Capítulo 5 parte 2

1934 Palabras
Salgo del baño, hasta que estoy totalmente tranquila. ¡Ese machito, aprenderá, ha tratar a una mujer! Camino hasta mi escritorio, miro a mi alrededor y estoy sola, me siento, y me reviso mis muñecas. El enfermo me dejó marcadas sus enormes manos, veo las marcas que están rojas, y se pueden notar 3 de sus dedos, me sobo, de seguro en un par de horas serán unos feos hematomas. Esta vez me tiene acorralada. Esta vez voy a ceder. Está vez, le haré creer que me tiene en sus manos. Suelto una pequeña risa. ¡Al final de esta historia, me vas a besar los pies, Tobías! Envío un par de correos, y me levanto veo la hora, y son las 8:30 p.m. Perfecto, tiempo de sobra para ponerme divina, para el malnacido, no voy a negar que muero de ganas, de que ese cerdo, me parta el coño, con su falo enorme, y sentir esas perlas entrando y saliendo de mi. Me muerdo mis labios, y mi coño se contrae. Esta noche sabrás que es follar de verdad, promiscuo de mierda. Llego al elevador, piso el botón del estacionamiento, camino hasta mi hermoso auto. Suspiro, lo tendré que regresar. ¡Lo que fácil se obtiene, fácil se va! Ni modo, me subo, y prendo mi celular y enseguida empieza a vibrar, veo que es Erick Le contesto, o no le contesto, timbra varias veces, y decido tomarle la llamada. —Hola—su voz es tranquila, y suspira un par de veces. —Hola. —Lex… Yo… Perdón por lo de la mañana, sé qué debo controlar mis celos, ¡No quiero perderte! Alexis, piensa antes de contestar, en estos momentos, no te conviene divorciarte de él, lo necesitas, él es tu as bajo la manga. —Erick, solo por favor, trata de controlarte, no me gusta que me quieras someter, soy tu esposa, no un perro, para ponerle una correa. —Lo sé, solo que sé que muchos hombres están detrás de ti, y eso me pone mal. Pongo mis ojos en blanco, y en el espejo observo mi cara de fastidio. —Erick, pero, estoy casada contigo, y lo estaremos, solo debes aprender a controlar tus celos enfermizos —¡¿Eso quiere decir, que me perdonas?! —Si te perdono. —Gracias amor, ¿Estás en la casa? —No, voy saliendo del trabajo. —¡Tan tarde! —Sí, tengo un sinfín de trabajo, y después iré a un evento con Lea—, no quiero que esté molestando. —¿Qué evento? —Uno de beneficencia—. Jesús, mi habilidad para mentir es sorprendente, si supiera lo que haré en la noche, de seguro me mata, pero una rayita más al tigre, total me voy a ir al infierno. Escucho su respiración, de seguro está furioso —. Está bien, te llamo mañana, cuídate. ¡Te amo! —Tú también cuídate, nos hablamos mañana—, cuelgo y enciendo mi hermosura de auto, a está hora el tránsito es muy ligero, la ciudad luce hermosa, abro un poco las ventanas, y siento el aire en mi rostro, es muy estimulante, el frío me cala un poco, pero no me importa. Piso el acelerador un poco más, siento mi corazón latir con fuerza, tan solo de pensar que va a pasar esta noche, siento la adrenalina correr por mi cuerpo. Piso el acelerador hasta el fondo. Mis manos se aferran al volante, el viento me despeina, estoy ansiosa por llegar a mi departamento. Cuando por fin llego, me quito mis tacones «Louis Vuitton», y camino hasta la cocina, y saco de mi nevera una botella de vino espumoso, y tomo de mí estantería una copa, me sirvo más de la mitad, y le doy un gran trago, las burbujas en mi boca, se sienten deliciosas y refrescantes. Mi celular empieza a sonar, veo que es Lea, y enseguida tomo la llamada. —Hermosa, ¿Todo bien? —Si, Erick me marcó, no tienes nada que decirme. —Lea —Alexis… ¿Te verás con alguien, verdad? —Mmm… —¡Joder, Alexis!, ¿Quién es?—dice mi rubia, con un tono molesto. —No lo conoces. —¿Es tu jefe verdad?—esta mujer es una bruja. —Si—digo sin importancia. —Alexis, Tobías Kohn, es un hombre peligroso, no es como los hombres con los que estás acostumbrada a tratar. —¡¿Lo conoces?!—, las palabras de Lea me sorprenden un poco, de dónde lo conoce. —Sí, hace tiempo hizo algunos negocios con mi marido. Por favor Alexis aléjate de ese hombre. —Tranquila Lea, solo será una cena. —Te conozco mejor que nadie, y sé que no irás nada más a cenar. ¡Joder! —¡Te juro, que no me lo voy a follar!—, y cruzo los dedos. —En verdad eso espero, bueno me voy, mi marido me está esperando. ¡Te quiero! —Y yo a ti. Me acabo mi copa, y me pregunto: ¿Qué tipo de negocios habrá hecho con un fiscal? Lo tendré que averiguar. Sé que ese hombre, a de tener un sinfín de secretos, el punto aquí es descubrirlos, y después hacerlo mierda, por las humillaciones que me ha hecho. Soy una mujer muy vengativa, la que me la hace me la paga, si él es malo, yo soy 1000 veces peor. Camino a mi recámara, y voy directamente a mi closet, miro toda mi lencería, me tardo en elegir. [...] Media hora después… Decido ponerme un conjunto pequeñísimo de encaje de color n***o transparente, con ligeros y una gabardina, solo eso me pondré, de seguro cuando me vea, se va a derramar en sus pantalones. Saco todo, y lo coloco en mi cama, preparo mi tina, espero hasta que este totalmente llena, para colocar mi champú, con olor a fresas, con mis