Saliendo a toda velocidad por las puertas, al otro extremo del circo, salieron de golpe dos de los elefantes más grandes que Darius había visto jamás, uno n***o y el otro blanco, con unos largos colmillos curvados de marfil que alcanzaban los seis metros. La multitud enloqueció cuando los elefantes, llevados cada uno por un caballero de armadura negra, se dirigían hacia ellos. Darius miró a los elefantes, que le tapaban el cielo con su larga sombra y supo que estaba mirando a la muerte cara a cara. No había modo de sobrevivir a aquello. El elefante blanco redujo la velocidad y se desvió, dio una vuelta, lentamente, en círculo al circo, disfrutando de los gritos de adulación de la multitud, mientras que el blanco continuó yendo a por ellos. Darius se aguantó la respiración mientras se les

