Mi sudor corre por mi frente, la licra de mi chándal se me pega a mi lienzo con cada paso que doy, mi coleta se mueve de un lado a otro.
¡Una vuelta más Alexis, anda tú puedes!
Y sigo corriendo, saco aire por la boca, cada respiración duele, pero es lo que necesito estoy sumamente frustrada.
En cuanto recibí ese vídeo en la madrugada del maldito cerdo promiscuo, me tiene así, ver cómo otra vez se estaba tirando a otra golfa, me enferma, es como si la oscuridad me estuviera invadiendo. El bicho me gusta y mucho.
¡Joder, Joder!
Y para rematar, el imbécil de Erick y sus celos, me estan volviendo loca. Por eso le pedí el divorcio, y el infeliz se puso como loco. Capaz y lo tengo hoy aquí.
Eso complicaría todo, pero soy una tarada, respecto a mi relación con él, no debió llegar tan lejos.
Pero, ha llegado la hora de terminar con el problema. ¡No quiero un hombre que me esté jodiendo, mi vida!
Sigo corriendo más rápido, las plantas de mis pies lo están resintiendo, siento el ardor, de igual manera, en mis pantorrillas.
Las imágenes del Dios del Inframundo, con esa golfa, se me vienen a la mente.
¡Hijo de la gran puta, pero, no sabes con quién te has metido!
Sigo mi faena, hasta que siento una mano en mi hombro.
¡Pero, que mierda!
Volteo y mis ojos se iluminan, observo un perfecto varón, musculoso, grande y moreno, es como un árabe caliente, sínicamente lo observo, mis ojos se instalan en su paquete.
¡Lo sé, soy una sínica!
—Hola—dice el monumento que tengo enfrente, y me observa morbosamente.
—Hola—mi tono es coqueto, quizás si me lo follo, se me quite, el puto enojo, me acerco y le digo en su oído de manera sensual:
—Guapo, ¿Quieres follar, conmigo?
El espécimen abre sus luceros café, me ve como un monstruo de 3 cabezas.
—¿Quieres o no guapo?
Veo que no dice nada, y me voy, y el machito me toma de mi cintura, su respiración en mi oreja, me hace sentir un cosquilleo delicioso.
Había olvidado la adrenalina, que es follar con un extraño
Me volteo, y le expreso:
—Ven guapo, vamos a los vestidores.
Corro, y él va detrás de mí, estando a dentro, el exquisito hombre, se lanza sobre mí, sus besos son candentes y lascivos, me carga sin ningún problema.
Si es esto lo que necesito, follar como animal, para sacar la frustración, que siento.
Nos seguimos besando, solo nos separamos para desvestimos, y lo hacemos velozmente, en cuanto veo a este hombre desnudo, mi coño se contrae, parece que al condenado lo hicieron con un cincel.
Me lanzo sobre él, y acaricio su v***a, él gruñe.
—¡Joder, nena! Eres exquisita.
—Lo sé, tienes condones, por qué si no es así, guapo, no te comerás mi coño.
—Sí, están en la bolsa de mi chándal—, me separo del espécimen, y voy rápidamente por el látex.
Cuando lo tengo en mis manos, vuelvo al moreno delicioso.
—Anda, colócate en la butaca—el perro hace lo que le digo, sin chistar.
Camino hasta él, y abro el látex, y lo coloco en su deliciosa v***a, y hundo mi coño, en su falo
Joder es una delicia, mi coño resbala deliciosamente, mis jugos mojan el látex, el moreno gruñe, subo y bajo, mis movimientos son rápido, y siento que su v***a me llena hasta el fondo, mientras me amansa mis glúteos.
El sexo es una jodida adicción, dicen que un adicto siempre remplaza una adicción por otras, y la mía es la lujuria, la perversión y el sexo candente.
Mis gemidos envuelve el lugar, juntos con los del árabe candente, y siento mi liberación, y es exquisita, siento lo caliente de la leche en el látex, salgo de él, agarro mi ropa y me cambio rápidamente.
—¿A dónde vas, nena?
—Ya me voy, guapo.
—Dime tu nombre, y número, quiero volver a repetir esta deliciosa experiencia.
Me río —. Hay cosas que solo pasan una vez, guapo, y esta fue una de ellas.
Me voy dejando al hombre sorprendido, que esperaba.
¡Hombres siempre pensando, que nosotras queremos algo más!
[…]
Voy llegando a la oficina, después de la follada, de hoy mi humor sin duda mejoro.
Hoy particularmente luzco más hermosa que nunca, elegí vestir de rojo, mi vestido ceñido a mi cuerpo, con un ligero escote, que enseña mis hermosos senos, mis labios rojos, resaltan mi piel de porcelana.
Llego a mi escritorio, y veo que la insípida de Gina no ha llegado, y tampoco el Dios Griego,
¿Será que estan juntos?
Esa idea me molesta mucho, y aprieto mis puños.
