Capítulo 8

2394 Palabras
El Pine View era uno de los colegios más costosos de la zona, tenía dos sedes en el norte y en el sur de la capital y ambas eran parte de la universidad mayor en Estados Unidos. Sólo hijos de renombrados empresarios podían entrar porque se preparaban toda la vida para estudiar en la central y dar frutos a la especialización del colegio. Para mi papá siempre fue un sueño que estudiara prestigiosamente y a pesar que a mí no me gustaba seguir tantas tradiciones norteamericanas, quería hacer valer su esfuerzo porque si bien nuestra posición económica era buena, trabajaba mucho para darme dicha posibilidad. Una de las pocas costumbres que no me parecía tan absurda era la detención, en los colegios normales podían llegar a sancionar a los alumnos y amonestarlos, y aunque lo hacían con nosotros también, quedarse después de hora era un castigo, mucho peor cuando me tocaba a mí. Usar el celular estaba prohibido en horas de clases y no es que yo lo había usado, sólo olvidé silenciarlo y no era mi culpa que mi papá quisiera saber a qué hora salía, sin embargo al profesor más viejo y malhumorado de toda la institución, no lo entendió y me dio detención Entré al salón donde iba a llevar a cabo mi sanción y saludé al chico que siempre, por alguna razón terminaba sancionado, él y Sofía la hermana de un compañero, eran los únicos con él profesor de literatura, lo cual agradecí porque si había alguien bueno en todo el panel docente, era Cortez. — ¿Estás acá a propósito? —Sí, es que pensé que iba a estar Franco, lo amo tanto, es hermoso. —dijo mordiéndose el labio y una leve molestia se instaló en mi pecho ante tan estúpida razón. —lástima que es muy odioso, pero te juro que le haría de todo. No la juzgaba, no había quién no quisiera hacerle de todo, pero él sacaba todas esas ganas con su malhumor y odiosas actitudes. —Me van a relevar chicos, pórtense bien. —dijo el profe y me sentí devastada, porque nadie iba a dejarnos salir, ningún otro profesor de esta institución era tan bueno como Cortez. — ¿Tienen mucho tiempo? —No, yo en un rato me voy—dijo Sofi contestándole al chico, después me miró a mí. —Una hora. —rodé los ojos— ¿y vos? —En un rato ya cumplo las cinco horas. — ¿En serio?—abrí los ojos de par en par y mi sorpresa se aumentó al ver la relevación de Cortez. Franco entró con su usual expresión enseriada y se sentó arriba del escritorio con desgano y cuando levantó la vista para dirigirnos la mirada, se encontró conmigo de tal manera abrupta que tuvo que disfrazar su pasmo. —Están arruinando mi jueves. —dijo suspirando con molestia y yo apenas quise sonreír, Sofía me empujó la pierna ansiosa y la miré mal porque con esa actitud nunca iba a conseguir que Franco la mirara de otra manera, era demasiado evidente. — ¿cuánto tienen que estar acá? —Veinte minutos más. —dijo el chico, después no miró a nosotras, pero no me miró a los ojos, intentaba ignorarme y eso me causaba gracia. —Dos horas. — ¿Es en serio? —se quejó, ella asintió y me miró de reojo con una sonrisa triunfante pero le respondí con una mueca. — ¿y vos Mia? —Una. —Genial, vamos a ser los últimos en salir del colegio, hasta los de limpieza se van antes. —se quejó y se puso a mirar nuestros permisos. Frunció el ceño y volvió la vista hacia nosotras, específicamente acusándola a Sofía. —vos no te tenés que quedar dos horas. —Yo sí. —mintió Sofía. —No, tenés quince minutos para irte. —le dijo con determinación, ella bufó y se acostó en el banco aceptando la derrota. Deduje si ellos se iban en media hora, yo iba a tener media hora a solas con él, lo cual era interesante porque hasta el momento parecía confiar en mí, en la semana me miraba sólo para estar seguro que mi palabra importaba, dijo que había que olvidarnos y debía estar creyendo que le haría caso, pero eso no fue lo que le dije y tampoco era lo que sus ojos querían, los cuales lo delataban bastante cuando no se daba cuenta. Franco dejó al chico irse diez minutos antes sólo porque se estaba durmiendo, y se compadeció por las cinco horas que ya había pasado, pero cuando llegó el turno de Sofía esperó lo suficiente