El trayecto de regreso a casa fue un torbellino de pensamientos contradictorios. Las palabras de Ricardo, cargadas de esa misoginia competitiva y de una seguridad aplastante, habían dejado una semilla de paranoia en Alberto. Sin embargo, al cruzar el umbral de su hogar, el ambiente era distinto. El aire acondicionado mantenía la casa fresca, impregnada con el suave aroma de las velas de sándalo que a Carla tanto le gustaban. Carla estaba en la sala, hojeando una revista de diseño con una indolencia que rayaba en la indiferencia. Llevaba puesto un vestido corto, de un color perla que contrastaba hermosamente con su piel bronceada. Apenas levantó la vista cuando él entró, con el rostro aún algo encendido por el tequila y la comida pesada. —¿Cómo te fue con tu mejor amigo? —preguntó ella, c