yemas toco el agua, está en su punto, me desvisto, y me sumerjo, totalmente, el agua caliente se siente riquísimo en mi lienzo, me relaja, me quedo bajo el agua, no sé cuánto tiempo, observo mis dedos y están arrugados, decido salir, me levanto y me enredo una toalla, me seco perfectamente, y me pongo crema humectante con el mismo olor de mi champú salgo del baño, y me empiezo a vestir, no tardo ni 15 minutos, me miro en el espejo y la verdad luzco exquisita, me pongo mi gabardina, mis tacones negros de aguja. Me seco mi cabello, me hago unas ondas, me maquillo, por último me pinto mis labios de un color borgoña, lanzo un beso, escucho mi celular, lo tomo del buro, y es el pervertido. Tobías: Mi chófer tiene 10 minutos esperándote, baja. Odio la impuntualidad. Este infeliz engreído. Alexis: Ok. Me pongo un poco de perfume, y bajo, puedo deslumbrar una hermosa camioneta «Mercedes Benz» color n***o, y un hombre, que tiene cara de asesino en serie. Salgo y camino sensualmente, hasta la camioneta —¡Buena noche, señorita Alexis!—me abre la puerta —Buenas noches—digo, y me subo, no puedo evitar sentir un poco de nervios, respiro, y la camioneta empieza avanzar a gran velocidad, veo que nos estamos alejando. ¡Joder! Y si este hombre me quiere matar, y ofrecer mi cuerpo al diablo. ¡Alexis deja de pensar tantas tonterías! Seguimos avanzando, y me estoy poniendo más ansiosa. De pronto la camioneta se detiene, y mi ansiedad se vuelve nerviosismo, quizás es por qué cabe la posibilidad que termine en un barranco. El chófer con cara de matón me abre la puerta, y mi corazón late más rápido. ¡Maldición! —Señorita haga el favor de salir, el señor la está esperando. Doy una bocanada de aire, y salgo. ¡Que pase, lo que tenga que pasar! Salgo, y lo que veo me sorprende, tengo enfrente una edificación súper moderna, con grandes ventanas, tiene 3 pisos, de color n***o, igual que el alma del ególatra. Miro a mi alrededor, y no hay casas, no hay nada, trago saliva, solo se puede observar un gran terreno. Si muero, espero que me cremen, y me lancen al viento. Camino con elegancia, el chófer me abre, la puerta de la casa o más bien del averno, y expresa: —El señor la espera, en su despacho. ¡¿Cómo se supone que yo sabré, donde está! Creo que el matón, lee la expresión de mi cara. —Está subiendo las escaleras, señorita. —Gracias—, en cuanto entro, el mayordomo cierra la puerta, dejándome sola. ¡Joder! Mis luceros miran a todos lados, la casa es elegante, misteriosa, y muy hermosa, igual que su dueño, en el fondo veo una chimenea encendida, los techos son muy altos y tienes unas vigas impresionantes. ¡Woo! Me gusta. Camino hasta la escalera, únicamente se escuchan mis tacones. ¡Tranquila, Alexis! Subo lentamente, para apaciguarme, llego al final, de la escalera, y veo al Dios del Inframundo de espaldas, va vestido de n***o, desde donde estoy, su cuerpo luce espectacular, lo que tiene de guapo, lo tiene de cretino, el muy jodido. Se voltea, y está fumando, y suelta una risita lasciva, y con sus luceros me recorre de arriba abajo. Sé que le gusta, como luzco. —Llegas media hora tarde, Alexis, cobraré cada segundo de tu retraso—, y apaga su cigarro en el cenicero. Camino hasta él —. Llegue tarde por qué mi jefe, es un malparido, que me dejó una cantidad de trabajo exorbitante. —Veo que siempre, tienes una respuesta, hay un contrato en el escritorio, tómalo. —¡¿Quién te crees Christian Grey?! Se ríe —. No digas, pendejadas Alexis, y toma el jodido contrato. Lo tomo de mala gana, no porque él me lo mande, sino porque me muero de la curiosidad. Me siento, y abro el pergamino, solo veo la exagerada cantidad de dinero que me va a pagar por ser su asistente personal, mejor dicho su «puta», si pendeja no soy. ¡Joder! Con todo este dinero mi vida estaría resuelta. Siento su mirada penetrante y pecadora sobre mí, —. Todo esto me vas a pagar por ser tu golfa. —No solo serás mi golfa, vivirás para mí, haré con tu cuerpo lo que me plazca, cuando quiera y a dónde sea, me pertenecerás hasta que me cansé de ti, cosita rica. Me río —. Si sabes, que puedo no firmar, verdad. —Lo harás por qué si no lo haces, te correré y me aseguraré que nadie te contrate. No tienes escapatoria. Sabía que diría eso. —Mi esposo es muy rico, señor Kohn, y aparte es agente del FBI. Si sabe: Que lo que está haciendo es un delito. —Sabes que si, él se entera de que te follaste al tarado de esta mañana, te echará como una perra—, coloca sus manos enfrente de mí, se está empezando a desesperar, lo veo en su respiración, en su mirada, sus luceros mieles lucen oscuros, sé que este hombre grita: Peligro. Sin embargo, está atracción que siento por él, y el deseo de verlo rendido a mis pies pueden más. Me levanto, y le digo: —No, lo creo Tobías, sabes por qué: Él me ama, no concibe su vida sin mí, soy su universo. Pero, no te preocupes firmaré, porque me muero de la curiosidad, de ver cuanto te vas a arrastrar por mí. Tomo el bolígrafo del escritorio y firmo el dichoso contrato.
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