CAPÍTULO TREINTA Y DOS Darius miraba con dificultad a la luz cuando salía del largo túnel de piedra y entraba en el clamor del circo. La multitud, más a rebosar que nunca, todos aquí para la gran final, daban golpes con los pies y gritaban, el ruido era ensordecedor. Darius era incapaz de escuchar sus propias cadenas traquetear mientras se clavaban en sus ensangrentados y magullados tobillos, tenía a Drok a un lado y al otro a Raj, que cojeaba fuertemente, mientras Darius lo sujetaba. Se movían lentamente, tan rápido como Raj podía ir, hasta que llegaron al centro del circo, Darius vigilando en todo momento que Drok no le saltara encima por detrás. Pero, por alguna razón, Drok esperando el momento –quizás, pensaba Darius, para atacarlo en un momento más oportuno. O quizás esperaba a cono

