Sopesaba el carácter y el temperamento de su tío, repitiendo sus sentimientos sobre el matrimonio. Los había sopesado muchas otras veces, tanteando la brecha que medía entre sus ideas y las de él, y así, en el otro lado del abismo ancho y profundo, había visto a otra figura junto a su tío, igual que la veía ahora, una forma extraña, vaga, siniestra, apenas terrenal: la imagen borrosa de su propio padre, James Helstone, el hermano del rector. A sus oídos habían llegado rumores sobre el carácter de su padre; viejos criados habían dejado caer alguna que otra insinuación. Sabía también que no era un buen hombre y que jamás había sido bueno con ella. Recordaba —y era un recuerdo sombrío— unas semanas que había pasado con él en cierta gran ciudad, sin doncella para vestirla ni cuidar de ella, e