sin decir nada hasta que se cumplieron más de cinco minutos de su horario. —Ramírez si no te vas te doy cuatro horas más para el lunes y no conmigo. —le dijo, ella bufó y se levantó de la silla con molestia, me saludó a mí y yo me apoyé sobre mis brazos en el banco. Esperé a que se fuera para captar su atención y no fue muy difícil, porque sus ojos se cruzaron con los míos enseguida la puerta se cerró. — ¿Lo hiciste para quedarte a solas conmigo? —pregunté con gracia, él rodó los ojos. —seguro que sí. — ¿Por qué haría eso? —dijo y yo me levanté, lo que obviamente lo alertó y se erguió un poco. —Sentate lejos Mia. —me advirtió y yo me reí caminando hasta la puerta, la cerré con llave sintiendo como el valor me dominaba y las ganas de hacerlo perder la cabeza mucho más. — ¿qué haces? —Nada. —No parece como si no hicieras nada, ¿cerraste? —Vos querías esto. — Se tenía que ir. — ¿Y por qué no estás diciendo que no? —pregunté pasando por su lado y sentando en la silla frente a su escritorio, levanté las manos demostrándole que iba a mantenerme lejos. No estaba nervioso, ni siquiera lo notaba tenso, solo expectante. —no parece como si te molestara quedarte a solas conmigo. —No me molesta, pero no confundamos las cosas que ya es bastante peligroso que estés cerca y probablemente con la puerta cerrada. —No hice nada malo, ¿no puedo sentarme acá y hablarte como alumna a profesor? —le pregunté inocente, él suspiró y se recostó hacia atrás como si se rindiera a mi provocación, lo que me hacía creer que algo le gustaba. — ¿Ya te olvidaste? —No me lo recuerdes. — ¿Tan malo fue? —Por favor. —me miró y sus ojos lo pedían de verdad, pero podía interpretarlo de otra manera si quería porque hasta él se sentía vulnerable. —estuvo mal, hay que olvidarnos. —Pero te gustó. —Eso no cambia en nada, no tuvo que haber pasado y tenemos que hacer como que nada pasó. —Pero pasó… — ¿Vos querés que me echen? —se sentó mejor poniendo los brazos en el escritorio para cruzar las manos y mirarme expectante como si me estuviese tomando una entrevista, supongo que lo hacía para fingir normalidad o porque realmente apretar las manos lo hacía recordar algo bueno. —no quiero arruinarlo más de lo que está, muy a mi pesar tengo que mantener este trabajo y no me da tener una mala experiencia el primer año en el que enseño. — ¿Y por qué muy a tu pesar lo tenés que mantener? —Porque soy un intento de adulto Mia, me guste o no tengo que hacerlo si quiero… — ¿Qué? —presioné y él bajó los hombros suspirando con desgano, negó sin querer explicar los motivos que resultaban obvios en algún punto, debía mantener el trabajo. —mirá, entiendo que sea tu trabajo y no es mi intención perjudicarte, yo no voy a decir nada, aparte no creo que sea tan malo, fue sólo un beso. Bufó y lo siguiente a eso me hizo sonreír con lo que dijo. —Sí pero que nos gustó a los dos. — ¿Y qué hay de malo con eso? Vos me dijiste que afuera del colegio yo no soy nada tuyo. —No pero está interfiriendo ahora y me arrepiento, te pido disculpas porque no estaba en un estado claro y vos tampoco, fue un desliz que no tiene que volver a pasar. —mintió porque definitivamente su mirada y la expresión de su cuerpo decían otra cosa, pero fingí creerle porque se tranquilizó cuando me creyó también. —aparte vos tenés novio y yo en esa no juego. — ¿Novio? —fruncí el ceño, pero después levanté una ceja divertida, para probarlo. — ¿y si no lo tuviera, jugarías? —No. —No es mi novio, sólo quiere que me acueste con él, pero yo no quiero. —Y eso es mucho peor. —dijo asqueado y me señaló la puerta con la mirada. — ¿por qué no la destrabas?, sabés que nos puede causar problemas, prefiero que hablemos bien pero que no estemos encerrados. Despreocupada me levanté y fingí abrirla, yo sabía que no había nadie pero se iba a sentir mucho mejor si intentaban abrirla y no podían, porque obvio que no pensaba dejar que se relajara más de lo que él simulaba que hacía. —Al menos decime que valió la pena. —le dije volviéndome a sentar frente a su mirada penetrante. —y que lo hiciste porque querías, no porque estabas un poco borracho. —Mia… —No te lo vas