Se sentía vacío. Mathias salió de la casa dando un portazo. Su respiración era pesada, y sus pasos resonaban con fuerza contra el pavimento mientras se dirigía a su auto. Al abrir la puerta y acomodarse en el asiento, su mirada recorrió el estacionamiento con una sensación extraña en el pecho. El auto de Samantha no estaba allí. Frunció el ceño, tratando de recordar si lo había visto cuando llegó, pero no… No estaba. —¿Cómo demonios llegó aquí? —murmuró, apoyando los codos en el volante. Sabía que no había escuchado ningún motor acercarse, ninguna puerta cerrarse. Samantha simplemente apareció en la casa, entrando como si nada. Su mente comenzó a crear escenarios que no quería imaginar. ¿Y si alguien la había traído? ¿Y si había estado con otro todo este tiempo? El pensamiento le hi

