Al otro lado de la ciudad se encontraba Ricardo con un fuerte dolor de cabeza, era consciente de lo que había pasado, se sentía avergonzado y lleno de vergüenza por haber caído en ese tipo de trampas. Momentos antes de entrar a la habitación le había mandado un mensaje a Mario diciéndole donde se encontraba. Mario lo había sacado de la habitación justo en el momento que él iba a descubrir la identidad de la chica que había sido víctima de su estado. —Es momento de irnos Ricardo, esto no es tu culpa — le decía Mario, tirando de él para sacarlo de la habitación. Pese a que estaba seguro que en algún momento ella también respondió a sus avances, las palabras de ella pidiéndole que se detuviera estaban presentes en su memoria. Lo que más lo martirizaba era haber visto en las sábanas sang

