Pasados los minutos, mi pecho subía y bajaba, era momento de alistarme y hacerle frente a la realidad que había escogido.
Me puse de pie hasta el baño, tomando mi cabello en una cola alta, cepillando mi dientes y llenando mi rostro con el agua más fría, era momento de despertar.
Caminé en búsqueda de ropa más presentable y me alisté, estando lista y subiendo mis tenis deportivos, la puerta sería tocada dos veces.
—¿Candace? Tyron espera por ti, es tarde, sabes cómo es.—Dijo desde el otro lado de la puerta.
—¡Estoy lista!—Avisé acercándome hasta la puerta.
Una vez allí, él abriría y daría paso a mi cuerpo para salir, quedando en silencio y observandome de arriba abajo mientras cerraba la puerta con seguro.
—¿Todo bien?—Pregunté arreglando un poco mi camiseta.—¿No se ve bien?—Volví a preguntar preocupada.
—Todo bien, todo bien, solo que solo vas a la cita del ginecólogo, pensé que irías como estabas vestida antes, nadie más te verá.—Dijo señalando el camino por dónde me guiaría a caminar y él también lo haría.
Yo asentí confundida y acabé aquella conversación. El camino fue silencioso, muchas personas nos miraban de reojos y otras ni notaban nuestra presencia allí.
Poco a poco fuimos saliendo hasta el estacionamiento, lugar donde pude ver el automóvil de Charlie, aquel que me había traído desde el aeropuerto, y dentro de él, notaba la mirada perdida de Tyron.
Él iba de copiloto, Charlie tomaba el volante y yo iba en la parte trasera, quizás nerviosa y aterrada.
—Tranquila, todo estará bien.—Dijo Charlie calmando mis nervios viéndome desde el retrovisor, pero aquella simple frase sería cortada por parte de Tyron de manera inmediata.
—Sin interrupciones, Charlie. El doctor nos espera, no quiero que alguien se nos adelante y luego solo perdamos el tiempo.—Señaló rápidamente su reloj.
Ante aquellas palabras, Charlie borraría su inocente sonrisa y dejaría su mirada fija sobre la vía, arrancando a una velocidad media que nos llevaría al destino.
El camino se volvió silencioso, quizás un poco incómodo, dónde no hice más que intentar ver las facciones y gestos de Tyron.
Era incapaz de inmutarse, muchas veces temía que no sintiera, que no tuviese sentimientos, que fuese un robot frío sin alma, pero me negaba, tenía sentimientos, tenía una esposa y buscaba tener un hijo, eso era sentir, eso era querer.
Así que no hice más que borrar ese pensamiento de mi mente y mirar por la feria carretera de aquella mañana. El sol pegaba un poco en mi rostro y moría por sentir la brisa pegar con fuerza y llevar mi cabello hasta atrás.
—¿Puedo bajar el vidrio? ¿Puedes hacerlo tú? Solo quiero sentir la brisa y que el sol pegue sobre mi rostro.—Señalé con temor pidiendo permiso de Tyron.
Él miraría fijamente a Charlie y finalmente asentiria.
Aquel cristal iría bajando poco a poco y la brisa chocaría conmigo hasta llevar mi cabello a volar por toda la parte trasera del automóvil. El clima estaba frío, pero el sol evitaba que lo fuese del todo.
Era extraño el clima en Estados Unidos, podía cambiar del frío al calor rápidamente, mientras que en mi pequeño pueblo se dividía en temporada medianamente frías y otras bastante calurosas.
Así que solo sentí aquel clima que tanto deseaba conocer, mirando grandes edificios, perdonas caminar, animales ser pasados, los parques, las cafeterías, era un mundo nuevo para mi.
—...Es increíble...—Susurré sonriendo y cerrando mis ojos para vivir todo aquello con afán.
Pero aquel mismo vidrio una vez más iría subiendo poco a poco y acabaría aquel momento.
—Fue suficiente, ya casi llegamos.—Dijo la voz firme de Tyron.—Lo que menos quiero es que salga en noticia nacional que una loca iba en la ventana de un automóvil.
Y aquellas palabras harían reír un poco a lo bajo al gran Charlie.
—No estoy loca, solo disfrutaba el momento.—Me defendí.
—Eso es estar un poco loca, señorita Candace.—Continuó diciendo él, siendo un poco más flexible y juguetón, algo que no ocurría la mayor parte del tiempo.
—Solo vivo, solo lo disfruto.—Susurré.
—Podrá hacerlo luego de que todo ésto acabe, totalmente libre en la gran ciudad, sin hotel, sin horarios, sin problemas. Solo encarguese de hacer ésto, lo mejor posible. Ahora bajemos, hemos llegado.—Dijo finalmente mientras Charlie detenía el automóvil.
Yo suspiré, miré aquella gran entrada y antes de bajar, mi puerta sería abierta por él.
—Gracias.—Susurré al verlo.
—Mantente cerca de mi, solo así te protegeré.—Dijo algo bajo.—Si ves que alguien se acerca mucho o saca un celular, cámara o algún tipo de ese hasta nuestra dirección, cubre tu rostro y ocultate tras de mi.—Suspiró.—¿Quedó claro?
—Quedo claro.—Dije aproximando mi paso y entrando rápidamente a aquella clínica.
Una vez allí, por suerte, la misma estaba algo vacía.
La recepcionista de solo vernos, señaló lo que supuse era la oficina del doctor, Tyron asintió y guió mis pasos hasta llegar allí.
Una vez dentro, aquel olor de humedad, medicamentos y clínica entró por mis fosas nasales.
—Doctor.—Dijo Tyron rápidamente estrechando su mano.
El doctor sonrió, nos miró a ambos y señaló los asientos, Charlie por su parte, tomó asiento en la parte externa de aquella oficina, cerrando aquella puerta y dejándome completamente sola.
Extrañamente solo confiaba en él, en Charlie.
—Supongo que eres Candace, ¿No jovencita?—Preguntó el doctor tomando asiento y quitando sus lentes hasta dejarlos sobre el escritorio.—Sé que todo ésto es nuevo para ti u un poco extraño, pero hoy solo haremos un chequeo general y sabremos un poco más sobre ti para saber que tipo de tratamiento usaremos. Todo será un paso a la vez y bajo tu consentimiento, ¿Cierto?—Preguntó ahora observando a Tyron.
—Sí, eso mismo.—Dijo él firme.
—Bien Candace. ¿Haces esto por voluntad propia? ¿Estás de acuerdo con que comencemos la evaluación?—Preguntó con cuidado.
—Sí doctor, estoy aquí porque espero ayudar al señor Tyron, lo hago por voluntad propia y estoy lista para comenzar con éste proceso.