CAPÍTULO XII-2

2049 Palabras

—¿Ha ido alguna vez con su primo, Robert Moore? —Sí, una. —¿Qué clase de acompañante es en esas ocasiones? —Un primo, como comprenderá, es diferente de un conocido. —Me doy cuenta de ello, pero los primos, si son estúpidos, resultan aún más insoportables que los conocidos, porque no se les puede mantener a distancia tan fácilmente. Pero su primo no es estúpido, ¿no? —No, pero… —¿Y bien? —Si la compañía de los tontos irrita, como usted dice, la de los hombres inteligentes deja también su propia desazón. Cuando la bondad y el talento de un amigo está más allá de toda duda, a menudo se duda de merecer su compañía. —¡Oh! En eso no puedo estar de acuerdo; es una idea que jamás se me ha pasado por la cabeza. Me considero digna de relacionarme con el mejor de ellos; de los caballeros, qui

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