CAPÍTULO TREINTA

1286 Palabras

CAPÍTULO TREINTA Volusia estaba ante las inmensas puertas arqueadas de oro de la capital, que se alzaban unos treinta metros, lo único que se interponía entre la capital y las multitudes de soldados del Imperio esperando a destruirla. Levantó el brazo y pasó sus dedos por los complejos tallados, admirando el trabajo que debían haber costado. Recordó haber leído que había llevado cien años a cien hombres tallar aquellas puertas de oro sólido, puertas que nunca se habían penetrado. “No se preocupe, Diosa”, dijo Gibvin, el comandante de sus ejércitos. “Estas puertas resistirán”. Ella se giró y miró a su séquito de generales y consejeros y se maravilló de que no tuvieran ni idea de lo que estaba pensando. Lo que nunca podrían entender es que ella había visto su destino. Le había venido en u

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