—¡No! —niega Elena, riéndose con quien sea que habla por teléfono. Está sentada en el sofá de mi oficina, hablando efusivamente mientras esperamos que llegue su ex no… el periodista—. Hasta un diez por ciento —declara segundos después, estirándose hacia la mesa de centro para tomar la Tablet que trajo consigo cuando subió a almorzar—. Si aumenta cinco cupos en la planta central veríamos un beneficio en el margen de utilidad; esa cantidad estaría mitigando el costo de la estructura administrativa —comenta, sus dedos moviéndose ágilmente sobre la pantalla de su Tablet, haciéndome sonreír. Suena tan sexy hablando en esos términos. Voy a levantarme y caminar hacia ella cuando veo un mensaje entrante en la pantalla del computador. Verónica Archer: Señor Saint, el señor Hernandez acaba de ll

