Kane
Hoy ha sido un largo día de trabajo, pero no importa si cada vez que salgo de ahí puedo ver a mi pequeño niño, Román es una ternura y espero poder encontrar a alguien que lo quiera tanto como yo.
Al llegar a casa me dirijo a la habitación de mi hijo y lo veo en su pequeña cuna profundamente dormido, es una de las mejores vistas que tendré en mi vida, mi hijo es el ser más hermoso que he visto. Ese pequeño es la razón por la que tengo que seguir adelante sin importar qué.
Me dirijo a la cocina a preparar la cena, normalmente tengo gente que hace esto por mí, pero ya que puedo hacerlo…
De repente aparece Beth la mujer que cuidó de mí toda la vida. Ella es como una madre para mí.
—Hola mi niño —me sonrió
—Hola Beth—
—Sabes que yo puedo hacer eso, siempre vienes cansado.
—Beth, yo puedo hacerlo, no me cuesta nada, además sé que tú también estás cansada. Me ayudas mucho con Román mientras estoy trabajando, no puedo dejar que trabajes demasiado.
—Sabes que cuido a Román con todo gusto, ni siquiera me molesta.
—Eso lo sé y con más razón no tengo que darte todo el trabajo, ya te hice la cena, ¿comerás conmigo?
—Claro, pero sigo manteniendo mi palabra yo puedo hacerlo sin ningún problema.
—Come antes que se te enfríe la cena.
***
Román está llorando a todo pulmón y no puedo hacer que se calme, no tengo ni idea de que le pasa y ni quiero molestar a Beth, solo a este pequeño niño se le ocurre llorar a las dos de la mañana.
Decidí sacarlo a dar una vuelta en el auto, con suerte puede volver a dormirse, que es lo que espero.
***
Despierto por los pequeños balbuceos de Román, como puede ser el niño más hermoso que he visto.
Me levanto, baño a Román y le pongo un pequeño overol, al bajar encuentro a Beth terminando de cocinar.
—Buenos días Beth.
— Pero, ¿qué te pasó?, parece que te pasó un camión por encima—da una pequeña risa
—Este hombrecito es el responsable, no dejó de llorar en medio de la noche.
—Siempre te he dicho que puedo ayudar en estas cosas, no es como si fuera una anciana.
—Sí, lo sé, pero no te iré a despertar a las dos de la mañana.
—bueno te dejo a Román en lo que me baño.
Tawny
Estoy esperando a que me den mi hamburguesa, ya que es esto o no comer en todo el día.
Voy por mi orden cuando me llaman, decido quedarme a comer en el restaurante.
—¿Por qué le pusieron cebollas cuando dije que no?, bueno ¿qué más puedo hacer? —después de sacarle las cebollas, ya que no me gustan, ¿cómo a alguien le pueden gustar las cebollas?
Lucho por sacar la mayoría de cebollas de mi hamburguesa para después devorarla por completo.
***
Término mi turno en el trabajo lista para irme a casa y por qué no tomar un atajo, es la mejor manera de llegar rápido.
Entro al callejón cerca del café estoy a punto de salir del lugar cuando
—¿Dónde vas hermosa? —volteo hacia la voz y es un hombre grande y calvo. Está sonriendo y por lo que puedo ver sus dientes son totalmente amarillos, lo ignoro y sigo caminando
—No te dijeron tus padres que eres muy mal educada—está a punto de tocarme cuando algo, mejor dicho, alguien lo detiene, veo en la dirección de la persona que me ayudó y es el señor Black.
—Si le tocas un solo cabello te partiré la cara imbécil.
—Y tu quien rayos eres para impedirlo—lo dice con una voz un poco temblorosa, ¿cómo no? sí Kane... quiero decir el señor Black es un gigante compuesto de puro músculo, si yo fuera ese tipo también le tendría miedo.
—Bien— apenas termina y le da un golpe justo en la cara al tipo totalmente desagradable, se da vuelta hacía mí me toma en sus brazos y me tira sobre su hombro, salimos del bendito callejón y me sube a su auto dejando al tipo totalmente inconsciente.
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Cuéntamelo y me olvidaré. enséñamelo y lo recordaré. involúcrame y lo aprenderé - Benjamin Franklin