CAPÍTULO XIII NUEVOS MENSAJES DE NEGOCIOS En la naturaleza de Shirley predominaba en ocasiones una cómoda indolencia: había períodos en los que se deleitaba con una vacuidad absoluta de los ojos y las manos; instantes en que sus pensamientos, su mera existencia, el hecho de que hubiera un mundo a su alrededor y un cielo sobre su cabeza, parecían procurarle una dicha tan plena que no necesitaba mover un dedo para aumentar su felicidad. A menudo, tras una mañana activa, pasaba la luminosa tarde tumbada en la hierba sin hacer nada, al pie de algún árbol de sombra amable: no necesitaba compañía alguna salvo la de Caroline, y le bastaba con tenerla cerca por si quería llamarla; no pedía más espectáculo que el del cielo de un intenso azul y el de las pequeñas nubes que navegaban a lo lejos, en

