Quédate conmigo. Mathias la acompañó a la habitación, no la quería dejar sola. Sostenía con firmeza a Samantha entre sus brazos, sintiendo cada temblor de su cuerpo mientras las lágrimas mojaban su camisa. No le importaba. De hecho, no podía importarle menos. Lo único que quería en ese momento era que ella se sintiera protegida, que supiera que él estaba ahí, que siempre lo estaría. Había sido un idiota, lo sabía. Se dejó llevar por resentimientos del pasado, por heridas que ni siquiera Samantha había causado. Se sintió pequeño y miserable al darse cuenta de que, mientras él se había perdido en su orgullo, ella había soportado el dolor sola, sin alejarse de él ni un solo momento. Lo había protegido, lo había amado de una forma que él ahora entendía que nunca mereció. Pero aun así, ella

