Martín sonríe ligeramente dejándole un beso en la frente y se aleja pensando en el dolor que le causaba su hijo. Hasta ahora no entendía por qué su hijo tiraba por la borda una relación estable y tan bonita, por una muchachita sin clase que seguramente era una vividora. Sube las escaleras para prepararse para la cena, Leonela lo acompaña mientras le sonríe a su sobrina y le deja un “Excelente” con su pulgar arriba. Todo estaba saliendo a pedir de boca, después de todo la inútil de Abigaíl no era tan cabeza hueca. Martin le confiesa a su dulce esposa, que Dylan está en casa de Darío y si bien se ha mostrado angustiado y muy preocupado, es más por el bienestar de su hijo, aunque la familia de Darío es una de las mejores de Lima, no estaba de más tomar ciertas medidas de comodidad para el