Cálmate Alexis, ese puto de mierda, puede meter su v***a dónde se le dé la gana.
Me siento y prendo mi computadora, enseguida veo que tengo muchos correos de Tobías, con una cantidad de trabajo, para una semana, y lo quiere para hoy.
¡Ese hijo de puta! Sé está vengando de mí, por lo de ayer.
Me pongo a trabajar, y si lo quiere para hoy, lo tendrá para hoy, o me dejó de llamar Alexis Lynes.
Levanto mis luceros, y veo entrar al imponente hombre que me tiene trastornada, su andar refleja su prepotencia y egocentrismo, se ve tan jodidamente sensual, con ese traje gris, su piel canela luce espectacular.
El jodido ni siquiera me mira.
¡El cerdo está enojado!
No quisiera mirarlo, pero la atracción que siento por este hombre es casi animal.
Su espalda ancha, su culo perfecto, sus brazos, todo del me encanta, entra a su oficina y azota su puerta.
Minutos después la insípida de Gina llega y se mete directamente a su oficina.
Estaban juntos, malditos sean los dos.
Enseguida escucho la voz de mierda de Tobías:
—¡ALEXIS!
Me levanto, y camino, digna como siempre, jamás le voy a demostrar mi enojo.
—¡Buen día!—digo
Sus luceros mieles, me observan detenidamente, y veo que traga saliva, sin embargo, suelta su mierda:
—¡Alexis! El trabajo de ayer fue una porquería, necesito que lo vuelvas hacer, lo quiero en dos horas.—, veo a Gina que me mira victoriosa, quiero matarla, y al infeliz arrancarle el p**o con mi boca.
—¿En que está mal, señor Kohn?
El cerdo suelta una risita, —Si no sabes ver tus errores, no eres la indicada, para este trabajo anda ve a trabajar, pero antes tráenos un café.
Hijo de puta.
Me está humillando, esto no se lo voy a perdonar.
—No escuchaste—dice el desgraciado.
—Si señor, en un momento se los traigo.
Me doy la vuelta, hecha una furia, quiero mandar todo a la verga
Respira Alexis, necesitas este trabajo, la factura de la hospitalización de tu padre fue enorme.
Llego a la cafetería, y grito, siento tanta rabia, pero el que ríe al último ríe mejor.
Preparo el maldito café, y me voy a dejarlos, camino sensualmente, entro a la oficina, les coloco sus cafés, y empino mis senos, un poco más para que el cerdo los vea.
Hombres son predecibles, el infeliz clava sus ojos en mis grandes atributos.
Velos hijo de perra, que será lo más lejos que llegarás.
—Si no, desean más, me voy a trabajar—y me voy con una puta sonrisa digna de un Óscar.
[…]
Estoy de un puto humor, el infeliz sí que sabe molestar, son las 8:00 p.m. Y sigo pegada en mi computador, me duele los ojos, la espalda y el culo, no he comido nada, y aparte Erick, jodiendo, mi celular vibra una vez más.
Mejor lo apago, no puede ser que Erick sea tan inmaduro.
Me empiezo a masajear mis sienes, decido ir al baño, a refrescarme un poco.
Entro al baño, y me veo mi rostro luzco cansada, y mis ojos están rojos, si mi padre me viera, pensaría que tuve una recaída.
Agacho mi rostro, respiro profundo, y cuando lo levanto, veo al jodido viéndome con sus ojos mieles, su risa maquiavélica, me hace enfurecer más. Se acerca como un animal hambriento
—¿Qué hace aquí, señor Kohn?
—Tú que crees, cosita rica.
—Váyase a la v***a—, es tanta mi furia, que le empiezo a pegar en sus pectorales.
—Cálmate, pendeja—y me toma tan fuerte de mis muñecas, que parece que se van a romper.
—Suéltame, basura— y mis ojos lo miran con intensidad.
—Mira cría estúpida, que creías que me ibas a ofender, tirarte a un imbécil, y que las cosas se quedarían así como así.
Mis ojos se abren, ante sus palabras.
—¡¿Me estás siguiendo?! Eres un puto enfermo de mierda.
Se ríe, y me jalo para tratar de zafarme —.Te voy a aclarar los puntos, me encantas, y serás mía, ningún imbécil te tocará, si osas renunciar, te juro que te cerraré las puertas de cada empresa a donde vayas, no tienes escapatoria.
Lo dice con una convicción, que asusta, pero me prende, el morbo con que me mira, me gusta, estoy entrando en aguas muy peligrosas.
—No me hagas reír, si sabes que mi esposo es un agente del FBI, maldito cerdo pervertido
—Lo sé, se todo de ti cría, pero nada impedirá que seas mía, te quiero hoy en mi casa a las 11:00 p.m.
Me suelta y se va dejándome al mil, este es el peor de los monstruo que he conocido, pero todos tienen un punto débil, y yo seré el tuyo, ya veremos quién gana aquí.
¡Te vas a arrastrar a mis pies, Tobías Kohn!