a olvidar tan rápido Franco, me ves todos los días y si tuviste las ganas de besarme fuera del colegio, ¿por qué no las vas a tener acá? —Se supone que en eso vas a ayudar vos, tenés que olvidarte de mí de esa manera… yo lo voy a intentar por más que te vea todos los días, vos deberías hacer lo mismo. —Sí, debería. —musité y me levanté del banco, se tensionó un poco y sonreí cuando estuve de espaldas para agarrar un fibrón y escribir en el pizarrón cosas sin sentido. Lo escuché suspirar y pasarse las manos por la cara, después de unos minutos se levantó y se apoyó en el borde del escritorio detrás de mí con poca distancia entre ambos, que para beneficiarlo seguí escribiendo hacia el otro lado. —Por favor prometeme que lo vas a intentar. — ¿Intentar qué? —lo miré frunciendo el ceño para fingir confusión y se cruzó de brazos enfrentándome. —pero sos vos el que lo quiere olvidar, no yo. —Deberías. — ¿Y si no quiero? —Intentalo. —No sé si quiero. —le dije y entrecerró los ojos para mirarme con desaprobación, pero me encogí de hombros y seguí escribiendo. —aparte no sé si puedo, nos vemos todos los días y no sé a vos pero a mí se me hace un poquito difícil no mirarte y no tener ganas de comerte la boca, así que creo que deberías conformarte con que no lo intente. — ¿Siempre sos así de frontal y segura con lo que decís? —Y con lo que hago también. —redoblé y cerré el fibrón poniéndome de costado para mirarlo, levantó ambas cejas y sonreí acercándome a él, lo que hizo que se pusiera alerta y descruzara los brazos, manteniéndole la mirada que le brillaba con excitación. —Mia… —suspiró cerrando los ojos y negando resignado, miré hacia la puerta y recordé que el edificio estaba vacío, así que aproveché su debilidad y me acerqué más en los dos, me paré entre medio de sus piernas y sintió mi cercanía por lo que abrió los ojos y sin retractarse dejó que rozara mis labios con los suyo, sin embargo después miró hacia la puerta. —Tiene llave. —le dije con el aire entrecortado, sintiendo como el corazón me palpitaba con fuerza en los oídos por el valor que me tomó buscar de nuevo sus labios, apoyando mis manos en el escritorio a cada lado de su cuerpo, jugué un poco a rosarlos y le di un leve mordisco en el labio inferior. Levantó su mano y me acercó del mentón a su boca, forzó un roce y después que nos miramos a los ojos, fue el primero en acercarse a besarme mientras los cerraba y yo lo seguí. Me besó y no tuvimos tiempo de hacerlo lento porque fue intenso en todo momento, enseguida que nos sentimos su lengua entró buscando la mía y cuando la confianza estuvo establecida me acerqué presionando más mi cuerpo al suyo con su mano acercándome de la cintura. Me dieron muchas ganas de olvidarme de todo, pero le dejé eso para él ya que no estaba siendo nada cuidadoso, así que intenté mantener la coherencia a pesar que parecía comerme la boca sin remordimiento, presionándome para que no lo cortáramos y posicionando una de sus manos en mi cintura y la otra hasta mi nuca para sostenerme contra su boca exigente. Le mordí el labio y no dejé que lo hiciera también porque me aparté unos centímetros para mirarlo y notar cómo me ansiaba mi boca, ya que presionó sus dedos en mi pelo y enceguecido por la intensidad quiso volver a besarme, pero levanté la mano y puse un dedo entre medio para hablarle. — ¿Y de eso te querés olvidar? —le pregunté en un susurro y cerró los ojos suspirando, de a poco fue aliviando el agarre y bajó su mano de mi cintura y de mi pelo, me soltó para refregarse la cara con las manos así salir de su excitación. Después miró hacia el escritorio y agarró mi permiso, del otro lado agarró una lapicera y lo firmó rápido para dármelo. —Con esto me estás queriendo decir que me lo vas a hacer imposible, ya entendí. Agarré el permiso y me alejé para ir por mi bolso encogiéndome de hombros. —Dudo que sea yo quien lo haga imposible. —Evidentemente sí. — Evidentemente te gusta, sino no lo aceptarías. — ¿Quién te dijo que lo voy a aceptar? —Tu beso. —le dije y me encaminé hacia la puerta, para abrirla e irme.
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