Capítulo: 7

1961 Palabras
Estar dividido en dos no debe ser nada bueno para la cordura; ¿cómo lo sería? Sí, en cada momento debes estar debatiéndote entre qué sentir y qué no: ¿será mejor alivio, molestia, indignación? ¿Qué? ¿Qué debe hacer? ¿Acaso lo podrían catalogar como cobarde por tomarse su tiempo antes de hablar con Isabella? No es un dios, es un humano de carne y hueso que está muy lejos de la perfección. A él sí le cuesta romperle el corazón a una mujer que le ha dado todo. ¿Y por qué le infligiría tal dolor? Porque está considerando el compromiso, mas no el matrimonio. El príncipe necesita descubrir algo importante, algo que lleva dieciocho años atormentándolo: la muerte de su madre. —¡AAH! —gruñe Demian de mala gana. Después de la última interacción con su padre, cargada de hostilidad, el príncipe no quiso darle más riendas al asunto, así que se dedicó simplemente a su trabajo como el heredero al trono. Y desde que tuvo la oportunidad, se resguardó en la seguridad de la cabaña. Él tenía que organizar sus ideas; ya no puede dar más larga al asunto. Ella tiene derecho a saber lo que está a punto de hacer. Sí, decidió viajar a Catleya y “formalizar” su compromiso. ¿Por qué? Porque en esa nación fue donde murió la mujer que más ha amado en el mundo, su madre. Todos le han asegurado que ellos no tienen la culpa, pero Demian no lo cree. A menos que descubra por sus propios méritos otra verdad, desde su punto de vista, su futuro suegro, el rey Khennel, es el responsable de la muerte de su madre. No se siente cómodo al saber que tendría que volver a recorrer las calles de Catleya; eso sería revivir el duro momento… Flashback Vaelkaris 18 años antes… Bajo la densa oscuridad que ofrecía la noche, el rey Louis V, junto a su familia, abandona el palacio de Catleya con furia mostrada en el rostro. Las negociaciones no salieron como él esperaba; ambos monarcas querían más de lo pautado y ninguno quería entregar más de lo debido, así que eso los llevó a una acalorada discusión donde entendían que no podrían estar una noche más bajo el mismo techo. —Por favor, Louis, no sería de prudentes salir a estas horas; parece que lloverá y Demian se ve agotado. Ellos no nos están haciendo —habla la reina Dayana con inquietud. —Tú no estuviste en esa reunión, mujer, así que no opines —habla el rey Louis V con voz cortante. —Tenemos que salir de aquí antes de que el avaricioso de Khennel nos traicione —dice mientras baja las escalinatas del palacio de Catleya. —¿Pero de qué hablas? Cuestiona desconcertada ante el comentario y la rapidez de su esposo. El rey la ignora y se dirige hacia el carruaje. —¿Mamá, qué está pasando? —pregunta el pequeño Demian asustado, al ver la urgencia con que su padre huye del lugar. —No lo sé, cariño, mejor obedezcamos a tu padre, ¿sí? —él asiente. Con mucho pesar e intuyendo lo peor, la familia real de Vaelkaris sale del palacio de Catleya. Es normal que una negociación no termine como se esperaba; no obstante, si en algo se caracteriza la realeza es en su manejo políticamente correcto. Nunca se sabe cuándo necesitarás algo de la persona con quien hoy peleas, por lo que siempre será mejor la opción de dejar una puerta abierta para futuros acuerdos. Sin embargo, la poca explicación del rey hacia su esposa lo único que genera es que esta vaya nerviosa durante el trayecto junto a su hijo. Una de las reglas es que las familias reales deben viajar en carruajes diferentes por cualquier eventualidad, y es por eso que el rey Louis V no va en el mismo transporte. —Cariño, presta atención —habla la reina, mientras acuna el rostro de Demian, quien no puede evitar sentirse asustado. Dayanna no conoce todos los detalles, pero su instinto de madre la hace creer que pasará lo peor, por lo que se dirige hacia su hijo para prevenirlo de cualquier eventualidad… —Si algo me llega a pasar, prométeme que cuidarás de tus hermanitas y trabajarás mucho para convertirte en el mejor rey que haya tenido Vaelkaris. Tienes que ser justo, trabaja por el pueblo y nunca tomes una decisión sin analizarla bien, ¿comprendes? El pequeño Demian frunce el ceño sin entender lo que le quiere dejar dicho su madre. Ella se percata y continúa diciendo: —Solo trata de ser mejor ser humano que tu padre, ¿de acuerdo? —termina de exhortarle. El rostro de la reina palidece, sus ojos azules como el océano profundo reflejan miedo y su cuerpo se mantiene alerta como si presintiera que algún animal está a punto de atacarlos. —Mamá, no entiendo nada. ¿Por qué me dices todo eso? Me estoy asustando. Pronuncia Demian sin poder evitar sentirse temeroso. A su corta edad, su padre y, antes de que muriera su abuelo, le han enseñado que debe ser fuerte, ocultar sus sentimientos y no mostrar ninguna debilidad. Para ellos el miedo es evidencia de lo último. La reina deposita un tierno beso en la frente de su hijo para luego decirle: —Toma. —Le pone en las palmas de su mano un anillo. —Algún día te vas a enamorar, así que cuando encuentres el verdadero amor, dale esto. Tú eres muy inteligente, sé que no cometerás los mismos errores que tu papá, yo y… —Detiene palabras para acariciar las mejillas de tu hijo. —Solo escucha tu corazón, cariño, te amo mucho. Y antes de que el pequeño de diez años pudiese decir algo, se empiezan a escuchar ruidos de flechas que chocan contra el carruaje. Sin embargo, estas no logran impactar ni a la madre ni al