Aldo se despertó con una sonrisa en el rostro, convencido de que había recuperado a Mabel. Después de un desayuno en el que las risas y las miradas cómplices se intercambiaban, Aldo decidió que era momento de visitar a su padre. Sabía que tenía que asegurarse de que sus negocios turbios no lo arrastraran al desastre. Mientras se preparaba para salir, Mabel lo observaba con una mezcla de emociones. —Voy a ver a mi papá, tengo que discutir algunas cosas importantes con él —mencionó Aldo, ajustándose la corbata frente al espejo. —Está bien, ve tranquilo —respondió Mabel, suspirando profundamente. Aldo se despidió de ella con un suave beso en los labios. —Te amo —susurró sin dejar de reflejarse en los ojos de ella—, me siento un hombre nuevo. Mabel se mordió el labio inferior. —Me da gu

