CAPÍTULO VII-3

2052 Palabras

En más de una ocasión, su primo había ido dando un paseo hasta la rectoría después del té, para pasar una hora con su tío: la campanilla de la puerta había sonado, la voz de Robert se había oído en el corredor en el crepúsculo, cuando ella no esperaba semejante placer; y esto había ocurrido dos veces precisamente después de que él la hubiera tratado con peculiar reserva, y, aunque rara era la vez en que le dirigía la palabra en presencia de su tío, no había dejado de mirarla mientras estaba allí, sentado frente a la mesa en la que trabajaba Caroline. Las pocas palabras que le dirigía entonces eran consoladoras; su actitud al desearle buenas noches era afable. Tal vez esta noche venga también, le decía la falsa esperanza; estaba casi segura de que era la falsa esperanza quien se lo susurrab

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