Custodios de su Sueño La noche en la mansión de los cuatro hermanos parecía haberse detenido en el tiempo. Clara, agotada después de la revelación de la marca y su conexión con ellos, finalmente se había rendido al sueño en la cama que Draven había insistido en preparar para ella. Sin embargo, lo que no sabía era que, en las sombras, los cuatro inmortales no podían apartar los ojos de ella. Aidan estaba apoyado contra el marco de la puerta, sus brazos cruzados mientras la observaba dormir. Su rostro, normalmente endurecido, parecía más suave en ese momento. Había algo en su vulnerabilidad que lo desarmaba. Su posesividad no era solo un instinto, era una necesidad. Clara era frágil, y él lo sabía mejor que nadie. Cada paso que daba con ese bastón le recordaba que estaba en un mundo que no

