Deseos prohibidos La mansión estaba envuelta en un silencio inquietante, como si incluso los muros fueran cómplices de los secretos y deseos que flotaban en el aire. Clara se encontraba en el baño, sosteniendo su bastón mientras se quitaba la ropa lentamente. Las largas horas del día la habían agotado, y el agua caliente era la única manera de relajar sus músculos tensos. El vapor comenzaba a llenar el pequeño espacio, empañando el espejo y envolviendo la habitación en un calor que no solo provenía de la ducha. Clara dejó el bastón cuidadosamente apoyado cerca, asegurándose de que estuviera al alcance si lo necesitaba. Cerró los ojos mientras el agua caía sobre su piel, llevándose consigo el peso de la tensión acumulada. Sin embargo, lo que no sabía era que no estaba sola. Kael pasaba

