El comedor estaba ubicado al extremo del lado oriental de la casa. Se podía acceder a él de dos maneras. Desde la entrada principal, girando a la derecha o desde una entrada justo en frente de las escaleras de los pisos superiores, donde estaban ubicadas las habitaciones. A cada lado de las escaleras quedaba un baño.
Violeta terminó de bajar las escaleras y caminó de frente para dirigirse al comedor, pero se detuvo y miro hacia la izquierda, mirando el pasillo que daba a la zona exterior de la casa, donde ya había caído la oscuridad de la noche. La cocina estaba ubicada al fondo del comedor cerca a la salida a las escaleras, con una gran ventana que tenía vista a la zona trasera de la casa.
Violeta entró al comedor y se sentó dando la espalda a las escaleras. La comida solía ser sopa o algún otro alimento de fácil deglución, debido a que la mayoría eran adultos y ancianos. Ella estaba tomándose su sopa y miraba a Bastián quien parecía estar centrado en sus pensamientos, mientras los demás internos hablaban en calma.
Ella hubiera deseado estar más cerca de él para hablar sobre ir al bosque. La verdad era que ella también quería regresar, tenía una gran curiosidad por la importancia que le había dado Lucía a aquel lugar en la tarde, pero penaba que era muy precipitado volver sin un plan y sabía que él era más impulsivo. En ese caso, era muy extraño no estuviera mirándola indiscriminadamente con la prudencia que lo caracterizaba.
— Debe ser un caso excepcional para verlo así de serio —pensó Violeta—. O será acaso que él… ¿no fue quien escribió la nota?
La realidad era que ella pocas veces había visto la caligrafía de las otras personas en el asilo, por ejemplo las cartas hechas a mano por Gaviota, una mujer de 72 años con quien solía pasar las tardes cuando no estaba en la biblioteca; además de ella, conocía el diario de Jade que estaba escritas a puño y letra. Había leído en algunos libros que la caligrafía de los hombres era más descuidada que la de las mujeres, pero en otros hablaba de una bellísima caligrafía.
Terminó su comida y ayudó a recoger la mesa. Algunos adultos ayudaban a lavar los platos junto a Bastián. Quería poder hablarle o al menos poder recibir alguna señal de su parte. En la tarde en el área exterior no habían quedado en malos términos, pero habitualmente dejaban de relacionarse durante un tiempo luego de un encuentro, simplemente ella se centraba en sus asuntos, además de que usualmente Violeta siempre terminaba enojada con él por algún motivo y el tiempo era el que calmaba los ánimos la mayoría de las veces más que una disculpa.
Trató de recoger los platos en lentitud para poder cruzarse con él bien porque el viniera a buscarlos o porque ella pudiera entrar a la cocina a llevarlos. La cocina era un área prohibida para muchos de los internos según el diagnóstico que tuvieran, por ejemplo Violeta estaba vetada de allí por la cantidad de desastres que había hecho en el pasado olvidando los alimentos sobre el fuego.
En otras circunstancias él era quien solía cruzársele a toda costa para oír su voz —ya que casi nunca hablaba en público— o para oír su risa, obteniendo como resultado su indiferencia o enojo la mayoría de veces. Aunque seguro que eso detalles los habría pasado por alto Violeta hasta olvidarlos.
Finalmente se paró al lado de la cocina con una pila de platos sucios en sus brazos esperando que él saliera en su ayuda, pero fue una de las enfermeras quien se los recibió. Bastián giró hacia afuera para recibírselos a aquella cuidadora y al ver a Violeta le hizo un gesto amistoso: un guiño una amplia sonrisa.
— ¿Qué habrá querido decirme?
***
Subió a su habitación como de costumbre ayudando a las demás a llegar a sus habitaciones. Esperaba a que cayera más la noche y todos estuvieran en un sueño profundo, aunque le hubiera gustado una hora más específica para encontrarse, —Pero bueno —pensó violeta —, esto era más que típico en él.
Para matar un poco el tiempo, se acercó a su escritorio para acomodar algunas de las hojas del diario, estaba mirando las fechas y se distrajo con una que decía:
Martes 05 de marzo de 1935
Familia:
Hoy estudié con mi institutriz sobre los linajes y mi árbol genealógico. He quedado asombrada por la cantidad de personas que pertenece a mi familia. Los padres de mi padre siempre estuvieron relacionados con temas políticos y sus hermanos también. Parece ser que algunos tíos abuelos siguen esa tradición en ciudades aledañas a Tanba. Los padres de mi madre por su parte, se esforzaron en crear empresas en torno a la manufactura y la moda, criando a mi mamá entre costuras y lecturas, convirtiéndola en una dama bien parecida y educada.
Tengo varios tíos que nunca he visto en mi vida. Creo que cuando mis padres se casaron, tuvieron problemas con muchos familiares debido al poder que ellos adquirieron en Tanba. Mis tíos no parecen muy agradables según lo que me han contado, al parecer no han ayudado a mis padres con alianzas políticas de gran importancia. En una de las academias de danza a la que asistía, conocí a una prima, bastante agradable, bien parecida, talentosa y educada, pero nos prohibieron hablar. Todo un tema aburrido de escribir por éste lado.
Por mi parte no tengo hermanos. Me educación está centrada en heredar el poder aunque a mis padres les hubiera encantado tener un varón, hacen conmigo lo que está dentro de sus posibilidades. Parece que no tendré pareja pronto, es decir, no creo tener descendencia hasta heredar el poder. Con 13 años algunas compañeras del instituto ya tenían claro con quién se casaría. ¿Podrá ser eso algo bueno o algo malo?
Disfruto mucho de los privilegios que tengo, los trajes, las clases y heredar el poder es de mi agrado. Me encanta imaginar todo lo que voy a lograr los cambios que podré llegar a hacer en la ciudad, ser independiente, poderosa y una adulta responsable.
Regresando al tema del linaje, me la llevo bien con mis padres. A pesar de prohibirme tantas cosas, sé que desean lo mejor para mí aunque busquen conseguirlo por los medios equivocados. Con mi madre suelo tener sesión de costura todos los días en la tarde. Así fue como obtuve mi capa roja favorita con la que me escabullo por la ciudad.
Con mi padre me veo poco, es un hombre muy serio, frío y desconfiado y le gusta verme como una mujer y no como la adolescente que en realidad soy. Me gustaría poder disfrutar más mi adolescencia, creo que es interesante actuar como adulta delante de ellos, pero a la vez es aburrido hacerlo durante mucho tiempo.
La familia es importante y va primero, pero sé que podría tener increíbles amigos, como los chicos de las calles de Ariza con quienes he podido toparme un par de veces más sin poder relacionarme con ellos. El punto es que, sea pronto o en mi adultez, deseo formar pronto una familia que me agrade…