Ella no es la indicada.

1271 Palabras

Mabel se abrazó a sí misma, sollozando. —No, él no me obligó, ni tampoco es un plan. Lo hice porque quise estar con él —confesó sin dejar de verlo a los ojos. Tommy sintió las palabras de Mabel como puñaladas que se incrustaron en su pecho. —No pienso juzgarte, ¿quién soy yo para hacerlo? —cuestionó tragando saliva—. Solo algo más, ¿te arrepientes? Mabel se mordió los labios, inhaló profundo. —No, no me arrepiento. Tommy entrecerró los ojos, su corazón se partió en mil pedazos. «Ganaste, Aldo Montemar», pensó. —Entiendo —balbuceó Tommy—. Eso quiere decir que aún sientes algo por él o ¿me equivoco? Mabel lo miró a los ojos, se quedó en silencio. Ese silencio fue para Tommy una respuesta que lo marcó. —Creo que salgo sobrando. Te ayudaré con el caso en Requena, y luego tendrás mi r

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