Menos mal que el día era fresco, porque Harriet no lo era. ¿Por qué había aceptado hacer nueve? En el momento de la concepción, había pensado que nueve cuadros en nueve meses serían fáciles de conseguir. Tal vez había pasado por alto el elemento conceptual, el tiempo necesario para su ejecución. Tras cinco meses de colaboración, sólo había terminado una obra y tenía las otras ocho en diversas fases de génesis. Pero hoy era Nochebuena y, por necesidad, se había visto obligada a abandonar el estudio por las fiestas. Aun así, no podía desprenderse de su preocupación. Estaba de pie entre la cortina de cuentas y la chimenea, con las manos en las caderas y los codos abiertos, agradecida por la ventilación que le proporcionaba la bata. Sus ojos estaban fijos en la obra de Kandinsky que colgaba s

