Una mesa vacía Mathias estaba sentado detrás de su escritorio, pero su mente estaba en otra parte. Había intentado concentrarse en los documentos frente a él, en los números y contratos que requerían su atención, pero era inútil. Samantha. Samantha y la forma en que lo había provocado la noche anterior. Sus palabras, su mirada, el roce accidental de sus dedos contra su piel… todo lo hacía arder por dentro. Soltó un suspiro pesado y se llevó las manos a la cabeza. ¿Qué demonios iba a hacer con ella? No podía negar que la seguía amando, que cada vez que la veía sentía ese vacío en el pecho llenarse un poco. Pero también estaba el dolor, el resentimiento por todo lo que ella le había hecho en el pasado. Por las mentiras. Por las promesas rotas. Y ahora venía a removerlo todo otra vez. Ce