hijo, sino más bien al cochero, quien terminó perdiendo el control, ocasionando que los caballos se asustaran y tomaran riendas sueltas directas hacia un precipicio, del cual Demian se pudo salvar gracias a que su madre lo aventó hacia el suelo. El jovencito quedó herido; no obstante, aún tenía vida, algo que su madre ya no poseía. Fin del flashback Esa noche fue confusa; aun así, no hubo represalias por parte del rey de Vaelkaris. Demian nunca ha entendido cómo no hubo una investigación más exhaustiva que aclarase lo sucedido; los últimos dieciocho años han sido bajo estricto silencio. Se alegó, por aquel entonces, que para el momento del incidente el carruaje estaba transitando por tierras fantasma, quiere decir que no le pertenece a nadie; es parecido a una frontera, solo que en ese extremo, Catleya no colinda con ninguna nación. El territorio es utilizado por saqueadores y, de hecho, ese fue el rumor, que fueron unos simples saqueadores que no sabían quiénes iban en el coche. Pero Demian sabe que no puede ser una casualidad, un evento aislado; recuerda muy bien cómo salieron deprisa del palacio. Además, era del conocimiento de todos que esa ruta era peligrosa, así que no tiene sentido que tan tarde en la noche tomaran esa dirección. El príncipe está convencido de que el ataque tuvo que ser ordenado por el padre de Amira. Es mucho a lo que tiene que dar frente, que le dificulta por dónde empezar. Aún tiene que hablar con su amada, mientras se debate si debe aprovechar la oportunidad para descubrir la verdad. —¡Maldición! —vuelve a gritar con frustración mientras choca su puño contra la pared. Sus nudillos comienzan a sangrar. Sin embargo, él no siente el dolor. La rabia es su mayor anestésico. —Lo mejor será ir, no hay que darle más larga a esto —se dice a sí mismo. Limpia sus nudillos, los cuales aún sangraban levemente. Apaga las lámparas de la cabaña y se dispone a salir del lugar, sin reparar en la baja temperatura. ¿Y cómo hacerlo? Lleva tanto evadiendo la conversación que, si dura un día más, terminará encerrado en un calabozo acusado de locura. Sin esperar más, el príncipe se monta sobre su fiel amigo de pelaje blanco y cabalga montaña abajo hacia la casa de Isabella con la poca luz que brinda la noche. El suelo es una larga sabana de nieve. El frío lo golpea; aun así, no retrocede, no puede dar más larga, tiene que hablar con ella, tiene que ser claro; de lo contrario, ella terminará odiándolo por su cobardía. Probablemente esté siendo imprudente; es muy tarde para visitar a una respetada señorita, además es un príncipe, lo menos que debería hacer es ponerse en riesgo y salir fuera del palacio sin la seguridad adecuada, o al menos con su primo. Los días se acercan y debe tomar una decisión, la cual cuesta más porque involucra la muerte de su madre. ----- Tras cabalgar por media hora, el príncipe deja atrás los aullidos de los lobos y entra a las calles de Kaldby, capital de la nación. Allí ya hay menos nieve y se encuentra en silencio. Al ser el territorio donde se encuentra el palacio y, por lo tanto, la familia real, las calles cuentan con mejor vigilancia y protección. También ayuda que en la zona donde vive Isabella hay pocas casas, así que no tendrá que pasar por la pena de ver muchos ojos curiosos sobre él. A diferencia de su padre, Demian intenta ser muy cercano a la gente; ha visitado los ocho estados, no para ganar popularidad, más bien para conocer el avance de su amada Vaelkaris. Ha encontrado noticias poco alentadoras, pero por el momento no pretende hacer nada; ya cuando sea rey, espera poder corregir aquellos asuntos. ---- Por fin, el príncipe llega a su destino; frente a él está una casa de dos niveles. Si se compara con las propiedades de la familia real o de la nobleza, la casa de Isabella se vería humilde y sencilla, pero si se compara con las casas promedio, esta sin duda sería, si no la más lujosa, una de ellas. Demian cruza la valla que protege la propiedad; el hecho de que aún se encuentre abierta le sugiere que todavía los dueños no duermen. Da unos pasos largos y con sutileza toca la puerta; no quiere armar un escándalo que termine alimentando los rumores que ya hay de ellos dos. Odiaría que todos vean a la joven rubia como una oportunista, cosa que no es. Le fue grato saber que es una joven altruista e inteligente. Le confesó que le gustaba que su madre le contara la historia una y otra vez de cómo se formaron los reinos de Fenicia y sobre el hecho de que él sea descendiente directo del padre de la monarquía; eso último le pareció tierno y gracioso. Nunca ha visto algo en ella que le indique que ambiciona el título de reina; ella siempre se ha mostrado sincera y genuina con él. —Buenas noches, disculpe la hora, ¿se encuentra el señor Cederic? —pregunta Demian de manera muy educada cuando por fin abren la puerta. Frente a él se encuentra una joven empleada, la cual no hace ninguna reverencia ante el príncipe; es muy joven y viene de los estados más campestres de la nación, así que no conoce a ningún m*****o de la realeza. —Bueno, él… —Sus palabras son cortadas cuando el ama de llaves va a supervisar para identificar quién sería la persona tan imprudente como para llegar a una casa decente a tan altas horas de la noche. —Nidia, ¿quién es que…? —Ella también hace silencio al reconocer al príncipe. Continuará…
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