BRITANIA DEL NORTE Cornelia fue insistente. En el aire aún había un pequeño aroma que llenó a Marius de inquietud, así que tuvo que recurrir a medidas drásticas. La obligó a salir, por su bien y por el bien del bebé. La mujer se quejó, pero los fuertes brazos de su marido le impidieron escapar. Lo golpeó en el proceso, pero con ayuda de algunos guardias logró hacerla entrar en razón y dominarla. —¡Déjame! Yo me quedaré con ella. —No puedes, Cornelia. Gia no quisiera que estuvieras aquí si eso pone en riesgo lo que tanto tiempo te ha costado conseguir. Te permití venir a pesar de la tormenta, pero tenemos que regresar. No puedes quedarte. —¡Si puedo! Si es por Gia pienso hacerlo. —¡Basta, Cornelia!—gritó Maximilian—. Haz lo que dice tu marido y no termina esta discusión. Gia se e

