CAPÍTULO TREINTA Y UNO Kendrick estaba en lo alto de la Cresta, junto a docenas de otros caballeros, entre ellos Brandt, Atme, la media docena de Plateados y dos docenas de caballeros de la Cresta, todos ellos observando el desierto que había ante ellos. Todos estaban en la plataforma, y mientras giraban las grandes manivelas y las cuerdas crujían, los bajaban a todos lentamente, escalón a escalón, hacia el otro lado, hacia el Gran Desierto. Kendrick apenas podía creer que volvía a estar allí solo un día después, este lugar casi lo había matado, había salido con vida de allí por los pelos. Apenas podía creer que volviera a llevar armadura, bajo los soles del desierto, al lado de sus hombres y acompañado por nuevos caballeros, hombres cuyas caras y nombres apenas reconocía todavía. Sabía

