ROMA, CAPITAL DE IMPERIO Magnus estaba dudoso. Frunció el ceño cuando el César le dio la espalda luego de tenderle la copa de vino. No era la primera vez que asesinaban a alguien con una inocente copa provista de veneno. No debía nada, pero aun así, con un hombre como Aelius era mejor caminar prevenido. Quiso girar la copa y hacer que el vino cayera en una de las macetas pero no pudo, así que durante todo el trayecto por la sala del trono, la llevó en sus manos. —Roma es exigente y está llena de peligros, sin embargo, siempre he creído que los buenos líderes no hablan de esto, sino únicamente de la grandeza que los rodea—comenzó diciendo mientras señalaba los enormes pilares—, pero me temo que mis buenas obras podrían verse nubladas por los vientos de guerra provenientes del norte. El

