, ya que estaba al tanto que yo sabía muchos trapos sucios suyos. Por mi parte, me apegué al negocio de mi padre y lo hice crecer lentamente. Pero Basil seguía estando allí, en la sombra. Nunca daba la cara, no es hombre de eso pero me enviaba gente extraña que me proponía negocios turbios o que les instalara motores más potentes en viejas carcasas pesqueras. Basil siempre ha intentado implicarme en algo delictivo para poder tenerme de nuevo en su poder pero le he sorteado todos estos años. Cuando Dayanne murió, Basil, con la excusa del sepelio, volvió a presionarme para ayudarle a esconder y custodiar diversos alijos de drogas sintéticas que bajaba por el río desde un laboratorio clandestino de Baton Rouge. Eso fue hace diez años. Le dije que se fuera de mi casa. No sé cómo lo ha hecho para burlar la policía fluvial todos estos años pero me da en la nariz que el Droit de force ha tenido mucho que ver.” —Para que luego digan que la familia es el mejor apoyo que se puede tener –bromeo. –Esa draga puede meterle en un problema si lo desea Basil. —Lo sé, le he estado dando vueltas al asunto –asiente el anciano. —Con sus antecedentes y la relación que se puede establecer entre usted y la familia Dassuan, puede hacerle caer todo el peso de la ley, aún sin tener nada que ver con el asunto. — ¿Qué puedes hacer? –me pregunta de repente Jipper, tuteándome. Mi lógica demoníaca llega inmediatamente a la conclusión que solo la eliminación de la familia libraría a Tom de la amenaza de una vez por todas pero hay otra cosa que me impulsa en esa dirección: el hambre. Llevo nueve días sin probar una mísera mariposa y el ansia aumenta a cada hora que pasa. —Parece que Arnold es quien se ocupa de los asuntos más directos de su padre. ¿Qué sabe de la familia, Tom? –pregunto, dejando caer la colilla en el interior de una lata de refresco vacía. —Hace mucho que no sé nada de primera mano pero siempre hay gente que comenta, viejos conocidos, personas descontentas que saben que pueden confesarse conmigo –dice el anciano, retrepándose en la silla. –Ya debe saber que Basil tiene dos hijos y una hija. —Sí. Arnold es el mayor y Teddy el menor, con veintiséis años, ambos solteros. La hija es Eliane. Es la mediana. Está casada con George Corrinson, un abogado que se encarga de los asuntos familiares. Tienen una hija pequeña –resumo, ya que he hecho mis deberes. —Así es. No se fíe de ninguno, todos son víboras que se han amamantado de la mala leche de su padre –me previene el anciano. –La esposa de Basil fue ingresada en una clínica mental de lujo cuando Teddy contaba con siete años. No ha vuelto a salir de allí. Arnold es una copia total de su padre, pero, gracias a Dios, no dispone de su intelecto. Hay otro hijo del que apenas se sabe… — ¿Otro? –se asombra Jipper. —Acaba de cumplir dieciocho años y es hijo de una joven amante de Basil que ocupó el lugar de la esposa en su cama. Lo mantiene con él, educándole personalmente. Se comenta que es todo un sádico a pesar de su juventud. No sé su nombre pero todo el mundo le llama Pincho… —Adorable –deja caer Jipper, torciendo el gesto.
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